27 de June de 2010 00:00

‘Mi padre nunca me llevó al estadio y no se lo reprocho’

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Alegría Ortiz

Redacción Siete Días

No resulta extraño conocer a una mujer a quien no le importe el fútbol. Pero sí es extraño conocer a un hombre al que ni siquiera el Mundial le interesa. Jaime Costales, psicólogo, es uno de ellos.

Ahora que se vive y se respira fútbol, ¿usted qué hace?, ¿en qué invierte su tiempo?

Mi especialidad es el comportamiento colectivo, la psicología de grupos. Es un momento interesante porque cambia drásticamente la conducta de la mayoría de la población en el mundo entero. Tanto en lo positivo como en lo preocupante. Me fascina observar ese cambio de comportamiento.Entonces, ¿se puede decir que en el Mundial usted se dedica a observar cómo se comporta la gente?

Sí, porque es uno de los eventos que más trastorna el comportamiento cotidiano a escala mundial, si no el que más.

 

¿De qué manera trastorna el comportamiento?

Para bien, porque provoca una sensación de que somos una sola humanidad. La gente sabe que es parte de un solo planeta y no se cuestiona ideologías ni razas ni credos ni colores. Se rompen barreras. La gente se desahoga, se libera de tensiones. A las personas les da la impresión de que saben de lo que hablan. Cualquiera puede hablar de fútbol. No necesita un PhD ni ser parte del gobierno ni ser sabio. Puede ser el señor que arregla el jardín la señora que sirve un café.

¿... Y el lado malo?

El lado oscuro es que nos adormece frente a las cosas graves que pasan. El colapso ecológico del golfo de México es noticia de quinto nivel frente al Mundial y eso no puede ser. Pero no cabe asumir una actitud de desprecio y pedir que se elimine el Mundial para enfocarnos a sufrir por el derrame en el golfo.

¿Por qué no le gusta el fútbol?

No soy fanático del fútbol. No es una prioridad en mi vida. Puedo mirar el marcador de un partido y me voy.

Es decir que no modifica sus horarios ni sus obligaciones'

No, para nada. Le estoy atendiendo a usted mientras están jugando un partido, y así podría ser en la final.

¿Prefiere otro deporte o es algo que tiene con el fútbol?

Me encantan las artes marciales, el tiro con arco me parece algo exquisito. No le tengo desprecio al fútbol, no soy anti fútbol, solo que hay otras prioridades. Me divierto más haciendo otras cosas como leyendo un libro, y más que eso, escribiendo.

Si hubiese un mundial de artes marciales, ¿modificaría su vida?

Tampoco. El deporte me parece hermoso, respetable, valiente, pero en mi vida no está ni en primero ni en segundo ni en tercer lugar; estará talvez en sexto.

¿Hay algo en específico que le molesta del fútbol?

Desde el punto de vista de clínico social lo que me preocupa es el grado de fanatismo agresivo que exterioriza. Esa capacidad de enojarse, odiar, agredir, insultar, resentirse o de vivir un partido como si fuera casi el Apocalipsis, me preocupa porque son datos de desajuste emocional. Mientras se juega el Mundial nos están clavando goles con nuevas leyes muy peligrosas como la de comunicación o la de Educación Superior La población, por el fanatismo al deporte y al fútbol en especial, es muy vulnerable a dejarse absorber por eso y olvidarse de cosas que le hacen daño. El fútbol no puede ser la prioridad.

Borges decía que el “fútbol es popular porque la estupidez es popular, ¿qué opina?

Me parece que es exagerado porque el fútbol sí tiene belleza, la gente tiene derecho a divertirse, a tener disfrute colectivo, a tener esperanza de que su país triunfe. No es una muestra de estupidez pero el fanatismo es, peligrosamente, una muestra de psicopatología social.

Si hay un plan de fin de semana con familia y amigos que gira en torno a un partido ¿usted...?

Es posible que mis hijos y sobrinos se reúnan alguna vez por un partido, pero sin que afecte a todo el entorno familiar. Soy parte de una familia de intelectuales totalmente alejados del fútbol. Mi padre nunca me llevó al estadio, y no se lo reprocho.

¿Y si le toca ver un partido?

Me encanta observar las reacciones, los gritos, las lágrimas, los rezos. Personas que en otro ámbito son muy sobrias, serenas, frente a un partido se vuelven niños, piden favores, se arrodillan, hacen promesas, o se quedan en shock.

¿Qué prefiere usted: una cadena sabatina o un partido de fútbol?

Una cadena de partidos. Podría ver diez partidos de fútbol seguidos y no una cadena sabatina. Ojalá el Mundial duraría tres años más para no volver a escuchar una cadena presidencial. Sería muy saludable para el país, que grite el fútbol y las cadenas se callen, sería un gran triunfo.

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