29 de November de 2009 00:00

Mujica es el favorito para la Presidencia

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Santiago Estrella Garcés. Desde Montevideo

Ahora, como hace cinco años, Uruguay está a un paso de vivir otro gran momento histórico. Aún se conserva en la memoria de algunos montevideanos aquel 1 de marzo de 2005, cuando llegaba al poder el Frente Amplio, luego de más de siglo y medio de alternancia en el poder de los dos partidos tradicionales (el Nacional o Blanco y el Colorado).

Luego de la exitosa administración de Tabaré Vázquez en la Presidencia, Uruguay está a un paso de vivir otra experiencia sin precedentes en Sudamérica. El candidato del FA, José Mujica, es el amplio favorito para ganar las elecciones. Todas las encuestadoras serias le dan una victoria y no se animan siquiera a imaginar un revés que favorezca al candidato blanco, Luis Alberto Lacalle.



Las elecciones
Los uruguayos eligirán hoy entre dar continuidad a la izquierda con el ex guerrillero José Mujica o hacer realidad la “revolución silenciosa” que espera el ex presidente liberal Luis Lacalle.
El acto eleccionario tiene como complicación -sobre todo en los circuitos rurales- las inundaciones que se registran en varias zonas del país sudamericano. Así, por primera vez, un ex guerrillero llegará a la Presidencia por la vía electoral. Y eso se siente en las calles. “Por Pepe”, dice Roberto, un mesero de La Pasiva, famoso restaurante de chivitos (sánduche tradicional). “En 12 años no me habían aumentado el sueldo. Pero con el Frente, sí. ¿Cómo no voy a votar por el Pepe?”.

“No. Pepe no gana. Roba”, dice el carpintero Ramón Algibal. Robar, en el lenguaje del Río de La Plata, significa una amplia e irreversible diferencia. A tal punto es la sensación, que si bien cuenta con algo más del 50% de los votos según las encuestas, el 80% de los uruguayos cree que será el vencedor, según Interconsult.

“El Frente Amplio es lo mejor que ha pasado al país. Los otros gobiernos solo servían para meter la mano en los bolsillos. Mucha corrupción. Y si hay corrupción en el FA, es muy poca, si es que la hay”, añade Marianela García, una empleada.

“Yo no sé aún por quién votar. Me encanta Tabaré, pero Mujica no es Tabaré, así que quizá vote en blanco”, comenta sin tapujos Marcelo, un taxista.

El estilo campechano de Mujica, un hombre que vive en una humilde chacra, que apela a refranes, que no pronuncia las eses al final, ha sido para algunos su gran desventaja, como si no estuviera preparado para ejercer el cargo presidencial.

Irene, por ejemplo, no tolera que “un viejo vizcacha que vive en una covacha" (paráfrasis del Martín Fierro, la obra gauchesca más importante de Argentina) sea Presidente. “Es muy vulgar, no sé cómo puede presentarse una persona así, como Presidente de los uruguayos, a los foros internacionales. Es una vergüenza. Pero tratan de disfrazarlo de yupi, le ponen terno, le arreglan los dientes. Es imposible, va ser el gauchesco de siempre y no lo soporto”.

Su pasado guerrillero también le juega en contra. Aunque los encuestadores dicen que ese no es su principal desventaja y recomendaron a los candidatos no usarlo como recurso de campaña, muchos no olvidan.

“Es un subversivo, un asesino, que secuestraba y mataba a gente. No puedo votar por alguien así”; dice Yolanda Britos, una empresaria de la fumigación.

En realidad, el candidato presidencial Mujica ha declarado, en infinitas ocasiones y mucho antes de ser candidato, que aquellos ideales de una revolución cubana como pregonaba su movimiento guerrillero tupamaru, ya no son posibles en este tiempo. En realidad, ha demostrado su gran admiración por el modelo del presidente brasileño Lula.

Punto de vista

Eduardo Bonomi,/ ex ministro trabajo, ex Tupamaru

Reglas claras para la inversión

Nosotros asumimos un gobierno que tenía USD 12 500 millones de PBI y una deuda igual. Hoy tenemos un producto interno de USD 32 500 millones, es decir lo multiplcamos casi por tres y una deuda que es menos del 40% de ese PBI.

Cuando el aumento de salarios va acompañado por el aumento de la producción no tiene por qué haber desempleo ni inflación, que más bien bajó.

La ortodoxia económica que se aplicó en las anteriores administraciones consistía en bajar el costo, el salario, la capacidad de consumo y bajar inversión pública.

Pero nosotros pasamos por la última crisis mundial casi sin que nos tocara manteniendo el aumento del salario, el gasto social y la inversión en obra pública.

Pero el desarrollo del aparato productivo no podía hacerse desde el Estado, sino del sector privado. Y como Uruguay tuvo poca capacidad de ahorro, esa inversión tenía que ser extranjera. Pero hubo reglas claras para la inversión que tenían que cumplir los inversores en lo laboral, salarial, condiciones de trabajo y salud, seguridad y normativa laboral.

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