12 de agosto de 2015 00:00

La primera promoción de tejedores de la paja toquilla se graduará

Durante las tardes, los estudiantes perfeccionan sus técnicas en el Centro de Formación. Foto: Patricio Ramos /EL COMERCIO

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Patricio Ramos
(F-Contenido Intercultural)

El tejido fino del sombrero de paja toquilla es una tradición manabita que se busca que trascienda en el futuro. Por ello, 20 artesanos se graduarán el 20 de este mes como expertos en el tejido, en la comuna Pile, ubicada en la zona rural del cantón Montecristi.

Del total de estudiantes, 12 tienen entre 16 y 22 años y el resto hasta 50 años. Ellos estudiaron durante un año y medio en el Centro de Formación Artesanal Pile (CFAP) y se convierten en el futuro de esta actividad artesanal que data de 4 500 años antes de Cristo, asegura Libertad Regalado, quien es autora del libro ‘Las hebras que tejieron nuestra historia’.

Regalado reconoce que aunque en el poblado de Pile, en el sureste de la provincia, el 70% de sus 2 500 habitantes es tejedor innato, los jóvenes estaban desmotivados y empezaban a dedicarse a la agricultura, pesca o emigraban a ciudades como Manta, Guayaquil o Quito en busca de un empleo.

Pero hace 18 meses la expectativa cambió, cuando este centro de formación artesanal empezó a funcionar en un edificio, que fue construido con un aporte de la Refinería del Pacífico. El tejedor y maestro del CFAP, Domingo Carranza, cuenta que no fue fácil motivar a los jóvenes. “Pero cuando se les habló que ellos son el futuro para seguir con esta tradición y, además, pueden obtener un título como artesanos, las cosas cambiaron”.

En Pile, los habitantes aprenden este oficio mirando, como lo hicieron su padres, abuelos, hermanos y tíos. Con cuidado y concentración, entrelazan las finas hebras de paja toquilla, una fibra que es cosechada en el interior del bosque húmedo de Pacoche (Manta).

Según Regalado, los estudios realizados por historiadores nacionales y extranjeros dan cuenta que el tejido de paja toquilla está presente en figuras de las culturas que se asentaron en Manabí como la Manteña, Jama-Coaque, Valdivia, entre otras. “Pero la comercialización del sombrero empezó a fines del siglo XVII”.

Los nuevos tejedores como Daniel López, de 16 años, no conocen los detalles históricos de este tejido, pero les interesa mantener la tradición de su pueblo. Él cursa el segundo año de bachillerato y por las tardes después de hacer sus tareas escolares se dedica a mejorar su destreza en el tejido.

López y Keila Espinal, de 18 años, comparten el aula del Centro de Formación Artesanal. Ella aprendió esta labor mirando a su madre y ahora teje con entusiasmo cuando está con sus amigos. En su casa prefiere ayudar en las tareas domésticas. Asiste al Centro de lunes a viernes, entre las 14:00 y las 18:00. Allí, los capacitadores perfeccionan sus técnicas y les enseñan sobre los acabados de los sombreros.

Fidel Espinal tiene 50 años y desde 35 se dedica al tejido de sombreros de paja toquilla. “Pile es la cuna del tejido fino, aquí desde niño se aprende este arte con hebras muy finas, por eso la producción de sombreros finos, extrafinos y superfinos solo se realiza en este poblado”.

Para Espinal, quien se inscribió en el curso de tejido, la oportunidad de obtener un título como artesano le permitirá acceder a préstamos. Con ello quiere viajar y promocionar los sombreros que en Pile los vende a un precio módico.

El director del Centro de Formación Artesanal Pile, Kelvin Muñoz, asegura que el trabajo de capacitación desarrollado entre la Junta Provincial del Artesano de Manabí y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural ha sido importante para lograr una motivación entre los jóvenes y que puedan ser artesanos calificados.

Según la directora del Instituto Nacional de Patrimonio en Manabí, Karina Arteaga, una vez que esta primera promoción alcance el título de artesano, podrán ser comercializadores directos de los sombreros y no hacerlo a través de intermediarios como ocurre ahora.

Sus creaciones están en exhibición en el Centro de Formación Artesanal de la comunidad. Allí, los turistas pueden comprarlos de forma directa. En el último año han vendido 120 unidades en precios que oscilan entre los USD 80 y 500.

Estas creaciones se caracterizan por ser muy ligeras, elegantes y cómodas. Tejer un sombrero fino puede llevar entre tres meses y un año.

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