23 de May de 2010 00:00

La otra cara de Adolf Hitler y Eva Braun

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Desde una tarde de octubre de 1929, cuando se conocieron Eva Braun y Adolf Hitler, una historia de amor comenzó en medio de una serie de conflictos políticos que desencadenaron en los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

Un flechazo y ella se convirtió en su compañera inseparable. Eso fue lo que sucedió para Heike Görtenmaker, historiadora berlinesa y autora de la biografía titulada ‘Eva Braun: su vida con Hitler’.

El texto, publicado por la editorial C.H. Beck, recopila las incidencias y pormenores de la relación que ella mantuvo con el Fuhrer alemán durante 16 años hasta su muerte, ocurrida el 30 de abril de 1945, en el búnker de la Cancillería, en el centro de Berlín, 40 horas después que se casaran bajo el padrinazgo legal de Joseph Goebels y Martín Bormann.

65 años después de aquel suceso, la escritora muestra una cara distinta de Eva Braun, la cual es muy diferente a la que el común de los expertos forjó de ella: una amante inocente y sin interés histórico.

Sin embargo, Görtenmaker señala en su texto que ella fue una mujer que ejerció hábil y plenamente su papel de primera dama del Tercer Reich.

En diversos pasajes del libro explica cómo siempre le mostró su incondicionalidad al ex dictador germano, a quien le dejó ver claramente que estaba dispuesta a serle leal e n su causa política.

Braun y Hitler se casaron un día y medio antes de morir. Antes del trágico suceso, Braun se encargó durante 16 años de sostener su relación sin que nadie, excepto los hombres de confianza del dictador, hubieran tenido la seguridad de poder atestiguar que ella era, realmente, la mujer detrás del genio maléfico que llevó al mundo a la peor catástrofe bélica que ha conocido la humanidad.

La genialidad de Braun, según la autora, construyó la imagen mediática de Hitler como un hombre de armas que también conocía la ternura. Eso le sirvió para que el pueblo alemán pensara que su mandatario era un hombre entregado a los intereses de su país y a la defensa de su pureza, sin descuidar los valores humanos. El Tiempo, colombia, GDA.

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