1 de April de 2010 00:00

Pablo Emilio Moncayo dio las espaldas a Uribe

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Santiago Zeas.

En Colombia no es la primera vez que un secuestrado que vuelve a la libertad, como el sargento Pablo Emilio Moncayo, agradece a presidentes de terceros países por sus gestiones y, a la par, mantiene una actitud crítica frente al gobierno de Álvaro Uribe.

Desde la perspectiva de Moncayo y su familia, su reconocimiento para los mandatarios Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez (Venezuela) y Lula da Silva (Brasil) está plenamente justificada. Desde su óptica, los tres presidentes extranjeros, desde sus áreas de acción, hicieron lo que estuvo a su alcance para ayudar en su liberación, en una actitud que consideran opuesta a la de Uribe, al que cuestionan por no dar paso a un canje humanitario con reos de las FARC.

El agradecimiento al presidente Correa tiene su explicación. En el 2008, después del ataque colombiano a Angostura, el Mandatario ecuatoriano expresó todo su deseo y voluntad para ayudar en la liberación de Moncayo.

A esto se suma que en junio de ese año, Correa recibió en el Palacio de Carondelet al profesor Gustavo Moncayo, padre del sargento, quien le pidió que actúe como mediador. La respuesta del Gobierno ecuatoriano fue inmediata y, a través de la Cruz Roja Internacional, exhortó a las FARC a que liberen a todos los plagiados.

Por ello, en su primera intervención frente a la prensa, el hasta hace poco rehén más antiguo de las FARC recordó que la administración de Correa solicitó a la guerrilla que -como un gesto de paz- lo liberara. De hecho, semanas antes de que se libere a su hijo, en una entrevista con este Diario en Bogotá, el profesor Moncayo ya había expresado su reconocimiento a Correa y al pueblo ecuatoriano.

Una explicación similar tiene la gratitud expresada hacia Hugo Chávez, quien en el 2007 también se reunió con el profesor Moncayo y a finales de ese año participó como mediador para la liberación de rehenes. Mientras que en el caso de Lula da Silva, facilitó los helicópteros y la tripulación para que se cristalice su rescate.

En cambio, de los labios del que era el prisionero más antiguo de la insurgencia no salió ni una sola palabra relacionada a Uribe, a quien no le dio ningún crédito en su liberación.

Ayer, en su blog de El Tiempo, el periodista Roberto Vargas, quien ha cubierto por años noticias relacionadas al conflicto, recordó un episodio que marcó el alejamiento entre la familia Moncayo y el presidente Uribe.

Fue en agosto del 2007, cuando el ‘caminante de la paz’ recorrió 900 km desde Nariño hasta Bogotá, para pedir al Gobierno que dé paso a un acuerdo humanitario con las FARC, para que queden en libertad los policías y militares cautivos, que hoy llegan a 20. La respuesta de Uribe fue un rotundo no, pues por entonces su administración priorizaba la opción de un rescate militar por la fuerza. Ante la respuesta, el profesor Moncayo dejó al Presidente con la palabra en la boca. “Se refugió en su carpa y se puso a llorar de desconsuelo, porque a la final, este no le dio esperanza alguna”, recordó Vargas en su blog.

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