14 de March de 2010 00:00

Instantes en que es muy difícil relajarse

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María Carvajal A.

A lo mejor es un tema en el que nadie quiere pensar en un domingo, pero estoy segura de que muchos se acordarán de mí cuando mañana salgan a sus sitios de trabajo, a dejar a los chicos en el colegio.

Esta semana fue presentado un servicio web para monitorear el tránsito en Quito (1), con la finalidad de que los conductores consulten antes de iniciar su recorrido -incluso desde su celular- cuál es la mejor ruta para evitar verse sumergidos en esa masa de vehículos que parece no moverse nunca. En una ciudad como Quito no existen demasiadas opciones para circular en forma fluida si están cerrados los túneles y se produce un choque múltiple en la vía Oriental, pero por lo menos es un buen intento.

¿Qué hace usted cuando está esperando a poder pasar, por ejemplo, por el semáforo de las avenidas República y Amazonas a cinco minutos de una reunión importantísima y no ve esperanzas de llegar a tiempo? Yo golpeo el volante, y se me salen palabras no aptas para ser publicadas. Por eso se me ocurrió buscar cuál es la mejor forma de enfrentar el estrés causado por conducir en grandes urbes.

Y como ocurre casi siempre, los expertos recomiendan exactamente lo contrario a los hábitos cotidianos (2): no es conveniente tocar repetidamente la bocina, mirar constantemente el reloj ni hacer otras tareas como, por ejemplo, utilizar el celular. Es algo que, después de todo, tiene mucha lógica, porque aunque maltratemos los oídos del resto con una serie interminable de toques del claxon, nadie nos va a abrir una calle de honor para que pasemos, y tampoco el reloj se va a apiadar de nosotros y se va a detener debido a nuestras miradas anhelantes.

Entonces, mis amigos, a escuchar música, respirar hondo y estirar las piernas al sentarnos frente al volante. No avanzaremos más rápido pero llegaremos menos despeinados y menos molestos a nuestro destino.

Y a lo mejor esto ya lo hemos escuchado algunas veces en las noticias, pero no estamos haciendo mucho caso: mientras más nos domine el estrés al manejar, más posibilidades tenemos de sufrir un accidente (3). La ansiedad nos lleva a hacer maniobras inexplicables en los redondeles, a rebasar en zigzag y otras ‘maravillas’ con las que nos encontramos a diario. Y, aunque no tengan mucho tiempo de navegar en Internet, ojalá algunos conductores profesionales lean esta columna...

Por si le interesa:

(1) www.waze.com

(2) www.mailxmail.com/curso-autoayuda- superar-estres/estres-trafico

(3) www.lukor.com/viajes/noticias/portada/09040108.htm

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