5 de February de 2012 00:01

El fútbol, la trinchera para avivar conflictos

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Es cualquier partido de la Selección argentina en cualquier estadio de Argentina. Está totalmente lleno. Si es el Monumental de River Plate, el que más usa, pueden ser 61 000 personas. Todas ellas saltando y cantando algo que estremece: “Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés”.

Lo cantan en cualquier partido, así fuese contra Brasil o Uruguay, sus rivales más enconados de la región. Lo que nunca dejarán de lado es recordar que hay algo más fuerte para los argentinos en una cancha de fútbol: con el Reino Unido siempre hay un tema pendiente. Argentina tiene una extensa relación de tensión con Inglaterra. Las dos invasiones inglesas, de 1806 y 1807, repelidas por milicianos urbanos cuando aún era del Virreinato del Río, fueron el germen para los movimientos independentistas de 1810. Años más tarde, los ingleses llegarían con el tren y fundaron pueblos como Banfield o Temperley.

Con ellos llegó el fútbol que los locales hicieron suyo y fundaron equipos con nombres ingleses: All Boys, Newell’s Old Boys, River Plate...

En 1966, el Mundial de Inglaterra fue el preanuncio de lo que serán estos partidos que ya no son solamente un juego. En los cuartos de final, Antonio Rattin, el mejor jugador de Argentina, fue expulsado injustamente. Al salir del campo de juego, luego de una buena protesta, se sentó en la alfombra roja destinada para que pasara la Reina. Cuando la Policía se lo llevó de ahí, apretujó la bandera inglesa que estaba en el córner.

Será sin duda desde 1986, en el Mundial de México, cuando el enfrentamiento en la cancha fue –y seguirá siendo– un reflejo de la guerra de las Malvinas, que terminó con la rendición argentina ante el Reino Unido. Antes de jugar, los jugadores negaban que la guerra influyera en el partido, pero tiempo después reconocieron que no pudieron olvidarse de ella. Juan Morales, ex combatiente de Malvinas, recuerda ese partido y todo lo “relacionado con esa bronca y ese dolor que llevamos adentro. Fue una satisfacción como hincha y también por la historia que viví. Fue decir a los ingleses ‘te gané con trampa y te gané bailando y apilando a seis monos en 30 metros. Pero esta rivalidad creo que viene desde los tiempos de Rattin”.

La batalla de la cancha con los dos goles de Maradona (el de la mano y el mejor de la historia) se repitió afuera del Azteca, entre ‘hooligans’ y barras bravas. “Los odio. Creo que el tema de las Malvinas influye mucho. Cuando refriegan con lo de la mano de Maradona, yo me pregunto, ¿acaso ellos no juegan muy sucio al querer aprovecharse de tierra argentina?”, dice Ivana Cufré, una empresaria de La Plata e hincha de Estudiantes.

‘La guerra del fútbol’

“Estamos en 1969 y Honduras y El Salvador se juegan la clasificación para el Mundial de México de 1970 (…) El odio a los salvadoreños se extiende en Honduras como el de los hondureños en El Salvador…”. Así, Ryszard Kapuscinski, el reconocido periodista polaco ya fallecido, reseñó en su libro ‘La guerra del fútbol’ que en los estadios también se cocinan o se alimentan conflictos armados, que causan muertos y heridos e incluso la ruptura de las relaciones diplomáticas y el odio entre Estados vecinos.

Todo eso ocurrió en junio de ese año, cuando El Salvador y Honduras se enfrentaron en lo que se ha denominado como la ‘Guerra del fútbol’ o la ‘Guerra de las 100 horas’. El enfrentamiento bélico se encendió el 14 de junio, 17 días después de que los salvadoreños derrotaran a sus vecinos, en el tercero y definitivo partido por las Eliminatorias y así se clasificaran al Mundial de México 1970.

En el torneo ecuménico, que ganó el Brasil de Pelé, los centroamericanos quedaron últimos en su grupo, con cero puntos y cero goles a favor, mientras que su portería fue perforada nueve veces en tres encuentros. Un triste papel.

