28 de August de 2010 00:00

La euforia mermó en el campamento

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Al día siguiente de conocerse la noticia de que los 33 mineros atrapados, a 700 metros de profundidad, estaban bien se vivía una gran actividad en las afueras de la mina San José, en el Campamento Esperanza. Las noticias se sucedían una tras otra, llegaba mucha gente a felicitar a los familiares al campamento. Arribó Leonardo Farkas, minero y político, a repartir dinero e incluso se transmitió un programa en directo desde aquí. Pero ahora, si no fuera por los camiones que vienen con las piezas para la máquina que perforará el túnel hacia el refugio, se diría que se trata de una pacífica aldea donde no pasa muy poco. Al día siguiente del milagro llegó un payaso que para el terremoto recorrió Talca y Constitución, y otro payaso que en vez de chistes les habla a los niños de la palabra Dios. Llegó una comunidad de gitanos evangélicos de Copiapó que instaló una carpa y cantó himnos religiosos en romané. Llegó el cónsul de Bolivia para hablar con la mujer de Carlos Mamani, el único extranjero del grupo. Y llegó el Ministro de Salud a supervisar el envío de medicamentos y alimentos. El lugar se ha llenado de lienzos que cuelgan entre las piedras. “Vamos carajo, un montón de tierra no puede con este puñado de atacameños”, dice uno. Otro: “Chile sin mineros no es Chile”. Juan Sánchez le escribió un cartel a Jimmy, su hijo, el más joven entre los atrapados: “Sabemos que Dios está iluminando tu camino para que regreses con tu familia”. Bajo una foto enmarcada, Sánchez puso la Biblia abierta en Nehemías 3-4. También puso una bandera de la U. Cuando la imagen salió por televisión, los jugadores le enviaron una camiseta autografiada para que se la entregue a su hijo, y la barra Los de Abajo desplegó en el último partido un lienzo con el nombre de Jimmy Sánchez.“Solo una vez tuve un mal presentimiento. Fue cuando el ministro dijo que se había tapado la chimenea. Ahí lloré, pero de rabia, porque todas las cosas estaban saliendo mal”. Sánchez padre también es minero y trabajó durante tres años en la San José. Hoy está en la Mantos de Cobre, en Tierra Amarilla. A los 17 años entró a trabajar por primera vez en una mina, llevado por su padre.“No me gustó cuando Jimmy entró a trabajar aquí. Mi yerno, que es minero, lo trajo y el domingo, cuando supimos que estaban vivos, se puso a llorar. Me dijo que se sentía culpable”.

Desde que saben que están vivos en el campamento se duerme a las 22:00. Antes de eso, nadie pegaba un ojo.

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