30 de marzo de 2016 18:58

Michel Temer, el político que se cansó de los bastidores y quiere presidir Brasil

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff (der), conversa con su vicepresidente, Michel Temer (izq). Foto: EFE

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff (der), conversa con su vicepresidente, Michel Temer (izq). Foto: EFE

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Agencia AFP

Cuando Dilma Rousseff recibió en diciembre del 2015 el primer golpe del impeachment, Michel Temer se destapó con una carta de despecho donde denunciaba ser un “vicepresidente decorativo”: después de tres décadas en la sala de máquinas del poder brasileño, este glacial abogado ya no quiere las sombras, quiere gobernar Brasil.

Se hará con los mandos hasta 2018 si Rousseff no sobrevive al juicio político que se gesta en un Parlamento en rebeldía. Especialmente después de que él mismo haya gestionado el desembarque de su decisivo partido de un gobierno al que llegó como número dos y del que se convirtió en verdugo.

En la última exhibición de su calculada prudencia, Temer no participó de la reunión en la que el poderoso PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño, centro), el partido que dirige desde 2001, anunció entre vítores su abandono a Rousseff.

Una vez más, este estratega de andar erguido y aire distante prefirió observar desde las bambalinas, pero consciente de que ahora los focos le buscan a él.

A los 75 años, Temer lleva meses coqueteando con un protagonismo que siempre le huyó. Pero tras sobrevivir casi 30 años en los envenenados pasillos de Brasilia, supo dosificar las señales de que su matrimonio de conveniencia con Rousseff ya no le convenía.

Visto por los mercados como el torniquete que puede frenar la hemorragia económica en Brasil, presentó en octubre un documento donde criticaba los “excesos” del gobierno que vicepresidía y trazaba las líneas liberales para la recuperación del país... o para su futuro mandato.

Semanas después, sin embargo, trató de frenar la euforia de sus compañeros de partido, que le recibieron en un acto al grito de “¡Temer presidente!”.

“Por el momento, no. Gracias. Vamos a esperar a 2018. Vamos a montar un candidato, un gran nombre del PMDB. Yo estoy cerrando mi carrera”, afirmó.

Pero el terremoto político que lleva meses sacudiendo a Brasil no ha dejado a nadie donde estaba, o donde decía estar.

Poeta en la sombra 

El lunes, Temer sorprendió con una contundencia inédita al avanzar que su partido iba a romper la coalición de gobierno.

No se esperaba de alguien conocido por su templanza un enfrentamiento tan directo, como tampoco era fácil imaginar que este discreto político se desnudara en un libro de poesía o que a los 75 sumara tres matrimonios, cinco hijos nacidos en cuatro décadas, y que compartiera su vida con una exconcursante de certámenes de belleza 43 años más joven que él.

Michel Miguel Elias Temer Lulia nació en 1940 y creció en una chacra del interior paulista como el menor de ocho hermanos de una familia de inmigrantes libaneses católicos llegados a Brasil 15 años antes.

En Sao Paulo se convirtió en un prestigioso abogado constitucionalista -es autor de una obra de referencia que ha vendido más de 200 000 ejemplares- e inició la carrera que lo llevó a ser tres veces presidente de la Cámara de Diputados durante sus seis mandatos como legislador del PMDB.

“Sorprende que un constitucionalista adopte una posición tan abiertamente golpista, y es lo que está haciendo Michel Temer ahora. Va a entrar en la historia como un golpista” , valoró a la AFP Alfonso Florence, líder del gobierno en la Cámara.

Su distancia siempre le apartó de los brasileños que, en unas supuestas elecciones a las que concurriera, entre otros, con el líder de la oposición, Aecio Neves, o el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, le darían a lo sumo el 2% de los votos, según un sondeo de Datafolha.

“Dicen que tengo que cambiar mis maneras, que soy demasiado ceremonioso. ¿Pero cómo? Siento envidia de quien hace bromas. Yo no sé hacer eso”, contó a la revista Piauí en 2010.

El naufragio 

La protección de los bastidores, sin embargo, no impidió a Temer verse salpicado por el megaescándalo de corrupción en Petrobras.

En su explosiva delación premiada que tiene a Brasilia en llamas desde hace un mes, el senador oficialista Delcidio Amaral afirmó que el líder del PMDB nombró directamente a dos de los directivos de la petrolera estatal condenados por el fraude y piezas clave del expolio.

Aunque su nombre ya había aparecido en otras confesiones, la Justicia nunca ha presentado cargos contra Temer, que niega cualquier relación con el asunto.

Al mismo tiempo, el Tribunal Superior Electoral (TSE) investiga su candidatura junto a Rousseff, por supuesta utilización del dinero del esquema corrupto en la campaña electoral de 2014.

Pese a que por ahora es poco probable, un fallo del TSE en su contra podría hundirles juntos.

Y en pleno naufragio, suenan desconcertantes los versos de “Embarque”, uno de los poemas que Temer escribía en servilletas hasta que en 2013 dio el paso de publicarlos en su libro “Anónima intimidad”.

“Embarqué en tu nave
Sin rumbo. Yo y tú
Tú, porque no sabías
Para dónde querías ir
Yo, porque ya tomé muchos rumbos
Sin llegar a ningún lugar”.

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