26 de May de 2010 00:00

Los hijos de inmigrantes temen por Ley Arizona

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Olga Imbaquingo

Nayely Huerta todavía no ha cumplido los 16. A esa edad es de suponer que ella está muy segura de que nada ni nadie puede detenerla en su sueño de llegar un día a ser una profesional exitosa en Estados Unidos.

Mas en su vida de adolescente sí hay algo que le está quitando el sueño y desviando la atención en clases: la ausencia de un camino legal que facilite a su madre obtener la residencia en EE.UU.Nayely nació en California, pero la familia aterrizó en Arizona hace 11 años. “Mi mamá es mi vida, sin ella nada tiene razón de existir. No me imagino mi dolor si la llegan a deportar”, dice esta joven que para ayudar al presupuesto familiar trabaja a medio tiempo como cajera en una tienda.

Noemí Simón también tiene su futuro suspendido. Alexis Loaiza quizá nunca llegue a ser doctora, Carla Ramírez talvez no se vestirá de bombera y acudirá a pagar los incendios en Phoenix, Brianna Ibarra teme que sus deseos de ser profesional en cosmetología no se concreten y Estefanía Ramírez se niega a que le arrebaten su sueño de ser profesora de historia.

Algunas son hijas de padres indocumentados o con papeles pero muy pobres como para pagarles estudios universitarios. Otras vinieron a EE.UU. cuando eran pequeñas y por ese delito no les está permitido conjugar el verbo soñar. No tienen papeles y hasta allí llegan sus aspiraciones. La ley 1070 que se aprobó en Arizona el 23 de abril amenaza, además, con deportar a sus padres o a ellas por ser indocumentadas.

Un anhelo postergado

“No es justo, soy joven y me están cortando las alas. No conozco otro país más que este. A las becas universitarias solo las veo pasar pero no las puedo alcanzar por no tener papeles”, se lamenta Estefanía Ramírez, de 18 años.

Alicia, su madre, también se desespera al ver que para su hija no hay porvenir. “Mi hija está en la lista de los alumnos más distinguidos pero al parecer eso no es suficiente. Nuestros hijos no tienen la culpa”. La aprobación por parte del Senado de la llamada Acta de los Sueños, una ley para abrir la ruta a la legalización de miles de estudiantes que viven en este país sin papeles, está pendiente. Clamores de diarios como The New York Times y caminatas de jóvenes por diferentes estados no han logrado la sensibilidad frente a este problema.

“Tengo un amigo que también es un alumno distinguido, al papá lo deportaron y ahora él vive arrimado a otros familiares. Los dos tenemos tanto para dar a este país, pero no nos quieren”, se lamenta Estefanía. Sus padres están pensando regresar a México para no perjudicar el futuro profesional de sus hijos. Pero Estefanía habla español con acento, su idioma materno es el inglés.

“No me preocupo por mí”, dice Brianna. “Sufro por mis padres, porque ellos no tienen papeles. Lo que más quiero es seguir aquí pero con esta nueva ley todo parece imposible”. En lo que resta de este año no habrá Acta de los Sueños. “Primero vamos a asegurar las fronteras. Para quien lleva aquí muchos años se le abrirá el camino a la ciudadanía, pero tiene que pagar una penalidad”, dijo el senador John McCain, en Tucson, la segunda ciudad de Arizona.

En esa urbe cuatro estudiantes sin papeles, arriesgándolo todo hicieron un plantón exigiendo la aprobación del Acta de los Sueños, lo cual fue calificado como un acto de valentía por The New York Times. “Ni McCain, ni el presidente Obama, ni esta administración han demostrado ese mismo coraje”, indicó este diario en uno de sus editoriales.

Es racista y punto, dicen estas jóvenes sobre la última Ley de Arizona. “El color de la piel no nos debería hacer distintos, solo es la piel”, sostiene Nayely. En eso está de acuerdo Roxanne (nombre cambiado porque trabaja en una oficina de control federal).

Si se cree que esta ley solo discrimina a los inmigrantes latinos se está equivocado, dice. “Los latinos cuando me ven talvez piensan, blanca y de ojos azules, seguro es racista y mala. No verán más allá del color de mi piel y eso duele”.

Su comparación del estado al que ha llegado Arizona con relación a los latinos es como la de un matrimonio con violencia doméstica: no hay comunicación por miedo y se ha apoderado la desconfianza. “La ley da una bofetada a quienes lucharon por los derechos civiles en los 60. En Arizona hay muchos retirados conservadores que sueñan con tener un país de blancos”, indica la estudiante de historia Justine Hecht, quien cuenta que tuvo compañeras en el colegio que no pudieron continuar la universidad.

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