Precisamente, poco después de concluido el juego definitivo, el coronel Armando Velásquez, entonces Embajador de Honduras en San Salvador, anunció lo peor: “Posiblemente haya una guerra”.

La serie de tres juegos entre los seleccionados de ambos países estuvo rodeada de provocaciones de lado y lado. “El partido de ida, el 6 de junio, se juega en Tegucigalpa, y los hinchas hondureños montan alrededor del hotel donde dormía el equipo salvadoreño un tremendo alboroto lleno de pitidos, petardos, chillidos y golpes a los cristales, todo con la obvia intención de impedir el descanso del equipo”, se lee en el libro de Kapuscinski.

“En el partido de vuelta, una semana después, en esta ocasión es el equipo de Honduras el que no duerme nada la noche anterior, les rompen los cristales de las habitaciones del hotel y arrojan dentro huevos podridos y ratas muertas…”, señala otro pasaje de la publicación del periodista polaco.

La serie de juegos por las Eliminatorias al Mundial mexicano fue uno de los detonantes de una cruenta conflagración, que se extendió hasta el 20 de junio y que se cobró entre 4 000 y 6 000 vidas. Además, hubo al menos 15 000 heridos.

El conflicto, que se exacerbó en los partidos de fútbol, sin embargo, tuvo otras motivaciones, que estaban muy alejadas de las canchas y de los graderíos. Ambos países, que se incluyen en la lista de los menos desarrollados del continente, arrastraban entonces, como ahora, conflictos sociales y económicos muy fuertes.

En medio del fuego cruzado entre los gobiernos de ambos Estados centroamericanos estaban 300 000 campesinos salvadoreños, que se habían instalado en territorio hondureño. Por su lado, los campesinos de este último país reclamaron tierras a su Gobierno, que terminó asignándolas las que ocupaban los labriegos venidos del vecino El Salvador.

Al final, el Régimen salvadoreño se negó a recibir a sus 300 000 conciudadanos y así contribuyó a alimentar las tensiones bilaterales, que alcanzaron su grado máximo en los estadios. “El desvarío patriótico culminará definitivamente gracias al fútbol”, resumió Kapuscinski.

Chile y su ‘triste historia’

El periodista argentino Pablo Aro Geraldes publicó un articulo, en el 2008, sobre lo ocurrido con el repechaje para el Mundial Alemania 1974, entre las selecciones nacionales de Chile y de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Tras ganar su tercer partido de desempate contra Perú, en Montevideo, a los chilenos les tocó disputar el último repechaje con el vencedor de la zona 9 europea, que fue la Unión Soviética.

Escribe Aro: “La cita de los chilenos se programaba entonces para el 26 de septiembre de 1973, pero no en París, como imaginaban, sino en el estadio Lenin, de Moscú. Un país amigo. Con la mente puesta en el repechaje con los soviéticos, planearon una gira de preparación por Guatemala, El Salvador y México, que luego de varias escalas los llevaría a tierras rusas. Antes de partir golearon 5-0 a un combinado de Porto Alegre”. La despedida se fijó para el 11 de septiembre, día del golpe de estado de Augusto Pinochet.

“Esa mañana, mientras el Palacio de la Moneda (sede del Gobierno de Chile) ardía bajo los bombardeos y Allende moría intentando defender el mandato popular, la Selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles con vistas a la visita a Moscú. Esa práctica jamás llegó a realizarse”.

El lateral izquierdo Eduardo Herrera jugaba en Wanderers de Valparaíso y durante sus días en Santiago se hospedaba en el Hotel Carrera, a 100 metros del escenario del golpe de Estado. Él tiene fresca la memoria de esa mañana con olor a pólvora: “Al llegar al campo de entrenamiento el técnico Luis Álamos nos ordenó que volviéramos a casa”.

El gobierno de Allende mantuvo estrechas relaciones con el Kremlin y todo el bloque soviético: once días después del golpe, la Unión Soviética rompió relaciones diplomáticas con Chile.

