14 de March de 2010 00:00

Marcelo Cotera no vive sin su manglar ni sin su cebiche

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Carlos Velasteguí.

Si alguien llega a Muisne, pequeña isla al suroeste de Esmeraldas, y pregunta por Marcelo Cotera, seguro los pobladores responderán que no lo conocen. Pero, si preguntan por Chili, enseguida saben quién es.

Sus amigos coinciden en que este sobrenombre se debe a que su pelo negro tiene la forma de un pequeño gusano negro que pasa enrollado, conocido como chili. Cotera es un líder local que desde hace 30 años lucha por la defensa de los manglares. A sus 46 años, todavía conserva su energía y carisma, y el cariño de sus paisanos.

Él preside la Fundación de Desarrollo Ecológico (Fundecol), organización de la cual fue uno de los fundadores. Va por su tercer período en la presidencia.

Al final del día, cuando, Cotera regresa a su cabaña, tiene otras aficiones como la cocina, charlas entre amigos, café y cigarrillo. Y quienes lo frecuentan aseguran que la mayoría de veces lo encuentran cocinando.

¿Por qué esa afición?

Me viene de familia. Antes, en esta zona, teníamos mucho camarón pescado, concha, cangrejos. Es una forma de compartir una comida y una conversación.

¿Es un método anti estrés?

Es una especie de terapia, porque nos reunimos entre amigos, cocinamos, salen ideas; esto es bueno. Porque cuando uno come se relaja y se conversa de temas: algunos sagrados, que no se topan en el trabajo u otros espacios. En este momento la mente se libera.

¿Tiene una receta especial?

El camarón rastafari.

¿Por qué ese nombre?

Salió de la cabaña rasta donde vivo. Mis amigos lo bautizaron.

¿Quién diseñó su cabaña?

Yo. Hice algo diferente con material del entorno para salir de lo común. La cabaña es circular y tiene un patio para plantas de plátano y guayabo.

¿Qué material utilizó?

Pambil en el piso, moral, guayacán y caña brava en las paredes.

¿Cuál es la receta del camarón rastafari?

Es simple: se coloca una porción de mantequilla en una sartén al fuego, con un ajo entero con cáscara y todo. Cuando este se pone café, se coloca el camarón y se lo revuelve cinco minutos. Listo.

¿ Para cuántas personas ha cocinado?

Hace tiempo organizamos un curso; nos juntamos 80 personas. No es fácil cocinar para tanta gente, pero nos dividimos el trabajo. Fue interesante, porque compartimos con gente joven que no necesariamente estaba interesada en el tema ambiental. Pero producto de esta reunión se formó una organización que se llamó Jóvenes en Acción.

¿Se contradicen su afición por el camarón y su lucha contra la deforestación de los manglares, a veces producida por las camaroneras?

El camarón está en la dieta alimenticia de nuestro pueblo por siglos. Está presente desde siempre en los platos de los habitantes de Muisne, mucho antes que lleguen las camaroneras. Difícilmente dejaremos de comerlo. En las camaroneras hay parientes trabajando. Ellos nos regalan un cebiche y no te puedes negar...

¿Cuándo empezó a defender los manglares?

A los 15 años con un grupo de compañeros peleábamos por el agua para Muisne (el desabastecimiento sigue hasta ahora). También por la carretera y la electricidad. En esa época el manglar estaba intacto. Cuado culminé mis estudios, las primeras camaroneras se instalaron en Muisne, pero en ese momento no pensábamos en los daños que ocasionarían. Luego la industria del camarón tomó fuerza y la pelea era súper desigual. Esto sucedió en los años 90.

¿Qué pasó desde entonces?

Entonces había más de 20 000 hectáreas de manglar, hasta que llegaron a ser solo 3 500 ha. Hemos logrado reforestar algunas zonas, con grupos de voluntarios, y en la actualidad ya tenemos 4 500 ha. La mayoría del bosque de manglar se destruyó para construir piscinas de camarones.

¿Cuál ha sido el papel del Estado en este tema?

El decreto 1391 del actual Gobierno legalizó a las camaroneras a pesar de que son ilegales. Solo en Muisne han sancionado a 115 camaroneras. pero la sanción nunca se ejecutó. Puede que el Presidente tenga buenas intenciones, pero no se refleja en el campo ambiental.

Así las cosas, ¿Cómo queda su lucha por el manglar?

Es bien complicado. Hay comunidades que apoyan la conservación, pero existen otras que creen que sembrar palma africana es una salida para mejorar los ingresos familiares. Este discurso es manejado por el Banco de Fomento y la Corporación Financiera Nacional; es decir, que la salida a los problemas económicos es la siembra de cultivos industriales. Esto nos deja sin piso.

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