27 de April de 2011 00:01

EL COMERCIO recibió 1 334 cables de Wikileaks

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Ocurrió el 8 de febrero del 2011. Ese día un editor de EL COMERCIO recibió una llamada telefónica muy particular. Una persona que se identificó como miembro de la organización Wikileaks le preguntó al periodista, desde Londres, Inglaterra, si el Diario estaba interesado en recibir un lote de cables del Departamento de Estado de los EE.UU. relacionados con el Ecuador.

Para entonces, el tema Wikileaks, con Julián Asange a la cabeza, era bastante conocido en las redacciones de los medios del mundo y, quizá por eso, la llamada no fue del todo sorpresiva.

Se sabía que Wikileaks, una organización cuyo objetivo es hacer pública por todos los medios la información que el poder trata de esconder, tenía más de 250 000 cables del Departamento de Estado de los EE.UU., que habían sido robados por un militar que actualmente está preso.

Por esos días estaba fresca la noticia de cuando Wikileaks entregó, en noviembre del 2010, esos cables a los periódicos considerados más influyentes del mundo: The Guardian, de Inglaterra; El País, de España; Der Spiegel, de Alemania; el New York Times, de EE.UU.,y, Le Monde, de Francia.

Esa noticia había generado un gran revuelo. La divulgación de esa información, clasificada como secreta, representaba un golpe letal a la diplomacia de EE.UU. Ponía al descubierto no solo su forma de trabajar sino que exponía a miles de informantes de la más variopinta condición, entre ellos a gobernantes aliados.

Luego del episodio con los cinco grandes diarios, Wikileaks había entregado cables a periódicos de otros países, básicamente a los considerados de referencia en América Latina. Fue en medio de esas condiciones que llegó la llamada de Wikileaks a la Redacción de El COMERCIO.

El miembro de la organización que llamó a este Diario dijo que la información no tenía ningún costo y que para su entrega era necesario cumplir con algunos pasos y aceptar ciertas normas de confidencialidad. Por ejemplo, una vez que se hubieren entregado los cables a un delegado del Diario en persona y en Londres, estos solo podrían leerse en el Ecuador, luego del envío de unos códigos para desencriptarlos.

Uno de los puntos que esa organización exige para la entrega de los cables, por ejemplo, es que los computadores donde se manejen los cables no tengan ningún acceso a Internet. O que no se envíe, bajo ningún concepto, el material por correo electrónico o ninguna otra plataforma en línea.

Básicamente, las normas establecidas por Wikileaks buscan mantener alejados a los ‘hackers’ o piratas informáticos.

Luego de varias conversaciones telefónicas entre Wikileaks y este Diario, se acordó poner en marcha una serie de pasos para la entrega del material.

Así se llegó a los primeros acuerdos. EL COMERCIO enviaría a una persona hasta Londres para que reciba los documentos en las oficinas de Wikileaks. Esa delegada debería llevar únicamente un computador portátil y una flash memory, donde se almacenarían los cables encriptados.

Este medio decidió enviar, entonces, a una representante que estaba en Madrid, con quien Wikileaks inició una frecuente comunicación para coordinar la entrega. Se pedía, básicamente, un hermetismo absoluto.

“Durante unos 15 días no tuve confirmación sobre la fecha de la reunión”, relata la persona elegida para acudir a Londres. “El contacto me dijo que los informáticos estaban trabajando a contrarreloj para tener el material listo cuanto antes y que me avisaría. Durante este tiempo nunca perdí el contacto y recibía mails o llamadas a mi celular, siempre del mismo contacto.

La dirección de mail fue siempre la misma, pero nunca me llamaron desde un mismo teléfono, sino de números celulares distintos. Solo hasta el último momento, es decir la semana anterior (15 días después de la primera llamada), me hablaron de fecha concreta; nunca supe el lugar de la cita hasta la noche anterior. No obstante, siempre me trataron con mucha cordialidad y educación. Todo resultó fácil dentro del secretismo con que se manejan”.

La representante de EL COMERCIO llegó a Londres el viernes 1 de abril porque le habían citado para el sábado por la mañana. “Casi al aterrizar recibí una llamada del contacto para concretar hora y lugar al día siguiente. El encuentro se produciría a la salida de una parada de metro en el centro de la ciudad, y para reconocernos nos describimos el uno al otro”, relata la enviada. La cita era a las 10 de la mañana y por ser una zona comercial a esas horas había mucha gente.

“Estuve puntual en la parte exterior de la entrada al metro y a la hora acordada recibí una llamada del contacto que me decía que estaba llegando y que le esperara en un punto cercano. Eso hice y ambos arribamos al mismo tiempo”.

El contacto de Wikileaks fue mucho más joven de lo que esperaba, tenía menos de 30 años.

Caminaron unos pocos metros y entraron en un edificio victoriano. “La oficina de ellos estaba en el subsuelo. Era muy elegante, pero sin un solo papel, esferográfico, computador o teléfono. No había nada' Apenas una impresora, algunas mesas y unas sillas' Le pregunté por Julián Assange y me dijo que había estado con él un día antes. No sé si será lo habitual pero todo el secretismo con el que ellos trabajan desaparece con el trato, son muy cordiales”.

Luego procedieron a la transferencia del material. El integrante de Wikileaks entregó un documento y pidió a la representante de este Diario que lo leyera detenidamente y lo firmara. En la flash memory grabó la información y en su laptop instaló un chat encriptado. Como habían sufrido un ataque de ‘hackers’ no le podía entregar las claves en ese momento. Lo hizo días más tarde.

Desde hace tres semanas un equipo de editores se ha dedicado a leer y a clasificar miles de documentos por temas. Son 1 334 cables (secretos, reservados y desclasificados), enviados entre el 2004 y el 2010 desde Quito, al Departamento de Estado.

No todos los cables se difundirán. Siguiendo el acuerdo con Wikileaks, este Diario publicará notas con base en los cables que considere más relevantes para nuestros lectores, enviados en los gobiernos de Lucio Gutiérrez, Alfredo Palacio y Rafael Correa. Los cables publicados serán difundidos simultáneamente en Wikileaks y estarán a disposición de nuestros lectores en su versión original en El Comercio.com.

Los entretelones

El acuerdo. Wikileaks y EL COMERCIO firmaron un documento de compromiso el 2 de abril, en Londres, Inglaterra.   

Uno de los principales compromisos es proteger a los informantes de nivel medio de la Embajada de los EE.UU., que pueden sufrir retaliaciones. No así a los funcionarios públicos. 

También El Universo, de Guayaquil, recibió de Wikileaks, semanas antes, algo más de 300 cables, que difunde desde hace tres semanas.

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