El honor en juego

Hasta el honor  de un país ha estado en juego en una competencia deportiva. La humillación de Adolfo Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, donde su atleta estrella fue derrotado por un estadounidense, y negro además. Luego, un equipo de fútbol  de la Alemania nazi, en plena II Guerra Mundial, fue fusilado por perder en Ucrania frente al equipo de  URSS.
 
En enero de 1942, mientras la II Guerra Mundial hacía estragos en Europa, en el estadio Centenario de Montevideo se disputaba el Campeonato Sudamericano de Fútbol. El 28 de ese mes se enfrentaron los seleccionados de Perú y Ecuador. Ganó Perú por 2 goles a 1. El 29 de enero de ese  mismo año,  se llevó a cabo la firma del Protocolo de Río de Janeiro.

El 30 de marzo del 2006 Israel bombardeó injustificadamente el Estadio Nacional Palestino de Fútbol en la Franja de Gaza.

La rivalidad  futbolística  entre Chile y Perú es una contienda deportiva entre los seleccionados nacionales de estos dos países. Esta rivalidad es conocida también como ‘el Clásico del Pacífico’.

La violencia

9-03-1946
Peleas   ocasionaron la muerte de 44 personas y heridas a otras 500 en el Burden Park de Bolton (Reino Unido),  tras el partido   Bolton Wanderers y el Stoke City.

23-05-1968
Mueren  71 personas, muchas  por asfixia, y otras 150 resultan heridas en Buenos Aires, en un partido entre el River Plate y el Boca Júnior.

20-10-1982
Murieron 340 hinchas y otros 1  000 resultaron heridos tras la avalancha en el estadio Lenin de Moscú, en el partido entre el Spartak moscovita y el Haarlem holandés.

16-10-1996
80 muertos y   150   heridos en la avalancha humana       en el estadio  Mateo Flores, de Guatemala, antes del  encuentro entre la selección local y la costarricense.

11-04-2001
En Johannesburgo mueren 43 aficionados y 150 resultan heridos  a causa del  exceso de público en el estadio Ellis Park, en el partido  Kaiser Chiefs y los Orlando Pirates.

23-05-2001
130 personas mueren en la capital ghanesa en  el encuentro entre el Accra Hearts y el Kumasi Ashanti, se produjo un enfrentamiento entre los aficionados.

01-01-2012
Los enfrentamientos entre los hinchas del Al Masri y del Al Ahly  causaron  74 muertos y cientos de heridos, en El Cairo,  Egipto. Tras este hecho hubo más protestas.

Ardiles, víctima colateral del conflicto bélico

Jaime Naranjo Rodríguez, periodista deportivo ecuatoriano, cuenta que el 2  de abril de 1982, en medio de la Guerra de las Malvinas, entre Inglaterra y Argentina, mientras se realizaba el partido entre los equipos Tottenham y Leicester City, los hinchas ingleses gritaban “England, England...”,  cada vez que Osvaldo Ardiles, jugador  del Tottenham,  tocaba la pelota.

Lo hicieron como rechazo a las pretensiones argentinas de ocupar el territorio insular de las Malvinas. Pero los seguidores del rival reaccionaron  y expresaban también con gritos su respaldo al destacado deportista sudamericano. Pero   la respuesta la pusieron los hinchas de los Spurs, quienes  replicaron apoyando a su jugador con un admirable ‘Argentina, Argentina’.  Por primera vez, lo que no conseguían ni la diplomacia ni las balas lo lograba la afición de un equipo. ‘Ossie’ Ardiles y Ricardo ‘Ricky’ Villa formaron una pareja histórica en el Tottenham. En agosto del 2011,  Ardiles presentó un libro de 320 páginas titulado ‘Ossie’s Dream’. Allí cuenta, entre otros pasajes  de su vida, lo que fue su paso deportivo por Inglaterra, período al que calificó como  la peor etapa de su vida por todo lo que pasó.

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