2 de May de 2010 00:00

‘Uno se puede arrendar,pero no se puede vender’.

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Alegría Ortiz, Redacción Siete Días

Cuando pensamos en trabajo pensamos en horarios, reglas, plazos de entrega y jefes. Sin embargo, hay quienes conciben el trabajo de manera diferente. Juan Fernando Andrade, cronista y novel escritor pertenece al grupo de los que piensan y viven el trabajo de una forma distinta.Su crónica ‘Confesiones de un pescador de coca’ recibió el premio Jorge Mantilla Ortega y será adaptada al cine. La película la dirigirá Sebastián Cordero.

Con ‘jeans’ y chanclas, Juan Fernando nos invitó a confirmar que su estilo de vida difiere del común de la gente trabajadora.

¿Nunca tuvo horarios?

Durante dos años estuve de planta con Dinediciones, escribiendo crónicas mensualmente. Luego escribí una novela y dejé el horario de oficina, aunque realmente nunca lo tuve. Iba tres días a la semana, cuatro horas diarias. Parte de mis ideales profesionales es nunca tener horarios. Siempre he buscado trabajos que me han permitido sustentarme dedicándome a lo que me gusta pero, sobre todo, pagarme el tiempo que me permite hacer otras cosas.

¿De dónde nace esta idea ?

Sobre todo de una decisión consciente. Al ver a un montón de gente frustrada nunca deseé eso para mí. Son decisiones personales. Tengo 29 años, no me he casado, no tengo hijos y eso en parte contribuye al estilo de vida que tengo. Es decir, tener menos para necesitar menos y poder gozar más. Si tuviera una familia con niños, la cosa sería distinta.



¿Esta forma de vida no le ha causado vacío o inseguridad?

Hay un vacío físico que es el vacío monetario. Al apostar por la libertad se paga un precio. Y ese precio es la estabilidad económica. Me ha pasado que me llegan días que son más duros que otros. Pero esos días me doy cuenta que tengo tiempo para mí solo. Es un poco tratar de balancear. Uno toma decisiones existenciales.

¿Cómo sería un mal día?

Empezaría con una madrugada, tener que levantarme antes que el sol y sin desayuno; odio madrugar. Pero creo que, sobre todo, sería hacer un trabajo que no me apasiona, que no quiero hacer, pero que necesito. Estar consciente de que me estoy vendiendo. Ese sería un pésimo día. Una cosa es venderte, pero otra cosa es venderte y estar consciente de eso; eso sí es peor.

¿Y un buen día?

Un mundo ideal es ese en el cual un miércoles a las nueve de la mañana digo como ‘no voy a la oficina y ayer me compré un libro, me voy a dedicar a leer ese libro’. Ese es el estilo de vida con el que sueño. Una vida en la cual el administrador sea yo, no mi gerente, ni mi editor. Las cosas para mí no fuesen posibles si yo estuviera enternado.

¿Qué es lo que más le atemoriza de un trabajo estable y tener horarios?

Es muy simple. Mi gran temor es que el trabajo se apodere de mi vida. Que yo dedique más tiempo al trabajo que a vivir. Si un día cualquiera no escuché música, no leí, no escribí algo o no miré una película es un día perdido, y perdido a cambio de qué.

¿Qué cree que es lo más frustrante de vivir una vida ‘con terno’?

Levantarse un día a los 50 años y sentir que uno no se parece en nada a la persona que soñó para sí mismo. Darse cuenta de que no se parece en nada a sus ideales debe ser bastante duro. Hay gente que sueña con ser banquero y tener un BlackBerry, y lo respeto. Si ese es tu estilo de vida, pues está muy bien, enhorabuena. Pero mientras seas ‘true to yourself’.

Seguro conoce y tiene amigos enternados...

Claro. Tengo estos panas que me dicen: ‘ yo lo que quiero es ver crecer a mis hijos’, y nunca los ven. Salen de su casa a las siete de la mañana y regresan a las diez de la noche. ¿Vale la pena o no? Claro que cuando se van de vacaciones se van un mes a Disney, a un hotel cinco estrellas. ¿Pero qué paso con los otros once meses del año? ¿Qué pasó con el resto de sus vidas? En eso no estoy dispuesto a claudicar. Uno se puede arrendar, pero no se puede vender.

¿Se considera una persona irreverente?

Uno no tiene que aceptar el estilo de vida que funciona para la mayoría y eso no es ser irreverente, es tener personalidad. No elimino ninguna moral. Si veo una persona de corbata no le voy a caer a palos. Lo que me cabrea es que la gente piense y crea que la felicidad viene de la mano del bienestar económico y el bienestar económico viene de la mano de las posesiones. Eso si ‘fuck you’; en eso no creo para nada. Hay gente que quiere más, y también hay gente que quiere menos, y las dos posiciones son válidas.

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