20 de June de 2010 00:00

Padres e hijos, en una carrera musical

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Redacción Espectáculos

Lo que se hereda no se hurta reza un viejo adagio. Tal frase sería una máxima (o no) en el caso de los cantantes que, como sus padres, han optado por la música como medio de expresión o de negocio.

De los géneros y los ritmos que normalmente abarrotan las radios o se colocan en las perchas de discos más vendidos en nuestro país se pueden tomar algunos ejemplos. Desde el rock and roll más relevante en la historia de la música, hasta la llamada rocolera nacional que llena plazas de toros, canchas de fútbol y coliseos, la herencia musical se presenta en exitosos casos y en otros no tan afortunados.

Para nuestra región el ejemplo más claro llega con el de la ‘Dinastía Fernández’. El charro Vicente Fernández y su hijo Alejandro lograron poner a la ranchera en los oídos de generaciones diferentes. La voz de ambos fue valorada al interpretar temas que evocaban noches donde se pierden estrellas, cabalgatas en negros alazanes, romances conseguidos con rasgado de guitarra, canciones de ‘reyes’ y ‘mujeres divinas’.

Los caminos más recientes de un entrecano Alejandro Fernández lo llevaron, por búsquedas personales o exigencias del mercado, a adquirir un tono más cercano a la balada y cambiar su vestimenta; mientras que su padre mantiene hasta estos días el sombrero de ala anchísima y los trajes de costuras platinadas.

De los artistas iberoamericanos también están Julio Iglesias y sus dos hijos, Julio y Enrique. El primero tuvo un breve paso por la música con la canción One more chance, pero la oportunidad no se le abrió del todo. Por su parte, Enrique ya lleva 11 placas publicadas, ‘Euphoria’ es la más reciente.

En la lista de la música hispana también se cuenta a la mexicana Alejandra Guzmán, hija del cantante de rock and roll Enrique Guzmán y de la actriz Silvia Pinal; al español Marcos Llunas, hijo de Dyango, quien ya lleva más de cuatro décadas sobre los escenarios; a Héctor Montaner hijo del venezolano Ricardo, que le cantaba al amor y al abandono en tono de balada; a Alexander Acha, cuya voz recuerda a la de su padre Emmanuel; y, al mismo Luis Miguel quien optó por seguir a su padre el español Luisito Rey, incluso alcanzando un éxito mayor.

De la música caribeña queda el recuerdo de la canción Padre e hijo, que el ‘Faraón de la salsa’, Óscar D’León cantó con su hijo Yorman, quien ahora es parte de su orquesta. “No tengo que perdonarte hijo / no es pecado ser artista / pero tienes en la pista / tu mismo que consagrarte”, aconsejaba el salsero en esa canción.

Los artistas nacionales también se cuentan dentro de las herencias musicales, acaso, el ejemplo más claro es el de la familia Terán, que con Los hermanos Diablo o Contravía sonaron en las décadas anteriores. Ahora Martín, Jennifer, Gaby son algunas de las voces que dan continuidad al legado. Mientras que, la rocola tiene su exponente dentro de este grupo con Máximo Escaleras, cuya hija Natalie ha saltado recientemente a los escenarios.

En la música anglo se escucha actualmente dentro de la escena ‘indie’ a Sean Lennon, hijo de John Lennon y Yoko Ono. Sin duda una batalla enorme ante la sombra y la fama de sus padres, pero que Sean ha sabido conllevar en su carrera con bandas como Cibo Matto y en solitario (su primera placa la lanzó en 1998, bajo el nombre de ‘Into the Sun’).

También está Jakob Dylan, vocalista de The Wallflowers e hijo de Bob Dylan, toda una leyenda en la música del siglo XX. En los territorios del reggae, si bien todos los hijos de Bob Marley están relacionados con la música, son Ziggy y Damian los más reconocidos. El primero en la misma línea musical de su padre y el segundo con una mezcla de reggae y rap (‘raggamuffin’).

Ellos han vivido los conflictos, reconciliaciones o pérdidas inherentes a la paternidad, con la gran diferencia de hacerlo ante el ojo público. Los hijos se han parado ante las sombras de gigantes figuras de la música, pero con sus carreras (independientemente de la línea que hayan decidido trazar) han logrado hacerse de un sitio propio y alcanzar brillo.

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