16 de April de 2014 08:41

Boston respira optimismo pero las víctimas siguen en un túnel un año después

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Boston respira optimismo, orgullo y normalidad un año después de unos atentados que sumieron la ciudad en un ambiente de guerra, mientras que las víctimas, especialmente los amputados, siguen persiguiendo progresos que llegan muy lentamente.

En el parque de los Comunes, el corazón de la ciudad, un hombre vestido con una camiseta con el lema "Boston Strong" choca la mano de aquellos que van a su oficina este 15 de abril, un año después de la mayor tragedia terrorista que ha golpeado Boston.

Solo la acumulación de camionetas satélite de las televisiones se asemeja a aquellos días de 2013, en los que la ciudad estuvo ocupada durante casi una semana por autos blindados, soldados de la Guardia Nacional y helicópteros Blackhawk sobrevolaban los cielos.

La dos bombas colocadas por los hermanos Dzhokhar y Tamerlán Tsarnaev mataron a tres personas y provocaron heridas a 260, que en 16 casos requirieron amputaciones de miembros y meses de operaciones.

"Hace un año todo esto quedó destrozado, pero el negocio ha vuelto a la normalidad", explica a Efe un camarero del Forum, un restaurante que se encuentra justo frente al lugar de la segunda explosión, la más alejada de la meta.

Lo que nadie sabía la tarde del 15 de abril de 2013 era que los que en ese lugar animaban a corredores o tomaban unas cervezas en el Forum o en el próximo Atlantic Fish iban a establecer unos vínculos únicos.

Eso le pasó a Paul Michienzie, un abogado que disfrutaba del soleado día en el Atlantic cuando estalló la segunda bomba, la que colocó Dzhokhar y mató a Martin Richard, de 8 años, y obligó a amputar la pierna de su hermana de 7 años, Jena.

Él salió ileso y ha decido crear una fundación "Fairing Better", que junto con una empresa de prótesis quiere proveer a todos los amputados con piernas más modernas y a medida, algo que puede llegar a varios miles de dólares y no cubren los seguros médicos.

"Como sobrevivimos estamos en deuda con ellos", explica Michienzie, que señala orgulloso de que la pequeña Jena ya tenga una de las prótesis y poco a poco se está acostumbrando a ella.

La meta de la maratón de Boston, que siempre fue un acontecimiento muy popular en la ciudad, ya se encuentra levantada en la calle Boylston preparada para recibir a los corredores el 21 de abril, fecha en la que coincide este año el tercer lunes del mes.

Los lazos amarillos y azules de "Boston Strong" están por toda la ciudad, en las solapas de la gente y un gran número de ellos aseguran que van a convertir la maratón del próximo lunes en una fiesta que pruebe que la ciudad no ha sucumbido a la tragedia.

"El año pasado nos salvamos de la explosión porque nos movimos cinco minutos antes, pero volveré a este lugar todos los años desde ahora para demostrar que Boston es fuerte", explica John Balensky en el escenario de la primera detonación.

La meta de la maratón es el gran trofeo a la normalidad para Boston, pero para muchos amputados solo un año de rehabilitación y de aprender a caminar con las prótesis no es suficiente.

Pese al optimismo inicial muchos siguen dando pasos pequeños y pensando en un futuro de grandes gastos para el que las donaciones puede que no sean suficientes.

Roseann Sdoia, de 47 años, quien perdió su pierna derecha, asegura que el proceso es muy lento y las heridas profundas, aunque las muestras de apoyo ayudan. "A veces uno se siente feo, se siente como un monstruo en una habitación", explicaba hoy a un canal local.

Marc Fucarile, doble amputado, fue el último herido en abandonar el hospital y la rehabilitación ha sido tan lenta que su última prótesis no ha llegado hasta febrero y aún quedan complicaciones por resolver.

El 15 de abril ha destapado en Boston las heridas frescas del atentado y algunos no podían contener las lágrimas al rememorar lo ocurrido o al pasar por el lugar de la explosión.

"Lo importante este año es que todos podamos terminar esta carrera que no nos dejaron terminar, así seguiremos demostrando que una ciudad con corazón", afirma Sharleen Colaeta, una corredora habitual en la maratón.

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