1 de August de 2010 00:00

Lucía y los brownies

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Gabriela Paz y Miño,

Para Siete Días

Cada cosa, hasta el detalle más pequeño, ha sido pensada por Lucía. Su sello personal, y el gusto y cariño por lo que hace, se aprecian en todo: desde el término justo con que sirve a los clientes la carne de la hamburguesa, hasta el imaginativo sistema de rollos gigantes de papel kraft, (a la vista de los clientes, como un elemento decorativo más), del que se arrancan los manteles para las mesas.Si una cualidad parece definir a Lucía Vinueza, esa es la persistencia. Es difícil que esta guayaquileña, rubia y de ojos celestes, con pinta de gringa-gringa, deje a medias un emprendimiento. Así fue desde niña, cuenta ella, sentada en una de las mesas en el restaurante Lucía Pie House & Grill, que abrió en Cumbayá hace cuatro meses y que ahora es un éxito (la capacidad para 38 personas queda corta, sobre todo los fines de semana, cuando la gente espera en filas para entrar).

A los nueve años, durante una estancia temporal en casa de una tía, esta chef autodidacta hizo el descubrimiento de su vida. En la estantería de libros encontró uno que llamó su atención: se trataba de un recetario del año 1945, con recetas de cocina estadounidense y con consejos prácticos “para una época en que ni siquiera había refrigeradoras”, cuenta Lucía con una sonrisa. Un texto que indicaba cómo mantener congelado un alimento, “en una cubeta con hielos” o que describía, paso a paso, la preparación de platos tan improbables como el recetas de ardilla o de raposa. Sí, de raposa.

La atracción por el libro tenía una explicación. Lucía había vivido dos años en Washington y allí se había convertido en fan de un manjar que no encontró en su geografía natal: los ‘brownies’. Y, ¡maravilla!, el libro traía la receta. Así empezó todo. Quiso prepararlos. La primera vez fue un fracaso.

“Me salió un pastel amelcochado de chocolate”. En el segundo intento, el resultado fue el mismo: “algo que no se parecía en nada a lo que yo había comido. Algo como un fudge”, explica. La tercera, la cuarta, la quinta, la sexta vez' la receta no dio resultado. Pero un día quiso hacer un fudge y le salieron brownies. ¡Eureka! El problema “que debe haberle costado el puesto al editor es que las recetas del fudge y del brownie estaban intercambiadas entre sí”.

Aquel error de edición significó para ella el inicio de un camino que le abrió las puertas a un mundo de mil posibilidades: la cocina. “Mientras intentaba que me salieran bien los brownies, también preparaba el resto de recetas del libro”. Y después, otras tantas que no estaban en él. Y luego unas más con innovaciones. Y, a continuación, creaciones propias'

Su gusto por la gastronomía se afinó. Decidió compartirlo y dar clases de cocina en televisión. Durante cuatro años, cuando vivía en Cuenca, su programa se transmitió, día a día, sin repetir ni una sola receta. “Innovaba, cambiaba los ingredientes de recetas que ya conocía. Esta actividad (la cocina) me ha permitido mantenerme, mantener a mi hija, tener este programa en televisión y hasta tener este restaurante”.

El local, que abre de miércoles a domingo, de doce a doce, es como ella: informal y elegante. La creatividad es el sello: las escaleras de vinilo, que parece ser metal; las puertas de un rojo intenso; las paredes decoradas con fotos enmarcadas en cartón (por cierto, se trata de una suerte de galería abierta para cualquier fotógrafo).

En Lucía Pie House & Grill, los brownies del famoso libro reinan sobre la vitrina que contiene pies de todo tipo. Y como todo lo que hace esta experta cocinera, tienen un toque original: licor de cacao de variedad nacional, cultivado en Pallatanga, especialmente para ella. Tampoco las hamburguesas son comunes: el pan lo elaboran a diario en el restaurante y los 180 gramos de carne que llevan son el resultado de la mezcla de tres tipos de corte, para darle ‘sabor, color y textura’.

Pero aparte de algunos secretos como esos, el resto, dice Lucía, es el resultado de algo que aprendió desde niña: “seguir las recetas, paso a paso. No acortar el camino, no abaratar costos”. Es decir, hacer las cosas bien. De principio a fin. Y en cada detalle.

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