10 de April de 2014 16:10

Cuestionan la canonización de Juan Pablo II

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"Era un hombre de Dios, pero no es necesario hacerlo santo. Tendría que haberse retirado antes". Cuando faltan dos semanas para que Juan Pablo II y Juan XXIII sean proclamados santos por Francisco, empiezan a salir a flote algunas dudas sobre al papa polaco, como las que manifestó, en su momento, el cardenal jesuita Carlo Maria Martini, famoso intelectual progresista que murió en agosto de 2012.

Martini fue uno de los 114 testigos escuchados durante el proceso de canonización de Karol Wojtyla (1920-2005), que será proclamado santo en tiempo récord, a tan sólo nueve años de su muerte. Según reveló ayer el Corriere della Sera, basándose en La santidad del papa Wojtyla, un libro recientemente publicado por el historiador Andrea Riccardi, el cardenal jesuita no estaba muy de acuerdo con la canonización de Juan Pablo II.

En su testimonio durante el proceso, de hecho, Martini señalaba algunas "limitaciones" en acciones y decisiones del papa polaco. Entre ellas, algunas designaciones "no muy felices" de colaboradores, especialmente en los últimos tiempos; excesivo apoyo a los movimientos, "relegando de hecho las iglesias locales"; imprudencia al ponerse "en el centro de la atención -especialmente en los viajes- con el resultado de que la gente lo percibía como el obispo del mundo y quedaba opacado el rol de la Iglesia local y del obispo".

Martini, arzobispo emérito de Milán y prestigioso biblista, en su testimonio también destacó mucho los aspectos positivos de Juan Pablo II, "hombre de Dios y servidor fiel" de la Iglesia. "Su momento mejor era el encuentro con las masas y en especial con los jóvenes", dijo, al considerar, además, admirable "el coraje" demostrado después del atentado sufrido el 12 de mayo de 1981: "No se retiró mínimamente del contacto con la multitud, aunque lo expusiera al peligro". Fue "evidente", por otra parte, la virtud de la perseverancia "en una tarea ardua y difícil". Más allá de eso, eran patentes sus dudas sobre un Wojtyla "santo súbito".

"No quisiera subrayar más de lo debido la necesidad de su canonización, porque me parece que es suficiente el testimonio histórico de su dedicación seria a la Iglesia y al servicio de las almas", indicó Martini al dar su testimonio en la causa. Este jesuita sorprendió también al animarse a señalar que, quizá, Juan Pablo II, que no ocultó su sufrimiento y enfermedad durante los últimos años de pontificado, debería haberse retirado antes de morir. "No sabría decir si perseveró más de lo debido, teniendo en cuenta su salud. Personalmente pensaría que tenía motivos para retirarse antes", testimonió.

Martini no es el único que tuvo reservas sobre la canonización de Juan Pablo II, el reconocimiento de santidad más rápido de la época moderna, ya que Pío X fue proclamado santo por Pío XII en 1954, a 40 años de su muerte y Juan XXIII será proclamado santo el 27 de abril próximo, junto a Juan Pablo II, a 50 años de su muerte. "Este proceso está avanzando demasiado rápido, la santidad no necesita de carriles preferenciales", apuntó el cardenal belga Godfried Danneels.

Como recordó el Corriere della Sera, también se manifestó contrario Giovanni Franzoni, ex abad de la basílica de San Pablo Extramuros y teólogo disidente, que acusó al pontificado del papa polaco por diversos motivos, como la "oscura gestión" del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el banco del Vaticano, o la hostilidad contra el arzobispo Oscar Romero, asesinado en El Salvador cuando oficiaba misa en 1980.

Sectores ultratradicionalistas tampoco están de acuerdo con la canonización del papa que ayudó a derrumbar el comunismo porque esto "tendrá como efecto inmediato la consagración de todas sus empresas, también las más escandalosas", según dijo el obispo Bernard Fellay, jefe de los lefebvrianos, en alusión a la jornada de oración convocada en 1986 en Asís con representantes de todas las religiones del mundo y a las visitas a la sinagoga de Roma y a la mezquita de Damasco.

Finalmente, también hay descontento entre las asociaciones de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, que acusan a Wojtyla de haber protegido durante su pontificado al fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel, abusador serial que fue luego castigado por Benedicto XVI.

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