25 de April de 2010 00:00

La mujer va dejando de ser la víctima del fútbol’

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Santiago Estrella Garcés.

A Rodolfo Braceli en Argentina le reconocen dos méritos principales: ser un excelente narrador y además ser un futbolero de cepa.Su obra más reciente es ‘Perfume de gol’, un libro construido con historias que tienen algo de fútbol y algo de mujeres. Su propuesta es que el fútbol no es una patria únicamente masculina.

Usted sostiene que el fútbol es como un espejo. ¿Qué vemos en ese espejo?

Es el espejo que mejor nos espeja. Si queremos saber de nuestra violencia, exitismo y derrotismo, patrioterismo, supersticiones convertidas en religión o viceversa, el fútbol nos espeja crudamente. Algunos, sobre todo intelectuales, se enojan con el espejo. El espejo no tiene la culpa de nada.

¿Nos damos cuenta de que nos estamos mirando?

Pocas veces. Pero el fútbol, aparte de ser un juego prodigioso e igualador, puede servir de herramienta para conocer un poco más nuestra “condición humana”.

¿Por qué “igualador”?

Nada hay más igualador que el fútbol, salvo la muerte. Pero la muerte sucede en un después irreparable. El grito del gol, tantas veces comparado con un orgasmo, une en el mismo minuto al hombre y a la mujer, al niño y al anciano, al Premio Nobel y al analfabeto, al obispo y al ateo. Además, es el acontecimiento que nos desnuda más. Es la instancia en la que tenemos menos posibilidades de ser hipócritas.

Hay gente que dice que el fútbol es como una religión'

Y le agrego: como una patria. Una patria muy intensa.

Le habrán dicho que esta opinión suya se aproxima a la herejía.

Me lo han dicho. Y la fundamento: comparemos las banderas que se ponen en casas y edificios en las fechas patrias, y las banderas, que como aluvión, brotan a propósito de los partidos de los mundiales. Esa es la realidad. Y tampoco tiene la culpa el fútbol. En esa instancia espeja nuestro “amor por lo propio” transformado en “amor propio”, nuestro patriotismo mutado en “patrioterismo” al compás de los exitistas medios de ‘des-comunicación’.

Su libro más reciente, ‘Perfume de gol’, se refiere íntegramente a las mujeres y el fútbol. Suena a aquello de “el intelectual y el fútbol”'

No va por ahí mi libro. Entre muchos más, reuní 17 cuentos que no escribí deliberadamente. Me nacieron a lo largo de tres décadas. Advertí que todos tenían a la mujer como eje o detonante. Tradicionalmente en la literatura futbolística, como en tantos terrenos, la mujer ha estado marginada o ha figurado como cosa decorativa. En estos cuentos, mujeres muy diversas, son decisivas. Aquí hay mujeres que aman al fútbol y varias que lo aborrecen (desde la madre de don Borges, hasta la partera de Maradona).

¿Las mujeres ven el fútbol también como algo erótico?

En mi libro, luego de los 17 cuentos, hay un posfacio en el que reflexiono sobre esto. Por un lado reconozco que la cantidad de mujeres interesadas por el fútbol ha crecido muchísimo. A través de la televisión tienen el fútbol instalado en la casa. Hay mujeres que entienden el fútbol tan bien o tan mal como tantos hombres que se la pasan viéndolo. Y hay mujeres, muchas, que ante la inevitabilidad del fútbol ya lo miran desde otro ángulo.

Ahí entra lo erótico...

Justamente esto lo aprendí y lo comprobé, durante el Mundial de Italia. Yo era el único varón en la redacción de una revista femenina. Algunas pocas entendían de fútbol, pero la mayoría no sabía nada. Sin embargo miraban concentradas, con fruición. Ahí empecé a comprender qué ven muchas mujeres cuando miran fútbol: ven, por así decir, los cuerpos, los organismos. Los comentarios que hacían se referían desde las manazas del arquero, hasta la cola de Maradona.

Entonces el fútbol genera fantasías en la mujer.

Las que no entienden el juego se desquitan apreciando los cuerpos. En este sentido pienso que la mujer ha avanzado muchísimo más que el hombre. Se permiten el erotismo, no le temen a la sensualidad, leen y aprenden sobre el sexo. Nosotros, los varones, raramente leemos sobre sexo. Las mujeres, todo el tiempo. Hablando en general, ellas del sexo aprendieron el abecedario, nosotros no pasamos de las vocales.

¿Consecuencias de este fenómeno?

Que la mujer está dejando de ser la resignada, la marginada, la víctima del fútbol. O lo disfrutan como juego, o lo disfrutan desde el erotismo y la sensualidad. En todo caso, se está produciendo una revolución inadvertida: vamos hacia la pareja emparejada.

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