11 de marzo de 2015 21:22

Coyotes y chulqueros trafican con migrantes de Chimborazo

Vías lastradas unen a las comunidades indígenas de Guamote, de donde era el migrante fallecido en México. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO.

Vías lastradas unen a las comunidades indígenas de Guamote, de donde era el migrante fallecido en México. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO.

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Cristina Márquez

En Gramapamba, una comunidad indígena situada en los páramos de Guamote, en Chimborazo, los vecinos recuerdan poco de Ángel, el joven de 24 años que presuntamente pretendía llegar sin documentos a los Estados Unidos.

En su vivienda, una pequeña casa hecha con adobes de tierra y cubierta con láminas de zinc, sus familiares lamentan haberle apoyado en su sueño de vivir en el exterior. El pasado sábado él se quitó la vida en el interior del baño de varones de un refugio para migrantes en la ciudad mexicana de Morelia.Ángel iba a ser deportado a Ecuador, tras ser detenido en un paso fronterizo junto con otros 33 migrantes.

Su cuerpo será repatriado en cuanto concluyan los estudios forenses y se calcula que podría ser este fin de semana. Por pedido de sus padres, el cuerpo llegará a Cañar, en donde será velado.

Él habría dejado su comunidad natal junto a sus padres Pedro y María hace 12 años, pues viajaron a Biblián, en donde supuestamente se contactaron con una red de coyoteros que ofrecieron trasladarle a EE.UU.

Nadie conoce los detalles del viaje, pues a pesar de que en las comunidades eso no es un secreto, nadie quiere hablar.

En cuanto los investigadores preguntan, la gente prefiere conversar entre ellos en kichwa y luego callan. Sin embargo, las investigaciones revelan, por ejemplo, que son “grandes mafias” dedicadas al coyoterismo. Pero no solo eso, sino que se determinó que se asocian con chulqueros que prestan dinero a la gente y exigen como prendas sus casas y terrenos.

Ellos les consiguen poderes notariales y les vinculan con extranjeros. Aparentemente tienen contactos en países de Centroamérica, como México y también en Estados Unidos. Esos datos los conoce Humberto Cordero, subsecretario de la denominada Comunidad Ecuatoriana Migrante.

Para él, es difícil cuantificar cuántos migran de forma irregular, pues el modo de operación de las redes de coyoteros “es casi imperceptible”.

infografía coyotes

No obstante, datos de la Cancillería señalan que en el 2014 y en lo que va de 2015 se han reportado 135 denuncias de desapariciones de personas en tránsito irregular hacia Estados Unidos. De ese número, se han resuelto 74 casos.

Apesar de que la mayoría de migrantes sale de la zona austral, en Chimborazo los cantones más afectados son Chunchi, Alausí, Guamote y Colta. Según el Sistema Integrado de Indicadores Sociales, en las comunidades indígenas hay al menos dos migrantes por familia.

Por eso, para los comuneros de Gramapamba, los intentos fallidos para llegar al país del norte no son nuevos, aunque el de Ángel es el primer caso de fallecimiento que conocen los comuneros. En el 2014, María T., una joven de 16 años, fue detenida en México cuando intentaba reencontrarse con sus padres. Luego fue deportada.

AMaría le ofrecieron ayudarla a cruzar la frontera, pero debía pagar USD 15 000. En cuanto aceptó fue trasladada a Cañar y allí se reunió con otros migrantes. Viajaba acompañada de su tío, quien también fue deportado. Precisamente la ruta ilegal para llevar migrantes pasa por Cañar, hasta la frontera norte (ver infografía).

Otros viajan solos. “Ellos son los más vulnerables porque están a merced de desconocidos, hay casos de abuso sexual, violencia física, intimidación (…) eso ocurrió con Joselin Noemí, una niña de 12 años que se quitó la vida tras ser violentada por los coyoteros”, dice Cordero.

La forma de seducir a las víctimas también ha cambiado. Antes los coyoteros vendían la idea de un trabajo bien remunerado en el exterior, pero hoy convencen a los jóvenes con la idea del reencuentro familiar.

Martha Loyo es trabajadora social del MIES y conoce estos hechos, porque desde el 2011 atendió 13 casos de personas recuperadas del tráfico ilegal.

Ellos fueron sometidos a un proceso de reinserción y recibieron terapias psicológicas, ayuda escolar y hasta créditos para los emprendimientos.

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