16 de septiembre de 2015 00:00

Militares y policías instalan albergues temporales

Los soldados de la Brigada Patria llevan agua a los poblados rurales afectados por la  ceniza del volcán. Foto: Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO.

Los soldados de la Brigada Patria llevan agua a los poblados rurales afectados por la ceniza del volcán. Foto: Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO.

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Sara Ortiz

Cada mañana los dos tanqueros de la Brigada de Fuerzas Especiales Patria se llenan con 3 000 litros de agua potable cada uno. Cruzan los caminos polvorientos de las parroquias rurales cercanas al volcán Cotopaxi y distribuyen el líquido entre los pobladores. Los niños son los primeros en acercarse. Se emocionan como si recibieran juguetes o caramelos cuando ven sus cubetas llenas.

La caída de ceniza en las semanas pasadas hizo que los sistemas de agua comunitaria se llenaran de ceniza en los poblados de Mulaló, Boliche, Pastocalle Alto, San José de Tenería, Las Playas, El Chasqui, Romerillos, entre otros.

La distribución de agua es una de las actividades que realizan los 2 500 uniformados destinados a colaborar con las tareas de prevención de riesgos relacionados al proceso de erupción del Cotopaxi.

Para Rocío Iza, presidenta de la Junta Parroquial de la comunidad de Pastocalle, el número es insuficiente. La mujer explicó que durante los primeros tres días que cayó ceniza en el lugar no hubo presencia policial ni militar. “Estamos olvidados”, dijo. Esto es -asegura-porque la comuna se asienta en el límite de las provincias de Cotopaxi y Pichincha. La semana pasada, en el barrio de las Chacas, los pobladores aseguraban que escucharon versiones sobre la emergencia.

En ese lugar no hay señal de celular e Internet. Por eso tienen poca información de las fuentes oficiales. Mientras que todas las noticias llegan desde vecinos o por las autoridades desde la Junta Parroquial.

La visita, una vez por semana, de los militares y policías en ese lugar también sirve para aclarar dudas sobre si serán o no evacuados. Además ayudaron a limpiar la casa de algunas personas, como la de Amanda Chugchillán, de 87 años.

A partir de las declaraciones de la alerta amarilla y del estado de excepción, el 15 de agosto, los organismos de socorro o el Gobierno pueden disponer de los 42 000 militares que hay en el país y destinarlos a tareas de gestión de riesgos. La Ley Orgánica de Defensa Nacional ordena a las Fuerzas Armadas a participar en actividades complementarias a su función principal, que es mantener el orden y velar por la soberanía.

A partir de este momento, las Fuerzas Armadas diseñaron cinco ámbitos de atención: adecuación de albergues, distribución de agua potable, limpieza de ceniza, intervención en simulacros y planificación.

Carlos Fuel, comandante de la Brigada Patria, indicó que todas las tareas que se realizan en los poblados están enfocadas, sobre todo, en dar ayuda los grupos vulnerables como niños, mujeres embarazadas, personas de la tercera edad y con discapacidad.
“Las Fuerzas Armadas estarán donde las necesiten, pero no podemos disponer para que todo el personal vaya casa por casa y, por ejemplo, evacuar a la gente. La gente que debe tener su propio plan, elaborar su mochila de emergencia y salir hacia los puntos seguros”, dijo. Recordó también que en todos los simulacros que se han realizado ha participado personal militar.

Cifras de la Brigada Patria indican que desde la declaración de alerta amarilla, los soldados han movilizado 15 812 enseres como cobijas, toallas, comida, extintores, platos, etc., hacia los 139 albergues que están dispuestos en Cotopaxi. El jueves de la semana pasada los pobladores de Pastocalle recibieron 900 pacas de heno para el ganado. Al temor de no tener pajonal para alimentar a las vacas se suma la presencia de bandas de robo de ganado en los poblados agrícolas. La Policía también dispuso un contingente para dar seguridad en los poblados, albergues y patrullar las áreas en donde pastan reses y corderos.

En la Unidad de Policía Comunitaria de Mulaló, por ejemplo, los policías recibieron la orden de elaborar una lista sobre las personas con discapacidad y de la tercera edad que necesiten ayude en el caso de una evacuación. Allí viven José Luciano Lugsa, de 90 años, y su esposa Aurora Cayancela, de 78. Los policías, a diario, pasan por su casa para asegurarse que no tengan problemas médicos relacionados con la caída de ceniza. Por ejemplo, problemas respiratorios o molestias en los ojos. La pareja es la más anciana en todo Mulaló.

En la vía al Pedregal, la Policía realiza un control para evitar que personas se aproximen al Cotopaxi. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

En la vía al Pedregal, la Policía realiza un control para evitar que personas se aproximen al Cotopaxi. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

Los policías además colaboran con la adecuación de los sistemas de alertas y de albergues. En Alaquez, una de las zonas de mayor riesgo de lahares, los agentes comunitarios del sector tienen a cargo participar en los simulacros.

También disponer de los patrulleros y otros vehículos para movilizar la población vulnerable y para ayudar a distribuir el rechazo del plátano, que el Ministerio de Agricultura dispone para alimentar al ganado.

Los simulacros de escritorios son otras actividades en las que están inmersas tanto la Policía como las Fuerzas Armadas. Cada semana asisten a dos o tres reuniones de trabajo con el Comité de Operaciones de Emergencia de Cotopaxi, para determinar planes de emergencia. Allí se detalló que, de ser necesario, la Policía debería controlar el tránsito de las carreteras y evitar saqueos.

En contexto

La Constitución determina que las Fuerzas Armadas y la Policía tienen a cargo la seguridad el país. En el caso de emergencias volcánicas o de tipo natural, las dos instituciones también deben participar en trabajos de búsqueda de heridos y personas fallecidas.

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