28 de January de 2014 00:01

Hernández promete acabar con inseguridad

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El derechista Juan Orlando Hernández asumió la Presidencia de Honduras, con la promesa de "mano dura" contra el crimen organizado que ha generado una espiral de violencia en este país centroamericano, uno de los más pobres de América.

"Cero tolerancia" a la delincuencia, advirtió Hernández en su primer discurso como mandatario, tras ser juramentado por el presidente del Congreso, Mauricio Oliva, en el Estadio Nacional en medio de la ovación de 30 000 espectadores en los graderíos.

Con la banda presidencial cruzada sobre un traje azul y camisa blanca -colores de la bandera hondureña- Hernández, un abogado de 45 años, del gobernante Partido Nacional (PN), ofreció "hacer lo que tenga que hacer para recuperar la paz y la tranquilidad".

"A los delincuentes se les acabó la fiesta", sentenció el Mandatario, quien se comprometió a hacer descender el número de homicidios y las extorsiones a las que pandilleros someten a la población con más policía civil y militar en las calles.

De hecho, ayer mismo, Hernández ordenó la salida "inmediata" a las calles de la recién creada Policía Militar y de la Policía Nacional, para poner en marcha una operación de combate a la delincuencia, que se cobra la vida de 20 personas cada día en el país.

La orden del nuevo gobernante se cumplió al instante, con la salida de centenares de militares y policías que permanecían en el Estadio Nacional de Tegucigalpa.

Hernández, quien sustituye a Porfirio Lobo, tomó posesión para un gobierno de cuatro años, en un acto al que asistió un pequeño grupo de dignatarios, entre ellos los presidentes Juan M. Santos (Colombia), Laura Chinchilla (Costa Rica), Ricardo Martinelli (Panamá), Ma Ying-jeou (Taiwán)...

Hernández dijo que su país "pasa por uno de los momentos mas difíciles", porque por ahí pasa el 80% de las drogas que procede de Suramérica con destino a Norteamérica.

El nuevo gobernante dijo que inició conversaciones con los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y México, Enrique Peña Nieto, para aumentar la cooperación en el combate del narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de activos.

Y criticó a Estados Unidos porque considera el problema de las drogas como un tema de salud, mientras que para Honduras es un tema de vida, y "eso no es justo". Invitó al presidente Barack Obama y al Congreso de EE.UU. para que haya una responsabilidad compartida en el combate de las drogas.

Hernández también prometió que combatirá la corrupción "en todas sus formas" y que "el país entero debe asumir un compromiso histórico frente a este flagelo, nosotros daremos el ejemplo desde el gobierno". Honduras tiene una población de 8,5 millones de habitantes, de la cual alrededor del 70% es pobre, según cifras oficiales, pero Hernández afirmó que los pobres suman 800 000 y por eso Honduras figura entre los países con mayor inequidad social. El desempleo y subempleo supera el 40%.

Difícil herencia
Hernández asume un país que aún sufre las secuelas del golpe de Estado del 28 de junio de 2009 contra Manuel Zelaya, con una sociedad dividida e instituciones frágiles, golpeado además por una violencia incontrolable del narcotráfico y las pandillas.

El nuevo Presidente confía en detener la violencia con la policía militar, un cuerpo que llegará a 5 000 efectivos y que es cuestionado por activistas de derechos humanos.

Honduras tiene la tasa de asesinatos más alta del mundo, 83 por cada 100 000 habitantes. "Siete de cada diez homicidios están vinculados a la droga (...) si no existiera el problema de la droga no estaríamos entre los países más violentos del mundo", dijo en su discurso.

Al oriente de la capital, frente a la Universidad Pedagógica Nacional, se reunieron miles de simpatizantes del derrocado expresidente Manuel Zelaya y su esposa Xiomara Castro, quien como candidata del izquierdista partido Libertad y Refundación (Libre) perdió ante Hernández las elecciones del 24 de noviembre, que impugnó -sin éxito- por considerarlas fraudulentas. Zelaya ocupa una silla en el Congreso como líder de una oposición que intentará hacer contrapeso al bipartidismo de derecha.

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