3 de April de 2010 00:00

Miles de personas fueron a Jerusalén

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Jerusalén.  DPA
mundo@elcomercio.com

Miles de cristianos de todo el mundo marcharon ayer  por la Vía Dolorosa de Jerusalén y recrearon el camino que hizo Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario parando en las catorce estaciones del Vía Crucis.

El Viernes Santo reunió  a peregrinos de los cinco continentes en las estrechas calles de la Ciudad Vieja, que devolvían el eco de cánticos en latín, árabe, español, italiano, griego e incluso cingalés.

Cruces de madera de olivo transportadas por mujeres, jóvenes “scouts” o vecinos de Jerusalén, peregrinos con los pies descalzos y la figura de Jesucristo representada por un fiel que caminó con la cruz a cuestas y una corona de espinas que hacía sangrar su rostro, eran ayer  las imágenes más vistosas de la procesión.

Todos recorrieron la Vía Dolorosa parando en cada una de las estaciones y recordando los momentos de mayor sufrimiento de Cristo camino del Gólgota donde fue crucificado. En la primera de las estaciones, donde hoy se encuentra un colegio musulmán, los franciscanos, que lideraban la procesión, recordaban el interrogatorio de Poncio Pilato y la condena de Jesús después de que el procurador romano se lavase las manos y liberase a Barrabás.

A pocos metros y en sucesivas estaciones grupos de fieles iban parando de nuevo para recordar la carga de la cruz y la corona de espinas colocada a Jesús, su primera caída en el camino o el encuentro con su madre María.

Todos los momentos vividos por Jesús en su camino fueron recordados,  excepto el momento en que pide a las mujeres de Jerusalén que no lloren por él, situado en la octava estación. “Caminar siguiendo los pasos de Cristo y hacer el camino que él hizo antes de morir por nosotros es una experiencia extraordinaria”, dijo Isabelle, una peregrina francesa que vive la Semana Santa de Jerusalén por primera vez.

“Es algo precioso y un sentimiento divino estar en el lugar en el que Jesús dio sus últimos pasos antes de morir para salvarnos”, afirmó la mexicana Herlinda.

Ellas y todos los peregrinos ayer en Jerusalén acabaron las celebraciones en el Santo Sepulcro, donde se encuentran las cinco últimas estaciones del Vía Crucis que recuerdan la crucifixión en el Gólgota junto a dos ladrones, la unción de su cuerpo y su sepultura. La llegada al destino final, el más conglomerado del camino, acabó, con enfrentamientos entre la policía israelí y un grupo de cristianos palestinos.

Los jóvenes palestinos esperaban el permiso de las fuerzas de seguridad para entrar en el Santo Sepulcro, pero ante las restricciones al paso irrumpieeron la barrera policial. Las puertas de acceso al Santo Sepulcro fueron cerradas por unos minutos hasta que los enfrentamientos fueron controlados.  Jerusalén volvía a ser escenario de un enorme despliegue policial para evitar choques entre cristianos, judíos y musulmanes, cuyas celebraciones religiosas coincidieron ayer.

Como cada viernes los musulmanes de Jerusalén acudían a rezar a la mezquita de Al-Aksa, uno de cuyos accesos atraviesa la Vía Dolorosa e interrumpía el Vía Crucis. Los judíos, que celebran su pascua, trataban también de hacerse paso por otro de los puntos de la Vía Dolorosa camino al Muro de las Lamentaciones.

Cristianos de Jerusalén, Irak, España, México, Zimbabwe y otros  países llevaron a cabo celebraciones a las que palestinos cristianos  de  Ramallah o Belén no pudieron asistir por la negativa del ejército israelí a conceder permisos para cruzar Cisjordania.

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