9 de May de 2010 00:00

Al quiteño le tocó topar fondo para aceptar el pico y placa

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Redacción Quito

Quito ya probó el pico y placa, la restricción vehicular, para mitigar la congestión. Pero ¿qué influyo para que la medida tenga un apoyo casi masivo de los conductores?El sociólogo Carlos León tiene una hipótesis. Para él, los quiteños aceptaron la restricción vehicular como un efecto de lo que se dice en los medios: “se difundía sobre el estrés que causa en los conductores el tráfico”.

León cree que un gran número de ciudadanos dejó de lado su falta de compromiso (con la ciudad), sus malos hábitos urbanos y sintió la necesidad de ser parte de una solución cuando superó el límite en el problema de la movilidad.

La Alcaldía calcula que en la ciudad circulan 420 000 vehículos a diario y que con el pico y placa salen 80 000 aproximadamente. En el primer día de la medida hubo 150 sancionados. El lunes debían salir de circulación 79 786 vehículos con placas terminadas en 1 y 2, es decir que solo el 0,19 % no acató la restricción vehicular.

La comunicación fue un factor que influyó. Para Bernardo Abad, presentador de noticias de la comunidad de Teleamazonas, hay dos razones para esa aceptación. “El apoyo y la difusión de los medios privados (prensa, radio y televisión). Y la segunda razón: la gente estaba cansada de la congestión”.

Abad cuestionó la campaña del Municipio. Cree que el mensaje no fue claro y se difundió tarde. Sin embargo, enfatiza que es el momento para buscar soluciones definitivas y no volver al problema en dos años. “Hay que planificar bien. Esta es solo una medida parche”.

Sin embargo, el sociólogo cree que hay más argumentos de fondo que hicieron que la medida sea respaldada. Uno de ellos, el involucramiento de los ciudadanos. Así, por ejemplo, León considera que la cotidianidad del empresario, del estudiante, del empleado público, estaba alterada por la dificultad al movilizarse y eso hizo que aceptaran un cambio.

Durante la primera semana, los tiempos de movilización mejoraron, según los mismos usuarios, especialmente en las arterias que comunican el sur con el norte de la ciudad.

Nelson Ayuquina es un ciudadano que instala un puesto de dulces en la puerta del Colegio Montúfar, en la av. Napo, en el sur. Él apoya el pico y placa porque ya no siente la contaminación y el ruido que percibía solo hasta la semana previa a la ejecución del pico y placa. Él trabaja 35 años en esa avenida.

Pero no todos respaldan la medida. Andrea Sotomayor, empleada privada, se opone. No le gusta viajar en los buses urbanos. Desde hace tres meses empezó a ahorrar USD 200 mensuales para financiar la compra de otro auto.

Con la medida, se identificó que el servicio de buses urbanos es una debilidad. Juan Pablo Solorzano, especialista en movilidad, dice que el cambio de actitud de los transportistas solo es posible con sanciones y una campaña de capacitación.

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