14 de November de 2009 00:00

A mi hija le doy helados y caramelos tipo ‘light’

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Sociedad 

La pequeña Caterine no se separa de sus padres Mario Rodríguez y Elizabet Núñez. Tiene 8 años y es la consentida de casa.

El jueves, los tres acudieron a una reunión más de la Fundación Ecuatoriana de Diabetes. A esa organización pertenecen desde hace dos años, cuando en una clínica privada, en el sur de Quito, los médicos detectaron que la niña tenía diabetes.



Marchas y encuentros
A propósito del Día Mundial de la Diabetes, hoy se desarrollará una marcha. Esta partirá desde las avenidas Naciones Unidas y Amazonas (norte de Quito) hasta la Cruz del Papa, en el parque La Carolina. 
Entre las 08:00 y las 13:00 de hoy, el Club de Leones pone en marcha una brigada gratuita diabética. La cita será entre  las av. Naciones Unidas e Iñaquito. Tel: 08 458 6038.
Entre el jueves y ayer también se llevó a cabo, en Quito, el encuentro internacional para tratar el tema del sobrepeso y sus principales secuelas como la diabetes y la hipertensión.Esta enfermedad no es más que un desorden del metabolismo y los niños pueden nacer con la enfermedad. Cuando aquello ocurre, a este cuadro se le  denomina diabetes tipo 1. Allí, el páncreas no produce o genera poca insulina, elemento necesario para convertir el alimento en glucosa (mayor energía del cuerpo). El primer síntoma visible  de la alteración es el exceso de sed.

Los padres de Caterine se percataron de inmediato del cambio. Además, perdió el apetito y comenzó a orinar en la cama. La mamá recuerda que de inmediato la llevaron al doctor. “Cuando nos dijeron que mi hija estaba enferma no podía creerlo”. Lo primero que pensó el papá fue por qué les tocó a ellos.

En el país no existen estadísticas oficiales del número de personas afectadas. Pero se calcula que 443 000 ecuatorianos sufren esta dolencia y que de ellos al menos 100 000 son niños. 

Precisamente hoy se recuerda el Día Mundial contra la Diabetes. El médico  Mario Acosta, quien en el hospital pediátrico Baca Ortiz trata a 56 niños, dice que las cosas cambiaron positivamente para los pacientes. “Ahora un niño o cualquier otra persona diabética puede hacer una vida normal. Y existen comidas específicas para ellos”.

A Caterine le gustan los dulces y no ha dejado de comerlos. “Sí soy golosita, me gustan los caramelos y helados. Mis papis sí me dan lo que quiero”, relata.    Pero consume solo alimentos ‘light’. 

Eso también ayudó a Paúl Mancheno. A él le detectaron diabetes cuando apenas tenía 3 años y la semana pasada cumplió 17. “Recuerdo que cuando era niño mis amigos en la escuela chupaban helados, compraban caramelos y yo lloraba porque no podía hacerlo...”.  

La madre de Paúl, quien hoy vive en Ibarra, pidió a la profesora que lo cuidara y que no permitiera que comiera dulces. “Han pasado 14 años y las cosas son diferentes. Cuando uno se cuida  todo marcha bien, pero cuando no vienen las recaídas”, cuenta él. 

Paúl  se lamenta cuando recuerda que la enfermedad afectó económicamente a sus padres. Clemente  Orellana, quien está especializado en diabetes, indica que tratar a un paciente con esta enfermedad puede costar hasta USD 200 cada mes. 

A  los padres de Karen Lozano, por ejemplo, se les hace difícil cubrir este monto. Anita Hernández y Julio Lozano aún deben USD 270 en la Fundación de Diabetes. Allí pudieron obtener a crédito las tirillas para medir la glucosa de la niña y no pueden pagar. La mamá vende libros y el papá es maestro de construcción. Los dos juntan USD 450 al mes. Anita dice que eso no les alcanza, porque únicamente del arriendo pagan 60 al mes, de la luz y el agua 40 más. Además, tienen otro hijo en el colegio.

Los gastos también afectaron a los padres de  Carlita Villafuerte, de 9 años. Ellos son de Pujilí (Cotopaxi). “Mis papitos me quieren mucho, nunca me han dejado  y cuando estoy malita están siempre conmigo...”. 

Hace seis meses tuvo una recaída y pasó  dos meses en el hospital de Latacunga. Carlita recuerda que en la escuela chupó dos helados y eso le elevó  la glucosa. Controlarla fue muy difícil. 

Desde allí, los padres solo le permiten las comidas ‘light’ que son recetadas por los médicos. Desde entonces no ha tenido problemas ni nuevas recaídas.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)