10 de septiembre de 2016 19:23

1 200 mochilas recibieron niños del Programa Chicos de la Calle

Los beneficiarios se mostraron contentos con las mochilas pues representa un estímulo para estudiar. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

Los beneficiarios se mostraron contentos con las mochilas pues representa un estímulo para estudiar. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

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Redacción Sociedad

Jeremy y Brandon, de 7 y 8 años, corrieron cerca de cuatro cuadras para no retrasarse al evento. Agitados entraron al auditorio de la Politécnica Salesiana, en el centro norte de Quito. Ahí iban a recibir mochilas con cuadernos, lápices, pinturas y esferos en su interior.

Ayer, viernes 9 de septiembre,  los miembros del Proyecto Salesiano Chicos de la Calle desarrollaron un programa, antes de entregar los kits escolares que les servirán a los niños para este año lectivo 2016-2017.

El coliseo lucía lleno de niños, niñas y adolescentes de los programas Mi Caleta, Golazo, Acción Guambras, Unidad Educativa San Patricio y Talleres Escuela San Patricio.

Los discursos de bienvenida al evento y los videos que se proyectaron pusieron inquietos a los dos niños que solo querían una cosa: que les entreguen rápido las mochilas para ver qué llevaban dentro.

El padre Francisco Sánchez, director del Proyecto, recordó que la iniciativa de entregar los kits empezó hace siete años. “Es un incentivo para que no deserten de la escuela o que sus familias dejen de enviarlos a estudiar”. Este año se entregaron 1 200 conjuntos.

El religioso puntualizó que la donación es para los chicos con mayor vulnerabilidad, sobre todo aquellos que están en la calle o que deben trabajar para colaborar con la economía de sus familias.

Antes de la entrega de las mochilas, se hizo un balance de lo que ocurrió el año pasado. De las 986 estudiantes que recibieron las mochilas en Quito, 835 aprobaron el año escolar, 93 desertaron y 49 repitieron.

Los estudiantes que desertan atraviesan por diferentes problemas. Según Sánchez hay chicos que consumen drogas, otros que migran a otras ciudades por el trabajo, entre otras circunstancias.

Jeremy y Brandon revisaron cada una de los artículos cuando recibieron las mochilas. Dijeron que los cuidarán y que esto les ayuda para estudiar. “Mis papás no podían comprarme. No tenía mochila para ir a la escuela”, dijo Jeremy.

Ellos también observaron las presentaciones del grupo de danza tradicional de la Universidad y de la agrupación de baile urbano. Luego, salieron con rumbo al Estadio Olímpico Atahualpa. Ahí iban a vender caramelos antes de un encuentro de fútbol.

Los tres hijos de Fernanda T., de 15, 11 y 8 años también recibieron las mochilas. Los kits le ahorraron, según sus cálculos, USD 45 por cada uno. Hace tres meses está desempleada y no sabía qué hacer para completar la lista de útiles.

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