29 de April de 2011 00:00

El miedo

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En contraste con la atmósfera de libertad vital en una sociedad abierta en nuestro país se respira miedo.

Mal asunto en vísperas de una consulta popular que puede condenar de modo definitivo la independencia de poderes propia de los sistemas democráticos. Ocurre que la profundización del hiperpresidencialismo y la concentración de poder, ya advertida en los eternos articulados de la Constitución, son un peligro real a la vuelta de la esquina.

Como si esto fuera poco, las libertades individuales también corren riesgos.

La libertad de expresión que, como hemos dicho, es una extensión de la libertad de pensamiento y se expresa en la libertad de prensa es un valor fundamental de la democracia.

La libertad de expresión no pertenece a los periodistas y a los medios sino a la gente de la calle. A los sindicatos y a los gremios empresariales, a los indios y a los mestizos, a los partidos de izquierda y de derecha y el ejercicio abierto de la expresión plural de ese pensamiento a través de los medios también corre peligro.

En el articulado de la consulta la posibilidad de que cualquier persona que tenga otra actividad pueda invertir su dinero en medios de comunicación quedaría condenada. No está bien. Claro que se advierte que ese impedimento sería para los medios de alcance nacional pero a nadie escapa que hoy todos los medios de cualquier pequeña localidad pueden ser, no solamente citadinos y provinciales, sino nacionales e internacionales con la plataforma de la Internet.

Además, se insiste con una pregunta tramposa que induce a instaurar un mecanismo de regulación de los contenidos de los medios con un consejo cuya composición podemos advertir como politizada y controlada. Es decir, la misma teoría que se trató de imponer en la Ley de Comunicación que intentaba un consejo para controlar y sancionar a los medios. Un atentado contra la libertad de expresión.

La libertad de expresión es un derecho humano consagrado en los instrumentos internacionales y continentales de los cuales el Ecuador es signatario.

Contra la libertad se alienta el miedo a un gobierno implacable con sus críticos que no ha dejado de insultar y descalificar a la prensa. Que ha ahogado los programas de opinión en la TV que conducían periodistas polémicos y que clava cadenas para replicar en espacios de radio y TV a periodistas como Jeaneth Hinostroza o Bernardo Abad, como hizo antes con Carlos Vera o Jorge Ortiz hasta que salieron de la pantalla.

En democracia los medios están para revelar, para sacar a la luz, lo que el poder quiere ocultar y entender esa lógica es esencial. Por eso requerimos vencer el miedo, no callar, no intimidarse ante los insultos y embestidas del poder para conservar lo poco que nos queda de ese aspecto de la democracia: el derecho a opinar.

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