La iglesia de Monjas Bajo se hizo con el templete

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Redacción Quito

Los moradores de Monjas Bajo están alegres por la canonización de Juan Pablo II. La iglesia del barrio lleva el nombre del llamado 'Papa viajero'. No es algo casual. Esto tiene su historia y se remonta a 1985, cuando visitó el Ecuador.

La iglesia que está levantada a dos cuadras de la autopista General Rumiñahui, que conecta a Quito con Los Chillos, tiene "encarnada" esa presencia en suelo quiteño. La iglesia del barrio fue construida con la estructura que fue levantada, en el parque La Carolina, para la misa campal.

Destacan las columnas y el techo. La construcción tiene unos 18 metros de largo por 30 de ancho. Los domingos (días de misa) llegan un promedio de 800 fieles y, en festividades, pueden llegar hasta 1 000.

En el interior unos grandes carteles recuerdan la imagen de quien es el "patrono" de esta parroquia. Además están haciendo arreglos en varios sitios de la estructura.

Mario Serrano, uno de los sacerdotes asignados al sector, reconoce que siente una energía especial en este sitio. El paso del tiempo ha hecho lo suyo: el techo original ya está cambiado por completo.

Pero ¿cómo llegó esta estructura a Monjas? Serrano cuenta que tras la misa del Pontífice, el padre Segundo Sosa, ex sacerdote ,y varios dirigentes barriales gestionaron para conseguir la estructura y usarla en lo que sería la iglesia del barrio.

En la Curia tuvieron una respuesta: el barrio que tenga, por lo menos, construidos los cimientos se lleva la estructura. Así fue. Esta es la razón por la que la parroquia eclesiástica tomó el nombre de Juan Pablo II. Incluso, los primeros bautizos fueron registrados con el nombre de la parroquia. Sin embargo, por órdenes del Vaticano, no se lo mantuvo, ya que para ese año no era santo, requisito para esta deferencia.

En el 2011, cuando el Papa fue subido a los altares, la parroquia retomó su nombre de origen. La estructura ya tiene varios arreglos. Pese a esto, dice Serrano, se mantiene la esencia que dejó el Sumo Pontífice.

En este punto coincide Floresmilo Cevallos. Según él, Juan Pablo II vive no solo en el templo sino en los corazones de los católicos. Hoy, moradores y sacerdotes de este sector estarán en las actividades que se realicen este día en la Plaza de San Francisco.

La fe es tal que, incluso, hay vecinos que hablan de favores recibidos. Grace Valencia, moradora, contó la historia de su nieto. Esta mujer cuenta que está emocionada y motivada por la canonización de Juan Pablo II. En esta iglesia, ella encomendó a su pequeño que estuvo enfermo.

Los médicos diagnosticaron que el niño necesitaba de un transplante hepático (hígado). "Tenía fe en Juan Pablo II y entregué a mi niño a él, en su templo", dijo. Después de plegarias, hubo el milagro, dijo. Esta será la razón para estar presente, hoy, en la plaza de San Francisco. Estará con sus vecinos de Monjas Bajo.

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