24 de marzo de 2017 07:36

Hosni Mubarak, 'el último faraón', vuelve a casa 

Esta foto de archivo tomada el 18 de mayo de 2008 muestra al entonces presidente egipcio Hosni Mubarak hablando durante un discurso ante el Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio en el Centro de Congresos Internacional de Sharm el-Sheikh. Foto: AFP

Esta foto de archivo tomada el 18 de mayo de 2008 muestra al entonces presidente egipcio Hosni Mubarak hablando durante un discurso ante el Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio en el Centro de Congresos Internacional de Sharm el-Sheikh. Foto: AFP

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Agencia DPA
El Cairo

Durante tres décadas, Hosni Mubarak fue el líder indiscutido de Egipto, el país árabe más poblado del mundo, hasta el 11 de febrero de 2011. El expresidente, que hoy tiene 88 años, abandonó el poder después de varias semanas de protestas y fue acusado más tarde de ser corresponsable de la muerte de más de 800 manifestantes.

Este viernes, Mubarak fue puesto en libertad después de pasar casi seis años en prisión. A principios de mes, el Tribunal Supremo lo había declarado inocente de ser responsable de la muerte de los manifestantes.

Antes de convertirse en el primer gobernante árabe en prisión, Mubarak gobernó Egipto durante casi 30 años con mano de hierro y era llamado "el último faraón".

Mubarak, quien en la guerra contra Israel de 1973 fue comandante de la Fuerza Aérea, llegó a la cúpula del Estado a través de su carrera militar, al igual que sus antecesores Gamal Abdel Nasser y Anwar el Sadat.

Esta foto de archivo tomada el 6 de octubre de 2016 muestra al ex presidente de Egipto Hosni Mubarak saludando a la gente desde su habitación en el hospital militar de Maadi en El Cairo, mientras sus partidarios se reúnen para celebrar el 43 aniversario d

Esta foto de archivo tomada el 6 de octubre de 2016 muestra al ex presidente de Egipto Hosni Mubarak saludando a la gente desde su habitación en el hospital militar de Maadi en El Cairo. Foto: AFP


En 1975, Sadat lo nombró vicepresidente. Allí, se ganó el apodo de "la vache qui rit" (la vaca que ríe), al aparecer la mayoría de las veces junto al presidente con una sonrisa tonta dibujada en el rostro.

Tras el asesinato de Sadat, el 6 de octubre de 1981, el vicepresidente pasó a ser jefe de Estado. El mismo Mubarak sobrevivió a seis intentos de asesinato.

Nacido el 4 de mayo de 1928 en el delta del Nilo como hijo de un empleado público, Mubarak fue considerado pronto un presidente sin visiones: apostó por la apertura económica sin democratización. Y apartó enseguida a los políticos que le parecía que se hacían demasiado populares, como el entonces ministro del Exterior Amre Mussa.

A nivel interno, tuvo una política zigzagueante. Procedió con mano dura contra extremistas islámicos que actuaron en los años 90 contra intelectuales, turistas extranjeros, cristianos coptos y empleados públicos. Más tarde hizo grandes concesiones a los islamistas menos radicales, cuya influencia aumentó continuamente entre la población.

Fotografía de archivo tomada el 29 de abril de 2015 que muestra al expresidente egipcio Hosni Mubarak durante su juicio en El Cairo (Egipto).  Foto: EFE

Fotografía de archivo tomada el 29 de abril de 2015 que muestra al expresidente egipcio Hosni Mubarak durante su juicio en El Cairo (Egipto). Foto: EFE


A sus dos hijos Alaa y Gamal les proporcionó puestos en el partido y lucrativos negocios, pero lo que más le jugó en contra, según creen diplomáticos extranjeros, fue la exagerada ambición de su mujer Suzanne, que al parecer fue la impulsora de la idea rechazada por muchos egipcios de que su hijo Gamal se convirtiera en su sucesor.

Mubarak, que a los 84 años se seguía tiñendo el pelo de negro intenso, fue obligado por el Ejército a dimitir el 11 de febrero de 2011. Antes, inspirados por la revolución en Túnez, decenas de miles de de egipcios habían salido a la calle para pedir su marcha al grito de "¡Desaparece!".

El 11 de febrero de 2011 dejó El Cairo y se marchó a su casa vacacional en Sharm el Sheij. Pero su estancia allí no duró mucho. Mubarak fue detenido y acusado de corrupción y de responsabilidad en la represión y los disparos a los manifestantes de la plaza Tahrir. Debido a su supuestamente mal estado de salud, se le permitió pasar el periodo de prisión preventiva en un hospital.

Como presidente del país árabe, Mubarak entendió rápidamente la necesidad de solucionar conflictos regionales y se convirtió durante décadas en mediador en el contencioso palestino-israelí, un papel alabado por muchos gobiernos occidentales que después lo dejaron caer.

Durante 20 años, fue el jefe de Estado más influyente de la región. Solo en sus últimos años le disputó ese lugar el aún más anciano monarca Abdullah de Arabia Saudí, que aprovechó su título de "guardián de los lugares santos" para perfilarse como "personalidad islámica influyente".

En sus visitas a El Cairo, los representantes de gobiernos occidentales solían callar sobre violaciones a los derechos humanos, aunque el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, tras su llegada al poder, intentó en varias ocasiones, sin éxito, convencerlo de la necesidad de implementar reformas políticas.

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