30 de January de 2014 16:16

Nueva York declara la guerra a los cisnes

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Faltan dos semanas para San Valentín, y en las tiendas de Estados Unidos ya proliferan los corazones y cupidos, pero los cisnes, elegantes aves que para muchos son un símbolo de amor, tienen reservado un trágico destino.

Las autoridades del estado de Nueva York han decidido exterminarlos, ya que estos delicados pero feroces animales traídos desde Europa hace más de un siglo por su belleza estética se han convertido en una amenaza para el ambiente.

Los cisnes contaminan, destruyen el hábitat de patos y gansos nativos, atacan a otras aves, e incluso a las personas, además de poner en peligro el tráfico aéreo de la ciudad.

Por ello, el Departamento de Conservación del Medio Ambiente del estado de Nueva York les ha declarado "especie invasora prohibida" y les ha condenado a muerte.

En el estado hay aproximadamente 2 200, sobre todo en Long Island, pero también en los lagos de los parques de Manhattan, si bien la mayor expansión de los últimos tiempos fue hacia el norte, a las aguas del Lago Ontario.

El objetivo es exterminarlos a todos para 2025, sin apiadarse de las súplicas de los amigos de los animales de Brooklyn, que han dado a cada cisne de Prospect Park un nombre y son capaces de distinguir uno de otro.

El plan es disparar o capturar y gasear a cada uno de estos ejemplares y cubrir de aceite a los huevos para impedir que se abran. Un auténtico exterminio.

El estado no solo cuenta con emprender su cruzada contra los cisnes en aguas de su propiedad. También pedirá el permiso a privados y gobiernos locales para hacer lo mismo en sus terrenos.

La decisión de acabar radicalmente con la población de cisnes había pasado inobservada hasta que hoy dio la noticia el diario The New York Times. Hay quien, al expresar su desconcierto, ha llegado a comparar la experiencia de los cisnes en Estados Unidos como la del “melting pot” de Nueva York: “Si han nacido aquí deberían ser considerados especies nativas” , dijo Michael Vangi, de Bayside Queens, mientras observaba los cisnes de la bahía de Brooklyn.

Pero el plan, pese a suscitar protestas, ha recibido el vía libre de una veintena de asociaciones ornitológicas encabezadas por la Audubon Society: “Estamos siempre a favor de medios no letales, pero en este caso es necesario usar la fuerza” , dijo Mike Burger, director de Audubon Nueva York.

Para los biólogos, no queda más remedio: el hecho de que a la gente le guste dar de comer a los cisnes ha provocado una aumento incontrolado de la población de cines, que en los últimos años se ha triplicado.

Otros planes anteriores, como uno de 1993 que pretendía reducirlos a 500 ejemplares, cubriendo de aceite sus huevos, fracasaron.

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