14 de March de 2010 00:00

Una matanza que tiene mucho de conflicto religioso y social

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Luis Moncayo

El mundo occidental reaccionó horrorizado ante la matanza, a machetazos, de decenas de personas, especialmente mujeres y niños, que se registró esta semana en Nigeria (África). El mundo también se preguntó: ¿Es posible que en pleno siglo XXI nos sigamos matando a causa de la religión?

Informaciones provenientes de esa república africana petrolera, de más de 135 millones de habitantes, daban cuenta que agricultores de la etnia cristiana berom fueron masacrados por ganaderos musulmanes de la etnia fulani.

El papa Benedicto XVI, jefe de la Iglesia Católica, denunció “la atroz violencia (interreligiosa) que ensangrienta Nigeria y que no perdona ni a los niños”.

Pero ¿cuáles son las causas profundas del ciclo de violencia interreligiosa que provocó más de 2 000 muertos en los últimos 10 años?

Para el arzobispo de Abuja, capital de Nigeria, John Onaiyekan, se trata del clásico conflicto entre pastores y agricultores, “solo que en este caso los pastores son todos musulmanes y los agricultores son todos cristianos”. No se mata a causa de la religión, sino por reivindicaciones sociales, económicas, tribales y culturales.

Analistas también sostienen que rivalidades étnicas seculares, conflictos ligados a la disputa por el acceso a los recursos naturales, a la tierra y al poder son las principales causas de la violencia que sacude regularmente el estado de Plateau, centro de Nigeria. “Es étnico y político, no tiene nada que ver con la religión”, señala Sulaiman Nyang, especialista de África y del islam en la Howard University de Washington.

Sin embargo, voces como la de Tajudeen Akanji, director del Centro para la Paz y la Solución de los Conflictos de la Universidad de Ibadan, oeste de Nigeria, indican que el conflicto entre los agricultores de la etnia de berom y los ganaderos de la etnia de fulani “tiene una coloración religiosa”.

De hecho, la diferencia de credo genera intolerancia o persecución religiosa, que deriva en el maltrato persistente que un grupo dirige a otro debido a sus creencias religiosas.

Usualmente, la persecución de esta naturaleza, florece debido a la ausencia de tolerancia religiosa, libertad de religión y pluralismo religioso.

Aquello se expresa a través de actos de barbarie, como la masacre reciente o el horror registrado anteriormente en otra región de Nigeria, donde jóvenes cristianos quemaron los cuerpos de musulmanes en las calles de una ciudad.

Según estudios de Religión, dos ideas suelen alimentar la intolerancia y la falta de respeto en materia de religión.

“La primera, que nuestra religión es la única verdadera y las demás son falsas o tienen fallos morales”. Y la segunda, mucho más peligrosa: que el Estado y los ciudadanos particulares deberían obligar a la gente a abrazar la religión ‘correcta’.

Para el antropólogo José Juncosa, profesor de la Universidad Politécnica Salesiana de Quito (UPS) de Quito, el conflicto entre las etnias que se disputan el control de la zona central de Nigeria no solo tiene que ver con la intolerancia religiosa entre musulmanes y cristianos. Ese es un elemento que juega a favor de unos contra otros; una opción de supervivencia.

De por medio, dice Juncosa, está la disputa del poder político, para lo cual deben tener el control del territorio y de los recursos naturales.

También refiere el hecho de que los conflictos étnicos o religiosos en África parten de la colonización de Occidente, que minó bases y relaciones interculturales. El abismo de resentimientos se abrió hace tiempo.

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