21 de January de 2010 00:00

Morir o morir…

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Milagros Aguirre

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Otra vez los rumores y bulos. Otra vez sombras de caminantes desnudos por la selva que, sigilosos, vigilan, aguardan, están al acecho. Que han visto dos. Que han visto 10. Que sus huellas están aún tibias en el lodo de los caminos. Que sus silbidos se han escuchado en las  cercanías a Miwaguno… aquí, tan cerca de las carreteras, sobre antiguas plataformas petroleras, tan cerca de nosotros… Que han ido a verles… que han disparado al aire para ahuyentarlos (esperemos que sea así y no al cuerpo), que no falta quien quiere ir a buscar sus casas…

¡Qué lejos está Copenhague de la selva profunda! ¡Qué vacías suenan las promesas de protección a la vida, cobijadas por propaganda sobre el Yasuní-ITT con las que se anunciaba su salvataje! ¡Supeditamos su existencia a los recursos que recibiríamos del extranjero!

Han pasado cinco meses desde su aparición violenta en Los Reyes Unión 2000. Los supuestos “pueblos protegidos” por el Estado y por las “políticas” acabaron con la vida de una familia, evidenciaron los vacíos legales existentes: alguna garantía de supervivencia han de tener también los otros, los atacados en uno más de los contactos violentos registrados en la zona. Ahí todavía no ha pasado nada. Ni siquiera se ha resuelto el tema de un generador que debía de apagarse según lo dictó una “comisión internacional” convocada por el propio Ministerio del Ambiente e ignorada por el Ministerio de Energía y por una compañía petrolera. Se capeó el temporal y se lo cubrió con el velo del olvido. Hasta hoy, que vuelven a sonar  los ríos con la huella invisible de su presencia…

 Probablemente los tagaeri-taromenani han emprendido un camino sin retorno… de tanto ir a ninguna parte, presionados por todos los costados, están apareciendo por aquí, tan cerca… O mueren escondidos en el monte, o morirán en manos de las imprevisiones, de la necedad de creer que no quieren saber nada del mundo que les rodea, de la testarudez de pensar que son como los guacamayos, sin curiosidades, sin aspiraciones, sin miedos, sin problemas (“libres como el viento” y en plena armonía con la selva) sin… alma…

Mientras tanto, nadie sabe qué hacer… seguimos sin  planes de contingencia, sin protocolos claros, a lo que venga… cruzando los dedos para que no haya otro desenlace violento en esta historia repetida.  Pasmados, tomando nota de los bulos y de las visiones, conteniendo los miedos de algunos y las furias de otros. Mientras eso sucede cerca de un carretero,  el Gobierno deshoja margaritas sobre la explotación o no del ITT.

Los tagaeri-taromenani están rondando nuestras cercanías pese a los discursos y políticas de papel con los que hemos pretendido regir su destino…  

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