21 de March de 2014 16:00

Las Abuelas de Plaza de Mayo y el papa: de la sospecha a la esperanza

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La sospecha dejó paso a la esperanza: Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, da por zanjadas sus dudas sobre la actividad del papa Francisco durante la última dictadura argentina y celebra la revolución del pontífice, también en relación con los derechos humanos.

"Es una persona muy grata. Está dando muestras de querer hacer un cambio en muchas cosas", señaló Carlotto a la agencia DPA en París, donde participa en las actividades de Argentina como país invitado de honor al Salón del Libro en la capital francesa.

Carlotto, referente de los derechos humanos en Argentina y presidenta del organismo que ya devolvió la identidad a 110 niños robados durante la dictadura (1976-1982), explicó su rechazo inicial a Jorge Mario Bergoglio, los detalles de la reunión que mantuvo con él en El Vaticano y las razones de su cambio de opinión.

"Cuando lo nombraron papa, mis primeras palabras a la prensa no fueron muy positivas", recordó Carlotto, que al ser consultada por Bergoglio en marzo de 2013, días después de su nombramiento, consideró: "Forma parte de la Iglesia que oscureció el país".

"No nos había recibido nunca. No había hablado nunca de los desaparecidos ni de los niños robados. Además corría una versión de que había entregado gente. Así que ésa fue nuestra primera reacción: 'Uy, Bergoglio, que nunca hizo nada por nosotros", explicó ahora Carlotto.

"Después vino el patriotismo: es argentino, qué bien. Vamos a ver. Le dije a las abuelas: 'vamos a darle una oportunidad'. La oportunidad llegó el 24 de abril de 2013, cuando Carlotto se encontraba en Italia y el embajador argentino le ofreció contactarla con el papa.

"Nos recibió muy cordialmente en la audiencia general. Vino con los brazos abiertos caminando hacia nosotros. 'Hola Estela, ¿cómo le va?', me dijo. Recordó que teníamos una amiga en común. Hablamos así, como estamos hablando ahora. Me tomó las manos y las sostenía. Después vino el abrazo, el beso".

Carlotto, de 83 años, destacó que el papa escuchó "sin apuro" lo que tenía para decirle: "Que por favor la Iglesia interviniera para que podamos encontrar nuestros nietos. Porque la Iglesia tuvo su rol. Había lugares de la Iglesia en donde habían entregado a nuestros nietitos".

La otra abuela de Plaza de Mayo presente en la comitiva hizo al papa bendecir su pañuelo y Bergoglio conversó con el legislador porteño Juan Cabandié, hijo de desaparecidos. "Fue una entrevista muy buena", resumió Carlotto.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo hizo balance en París de lo que ocurrió tras ese pedido al papa hace ya un año: "Ha habido avances". "Al regresar a Argentina tuvimos una audiencia con el monseñor (José María) Arancedo, reemplazante de Bergoglio en el episcopado. Algo de información ya nos han dado.

No es muy importante por ahora, pero vamos a elaborar un informe para que tengan idea de lo que queremos". El pedido es concreto "Hay ciertos lugares determinados por los que sabemos que pasaron nietos nuestros. Si hay registros o archivos queremos verlos y tratar de encontrar su destino.

En ese sentido, las puertas (de la Iglesia) están abiertas", celebró. Carlotto, madre de una joven militante secuestrada cuando estaba embarazada y asesinada por el régimen militar, dio también por zanjadas las sospechas que pesaron sobre el papel de Bergoglio en la dictadura y las acusaciones sobre su papel como colaborador con el régimen.

"Surgió la verdad de su actitud y por parte de personas muy creíbles. No es cierto lo que se decía. Realmente salvó gente. Si uno le quiere criticar algo, es que no habló", consideró Carlotto. La activista mantiene ahora una relación "buena" con el papa marcada también por la esperanza en que contribuya a aclarar el destino de cientos de niños robados cuya identidad aún se desconoce.

"Yo soy católica, pero para mí no es un dios. Es un hombre que tiene obligaciones y facultades para hacer cosas", sostuvo Carlotto. "Hay que pedirle que las haga".

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