31 de julio del 2015 00:00

¿Beneficiará la muerte del mulá talibán Omar al grupo Estado Islámico?

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Agencia AFP

La muerte del jefe del jefe de los talibanes, el mulá Omar, amenaza con empujar a muchos yihadistas de la región a los brazos del grupo Estado Islámico (EI), que quiere expandir su “califato” a Afganistán, consideran los analistas.

Los talibanes afganos se enfrentan desde principios de año a la deserción de comandantes, desilusionados con el liderazgo del discreto mulá Omar y atraídos por el jefe del EI, Abu Bakr al Bagdadi.

La muerte del mulá Omar, hace dos años, fue anunciada el miércoles 29 de julio por los servicios secretos de Pakistán y los talibanes la confirmaron este jueves sin precisar la fecha del deceso.

El EI triunfa en zonas en las que los talibanes han fracaso en los últimos diez años, tomando el control de un territorio que abarca amplias zonas de Iraq y Siria, donde proclamó un “califato”.

A principios de enero, una decena de excomandantes talibanes juraron lealtad colectivamente al EI, que inmediatamente los nombró a la cabeza de su rama en el Jorasán, una región que reúne a Pakistán y Afganistán, histórica cuna de los talibanes y de Al Qaeda.

“Si no consiguen ver un futuro en el movimiento” talibán, “si no están de acuerdo con las negociaciones de paz (...) algunos combatientes podrían dejar las filas de los talibanes”, explicó Rahimulá Yusufzai, un experto paquistaní en el movimiento talibán regional.

La dirección de los talibanes había dado su apoyo tácito a las negociaciones de paz, iniciadas en julio en Pakistán, pero un comunicado publicado esta semana advirtió que la oficina política del grupo “no está al corriente de este proceso”, lo que genera dudas sobre la viabilidad de las negociaciones.

Guerra de propaganda

Antes de que empiecen a aflorar preguntas sobre quién sucederá al mulá Omar y si optará por la palabra o por el kalashnikov, los grupos yihadistas ya libran otra guerra, la de la propaganda.

El EI publicó recientemente una fatua (edicto) que afirmaba, antes del anuncio de las autoridades afganas, que el mulá Omar había muerto y que los talibanes de Pakistán y Afganistán debían jurar lealtad a su “califa”, Abu Bakr al Bagdadi.

La fatua presentaba al mulá como un “nacionalista” afgano, interesado solo por la toma del poder en Kabul y no por la creación de un califato mundial, y aseguraba que Al Bagdadi desciende de la tribu árabe de los Qureshis, a la que pertenecía el profeta Mahoma.

Al Bagdadi “es el imán de la época (...), mientras que el mulá Omar no fue más que un día, en el mejor de los casos, un antiguo jefe de una de las numerosas tierras del islam”, añade el EI, que también difundió un vídeo en el que uno de sus presuntos miembros degüella a un “traidor” en la provincia afgana de Nangarhar.

En esta batalla propagandística los talibanes están poco armados. El mulá Omar, al que no se había visto en público desde finales de 2001, hacía ya unos años que no publicaba mensajes de audio.

Los últimos discursos que se le atribuyen, como el de mediados de julio con motivo de la fiesta Eid el Fitr, que celebra el fin del Ramadán, parece que fueron escritos por otros miembros de la rebelión que buscarían sacar provecho de su fama.

Una 'bendición' para el EI

“Estas mentiras (...) provocarán dificultades para los talibanes en sus propias filas”, considera Waheed Muzhda, analista afgano de los círculos islamistas.

“Los talibanes quizás se dividan; puede que un pequeño grupo continúe con las negociaciones de paz, pero que la mayoría de los talibanes se una a otro grupo como el Daesh” (acrónimo en árabe del EI) , menos implantado en el territorio afgano pero más radicales que los talibanes, vaticina Muzhda.

“No hay duda de que la muerte del mulá Omar es una bendición para el EI. Un importante número de talibanes, desencantados por el largo silencio de su jefe, tendrán ahora más razones para dejar el movimiento y unirse al EI”, consideró por su parte Michael Kugelman, investigador en el instituto Woodrow Wilson de Washington.

“Por otra parte, el EI no ofrece grandes esperanzas” a los talibanes, matiza por su parte Yusufzai. “Esta organización todavía es débil (en Afganistán, ndlr) y también padece una crisis de liderazgo”, tras la muerte de algunos de sus dirigentes locales en bombardeos estadounidenses.

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