1 de octubre de 2017 10:43

Cargas policiales en Cataluña en caótico referéndum de independencia

Agentes de la policía nacional forman un cordón policial en el exterior del IES Tarragona. Foto: Jaume Sellart / EFE

Agentes de la policía nacional forman un cordón policial en el exterior del IES Tarragona. Foto: Jaume Sellart / EFE

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Agencia AFP

A golpe de porras y pelotas de goma, la policía española intervino este domingo 1 de octubre de 2017 en Cataluña para impedir el referéndum sobre la independencia, dejando casi un centenar de heridos en cargas contra los manifestantes que querían defender esta consulta prohibida por la justicia.

Desde primera hora de la mañana del domingo, policías y guardias civiles irrumpieron en distintos centros de votación en Cataluña, en ocasiones forzando puertas a golpes, para incautar papeletas y urnas e impedir así la celebración física de la consulta.

En muchos de ellos se habían concentrado desde antes del amanecer cientos de personas, para proteger los centros de la intervención de la policía.

Los agentes tenían orden de cerrar los 2 315 puntos de votación previstos, y al intervenir, no dudaron en cargar contra aquellos que opusieron resistencia, echando mano de porras, empujones y pelotas de goma, según varios testigos interrogados por AFP.

“Se han llevado las urnas por la fuerza, porque los presidentes de las mesas agarraban las urnas con las dos manos y se las arrancaban literalmente de las manos mientras nosotros seguíamos cantando Els Segadors (el himno catalán) y gritando 'Viva la democracia'”, explicó Marc Carrasco, apoderado del colegio barcelonés Ramón Llull.

Los servicios regionales de salud atendieron a 337 personas, entre las cuales había 91 heridos, uno de ellos grave, alcanzado en un ojo, indicó una portavoz. El ministerio del Interior informó por su lado de 11 agentes heridos: nueve policías nacionales y dos guardias civiles.

En los centros donde sí podía votarse se veían inmensas colas de gente esperando o depositando su papeleta en la urna, aunque el proceso era muy difícil por los numerosos fallos informáticos.

El portavoz del gobierno regional catalán, Jordi Turull, aseguró por su parte a mediodía que el 73% de las mesas electorales estaban funcionando.

“Mi voto y la satisfacción de haber votado no me lo puede quitar nadie, pase lo que pase. Incluso he llorado porque hace años que luchamos por esto, y he visto delante de mí una mujer de 90 años en silla de ruedas que votaba”, contó a la AFP en el pequeño pueblo de Lladó una votante, Pilar López, administrativa de 54 años.

En Nou Barris, un barrio barcelonés donde el apoyo a la secesión es escaso, los ánimos eran muy distintos, ilustrando cuán dividida está la sociedad catalana.

Enrique Calvo, un jubilado de 67 años procedente de la vecina región de Aragón, dijo que no ha votado porque no quiere “legitimar el proceso”. “Soy partidario del no, no por anticatalanismo, porque me considero catalán, sino porque no estoy de acuerdo con la manera en que se están haciendo las cosas aquí”, explicó.

“Esto está mal hecho tanto por el gobierno de la Generalitat como por el gobierno central en Madrid”, sentenció.

Por otro lado, en la capital catalana “la excepcionalidad” de lo ocurrido llevó al FC Barcelona a tomar la decisión de jugar a puerta cerrada el partido de liga de este domingo contra Las Palmas, explicó el club.

Cruce de acusaciones

El presidente de Cataluña, el independentista Carles Puigdemont, denunció enérgicamente las actuaciones policiales, arremetiendo contra “el uso injustificado, irracional e irresponsable de la violencia por parte del Estado español”.

El propio Puigdemont no pudo votar en el polideportivo donde había previsto hacerlo inicialmente, ya que la Guardia Civil entró en él por la fuerza para incautar el material electoral, ante las imprecaciones de decenas de personas.

El dirigente votó en otro colegio, gracias a que a última hora el gobierno catalán instauró un censo único, por el que los 5,3 millones de catalanes convocados pueden votar en cualquier centro abierto.

La vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, cargó sin paliativos contra él, y acusó a su equipo de actuar “ con una absoluta irresponsabilidad”. “Continuar esta farsa no tiene ningún sentido, no lleva a ningún lugar, deberían ponerle fin de inmediato”, añadió la vicepresidenta.

Años de tensión

El referéndum de este domingo, cuya pregunta es “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de República?”, culmina años de creciente tensión entre Madrid y el gobierno de esta región con lengua propia, que cuenta con 7,5 millones de habitantes y representa el 19% del PIB español.

Aunque dividida sobre la cuestión de la secesión, más del 80% de los catalanes reclama esta consulta, rechazada por el gobierno español de Mariano Rajoy, que la considera anticonstitucional.

Desde su convocatoria a principios de septiembre, rápidamente suspendida por el Tribunal Constitucional, la justicia y el gobierno españoles emplearon todos sus recursos para impedirla, incluyendo el envío de 10 000 refuerzos policiales, sin conseguir laminar la determinación de Puigdemont.

Previsiblemente, muchos partidarios del no optarán por abstenerse en esta votación prohibida, temerosos de que una alta participación refuerce a los dirigentes independentistas.

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