9 de May de 2010 00:00

Kronz ,viajero en la ciudad de la lluvia

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Llovía en la ciudad. Esta frase sugerente es la llave que abre la puerta para ingresar a una ciudad soñada, envuelta en lluvia y niebla. Una ciudad enigmática y gris. De seres perdidos y derrotados en los recovecos de la noche.

Con esta frase, Javier Vásconez (Quito, 1946) arranca una de sus más reconocidas novelas: ‘El viajero de Praga’, cuya cuarta edición acaba de ser publicada por Alfaguara de España.

En la portada se ven un viejo tren, de principios del siglo XX, y un viajero solitario, acaso una alusión al inefable doctor Josef Kronz, checo, solitario, que vive con Elmer, su gato soñoliento, en La Floresta, un barrio de la clase media quiteña, de fachadas desgastadas y jardines ocultos.

Kronz visita a sus pacientes. Viaja por la ciudad en su antiguo Mercury. Se adentra en el laberinto del sur, en La Ferroviaria: “La condenada visión de aquellas casas pintadas de colores, con los rieles del tren pasando por delante de ellas, le produjo la sensación de ser un invasor”.

Kronz se siente extraño en una ciudad prisionera de las montañas y la lluvia incesante. Quizás la misteriosa Violeta, un amor inconcluso como todo gran amor, redimirá al doctor de su soledad.

La novela fue presentada el 27 de abril en Ileana Viteri Galería de Arte. Allí, en una noche lluviosa, Vásconez confesó que “al volver a ciertos episodios de ‘El viajero de Praga’, con la actitud de vigilancia que impone la lectura encaminada a la corrección, he vuelto a escribir algunos episodios farragosos, he suprimido gerundios, me he ensañado con los adjetivos y, en general, he optado por darle más precisión argumental, de estilo, de contenido a la novela”.

‘El viajero de Praga’ ha recibido auspiciosos comentarios de reconocidos autores nacionales y extranjeros, como Vladimiro Rivas, Juan Cruz, Luis Landero, Juan Villoro, Ignacio Sánchez Prado, de la Universidad de Saint Louis.

Con sus voces, ellos reconstruyen la novela. Sánchez dice:

“Por sus personajes y ambientes hipnóticos, ‘El viajero de Praga es sin duda una novela emblemática dentro de la literatura latinoamericana. (...). No solo es la aventura de un hombre, sino que su lectura supone un verdadero placer estético. Escrita sobre un fondo de novela negra, de lluvia incesante, reconstruye además el itinerario vital de Kronz que con derecho propio inscribe su nombre junto a otros famosos galenos de la literatura, a quienes Vásconez rinde homenaje: desde el médico rural de Kafka, hasta Díaz Grey de Onetti, pasando por el célebre Semmelweiss de Céline y el legendario doctor Rieux de ‘La peste”. En su presentación, en Casa de América de Madrid, Luis Landero dijo que es una gran novela, en la que aparece un Kronz solitario, cansado, instalado en un país invisible e imaginario.

El mexicano Juan Villoro dice que la novela tiene poderío visual. “Si, como apunta George Steiner, toda novela de eminencia construye una realidad paralela, una ‘extraterritorialidad’, ‘El viajero de Praga’ pone en escena su propia patria. Praga, Barcelona y Ecuador han sido reinventados”.

En la visión de Villoro, ‘El viajero’... es un caso singular en la imaginación narrativa.

“Leer esta novela implica un acto migratorio, cruzar una frontera, una ‘línea imaginaria’ para llegar al otro lado, hacia la ficción cierta y duradera, la arriesgada orilla de Javier Vásconez”.

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