1 de septiembre de 2016 00:00

Multas no evitan la presencia de excremento en Quito

DIEGO PALLERO / eL COMERCIO Sebastián Galarza, propietario de una mascota, recoge los excrementos usando una toalla de papel, en La Carolina.

Sebastián Galarza, propietario de una mascota, recoge los excrementos usando una toalla de papel, en La Carolina. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 24
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Mayra Pacheco

Caminar con la mirada al piso, esquivando posibles obstáculos, se ha vuelto una práctica común en la urbe. En las aceras, parterres o parques, los transeúntes primero observan que el espacio esté despejado para dar un paso. El propósito es evitar mancharse con excrementos de animales.

La normativa para sancionar a quienes no limpian los excrementos de mascotas, vigente desde el 2011, no ha eliminado la presencia de estos desechos en los espacios públicos.

En los parques Río Grande de Solanda, en el sur, y en La Carolina, en el norte, la situación es similar. Las personas que visitan estos espacios se enfrentan al problema de sortear excrementos de animales.

En Quito, según la Secretaría de Salud, se estima que hay alrededor de 600 000 perros. De estos, 120 000 (20 %) han sido abandonados. Es decir, no tienen un dueño responsable de su cuidado.

Narciza Zuña, quien camina a diario una hora, en Solanda, acostumbra a ir despacio para fijarse que el sendero se encuentre limpio. Un descuido le podría provocar un desagradable y maloliente incidente.

En criterio de esta usuaria, en el parque Lineal Río Grande de Solanda se requiere instalar señalización para advertir las sanciones por no recoger los excrementos de animales. “Pocas personas traen fundas para recoger el ‘popó’. Hace falta más sensibilización”.

Los desechos de estos animales se encuentran, indistintamente, sobre áreas verdes, jardineras, senderos o pavimento. Incluso, el pasado martes se evidenció la presencia de estos restos junto a la puerta del área canina del parque La Carolina y en el interior de este espacio, destinado a la recreación de los perros.

En este lugar, cerca de la puerta, sí se cuenta con una valla informativa sobre las normativas que sancionan a los dueños de los animales por no recoger los excrementos de las mascotas y pasear a los perros sin correa y collar. Pero el mensaje no llega a todos.

Miguel Tupiza, encargado del aseo en el parque La Carolina, contó que a diario debe retirar los excrementos de mascotas del suelo. Él utiliza fundas o recipientes vacíos para dejar limpia el área. “Hay leyes para los dueños de animales, pero no cumplen”.

En Quito se cuenta desde el 2011 con dos ordenanzas municipales para regular la tenencia de animales. Una, la 332, sobre la recolección de desechos, y la 048, de fauna urbana. En estas se establece una multa de USD 73,20 (20% de un salario básico) para las personas que transiten con animales domésticos sin tomar las medidas necesarias para evitar que estos ensucien: aceras, calles, parques... La sanción es alta si se compara con Guayaquil o Colombia.

En Guayaquil, según la Ordenanza de Apoyo a la Protección Integral de los Animales, la multa es de USD 20 y 60 en caso de reincidencia. Y en Colombia, de acuerdo con el Código de Policía, la misma falta se sanciona con USD 32,64
(96 000 pesos colombianos).

El cumplimiento de esta normativa, en Quito, lo ejerce la Agencia Metropolitana de Control (AMC). Los operativos están a cargo de la brigada de espacio público.

Las Comisarías de Aseo, Salud y Ambiente de cada administración zonal y los inspectores de Fauna Urbana se encargan también de este tema.

Para los propietarios de perros, más que control y sanciones es necesario que los amos sean sensibles y se pongan en los pies de los otros: aquellos que van sin animales.

“Las personas deben pensar que la ciudad es su casa y deben mantenerla limpia”, comentó Freddy Guzmán, propietario de Lucky, una perra mestiza. Guzmán comentó que siempre que sale con su mascota se asegura de llevar en su mochila fundas para recoger los desechos. No hacerlo demuestra, para Guzmán, una falta de educación y de cultura.

Pedro Méndez, cuidador de perros, tiene también la misma costumbre. Antes de salir con Camila (bulldog) y Chocolate (doberman) guarda varias fundas en su canguro. Él está consciente de que el ‘popó’ genera impactos negativos para el ambiente y la salud.

Aparte de las infecciones que podrían generar las heces, estos desechos dan lugar a la formación de plagas en la ciudad: roedores e insectos, precisó Felipe Moreno Piedrahíta, doctor en Medicina Familiar.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (3)
No (0)