15 de septiembre de 2015 06:58

Los migrantes, desesperados tras el cierre del principal paso hacia Hungría

Un refugiado muestra su documento de identidad y los de otras personas en su misma situación en la estación ferroviaria de Györ, a unos 119 km al oeste de Budapest (Hungría).

Un refugiado muestra su documento de identidad y los de otras personas en su misma situación en la estación ferroviaria de Györ, a unos 119 km al oeste de Budapest (Hungría). Cerca de 80 refugiados fueron obligados a bajar del tren en Györ tras partir ayer desde Budapest con rumbo a la frontera con Austria.

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Agencia AFP

Una quincena de policías húngaros, cruzados de brazos, se instalan en la vía férrea para impedir a los migrantes el acceso de Serbia a Hungría. Una mujer con un bebé se echa a llorar.

Ebahi, su marido, intenta consolarla. Otras mujeres y niños rompen en llanto.

Esta familia, entre otras muchas que huyen de las zonas en guerra de Siria, Irak y Afganistán, es una de las primeras en tropezar con el cierre del paso de Röszke, uno de los más importantes para entrar en la Unión Europea.

"Había oído decir que los húngaros iban a cerrar su frontera pero nos decían que sería el martes", lamentó el lunes Hasán, un sirio de unos 30 años originario de Alepo que quiere ir a Suecia.

Los policías, uniformados y equipados de cascos y porras, permanecen impasibles. Nadie pasará. Otros colocan un alambrado en la vía.

Pronto se unen a ellos decenas de colegas, algunos de ellos a caballo, y militares. Los helicópteros sobrevuelan la zona.

Con cuentagotas

Desde que Budapest colocó una alambrada en los 175 km de la frontera serbo-húngara, el paso por la vía férrea de Röszke, de unos 40 metros, era el único lugar por el que transitaban los migrantes que entraban en Hungría.

El lunes por la noche, la frontera estaba cerrada  y la vía de ferrocarril bloqueada por un vagón unido a una alambrada de espino.

Decenas de refugiados seguían llegando. Entre ellos mujeres, niños o ancianos en sillas de ruedas.

Un joven lleva en brazos a un anciano extenuado. Lo deja en el suelo delante de policías inflexibles. Descansa cinco minutos.

Dos intérpretes que trabajan para las autoridades húngaras aconsejan a los migrantes tomar un sendero que bordea el cierre.

Llegan a un puesto fronterizo oficial situado a 2 km al oeste. Aquí un cierre metálico bloquea las dos vías utilizadas normalmente por los coches. Se ha improvisado un corredor de un metro de ancho y unos cincuenta de largo entre bloques de piedras y el cierre.

Aquí se hacinan los migrantes autorizados a entrar con cuentagotas en Hungría, país miembro de la Unión Europea (UE) donde este martes, 15 de septiembre de 2015, entró en vigor una nueva legislación para impedir el paso de migrantes a su territorio.

Impera la calma, interrumpida sólo por alguna que otra discusión entre refugiados impacientes por entrar en Hungría.

Según una empleada del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), una vez en territorio húngaro, los refugiados son transportados en autobuses a la estación de Röszke.

"Un tren con muchos vagones espera para partir. También hay 13 autobuses que esperan y otros que siguen llegando", declaró a la AFP. Ella cree, aunque no lo puede confirmar, que el destino final es la frontera con Austria.

En el lado serbio de la frontera con Hungría, cientos de migrantes se amontonan. Dos policías observan la situación sin intervenir. Las autoridades de Belgrado optaron por mantener un perfil bajo desde el comienzo de la crisis migratoria.

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