27 de January de 2010 00:00

‘Solo mi cuerpo teme a la muerte’

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Cultura

Sheyla Bravo siempre fue el mejor personaje de sí misma. Ataviada de invariable negro, con sus grandes sombreros y su  maquillaje, pululó por la vida cultural y literaria de la capital por más de 30 años.

Eventualmente aparecía algún breve poemario o algún furtivo libro de cuentos que acrecentaba su fama de poeta fascinada por un  erotismo  irreverente.

Sin embargo, también ha dejado correr su pluma  por terrenos como  el esoterismo.

Hoja de vida
Sheyla Bravo V.
Nació en Quito en 1953. Desde los 17 años se ha dedicado a la literatura.
Es coautora  y compiladora de la antología de poesía erótica femenina    ‘La voz del Eros’.
Ha sido miembro  de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores. Prepara la autobiografía ‘Yo, el mito, personaje con textos’.

De ella se sabía, o se decía, que siempre estaba escribiendo y que tenía una voluminosa obra poética inédita. El año pasado por fin se publicó esa obra con el sello editorial Manthra, de su hermana Leonor. Son seis   tomos que constituyen una especie de  revés poético de una vida intensa.  Ahora, reducida a su cama por una  artritis, cuenta los avatares que llevaron a esa publicación.

¿Por qué decidió  publicar recién  su poesía?

Es una historia larga. Siempre escribí. Cuando tenía 16 años me expulsaron del colegio y me salí de la casa. Unos amigos me publicaron un librito que se llamaba ‘Yo, mujer’ y que  me deparó una fama inusitada a los 17 años.

¿Desde allí  ha hecho usted una carrera profesional?

Nunca he tenido la idea de escribir profesionalmente. Yo soy autodidacta a mucho orgullo. Ni antes ni después de que me expulsaron estudié. Sin embargo, la poesía siempre fue para mí como una compañera o una hoja de ruta. Todos mis poemas son como pequeñas autobiografías.

¿Y cómo se ha llevado   con la técnica literaria?

No he tenido técnicas. He escrito como me ha salido. Me gusta  la poesía sencilla. Mis temas salen de mi propia vida y he escrito tanto sobre la muerte porque siempre la he tenido bien cerquita.

¿Por eso  va siempre de luto?

Tengo conciencia de que más que poeta he sido un personaje. Estoy escribiendo mis memorias, no si algún día termine...

¿No es un poco pronto?



La muerte conmigo siempre ha sido muy amorosa y  en varias
ocasiones  la he sentido  muy cerca. Uno nunca sabe cuándo es demasiado pronto. Tengo una naturaleza de personaje desde el nacimiento, no sé por qué.  Mi historia se ha tejido  con varias  anécdotas del mundillo cultural de Quito.

¿Como sus romances?

Juré que no me iba a casar y lo primero que hice fue casarme. Tuve maridos famosos,  Ramiro Jácome, Héctor Napolitano y así he tenido algunos (sonríe).

¿Cuántas páginas tendrá?

Tengo como 500 páginas escritas, a mano y a máquina, y no voy ni por la mitad. Tengo tantas cosas acumuladas...

¿Se siente cómoda con la etiqueta de poeta erótica?

Me encasillaron así y luego si llegaba  con un libro de poemas a Dios iba a quedar como una loca. Pero la verdad es  que  tengo un poemario para mis hijas, dos  dedicados a la búsqueda espiritual... El mismo erotismo es más amplio que el mero acto carnal, también es una actitud de vida, es una relación sensual con la realidad.

¿Le gusta ser su propio personaje?

Siempre me ha gustado ser un personaje. Uno de mis mayores pecados ha sido la vanidad (hace una pausa para que pase el  fotógrafo, maquillarse y contar que  ha pasado la noche en vela porque acaba de escribir un cuento que la atormentaba).

¿También escribe cuentos?

Ahora escribo solo eso. Creo que ya pasé la hoja en la poesía. Lo único que me faltaría es escribir épica y eso sí que no me sale.

¿Es una ruptura oficial?

Mi relación con la poesía ha sido vital. Quizá un poco como un drama, como una relación de amor, en la cual lloro, sufro, me enojo y ella igual.  La poesía también ha sido una tirana.

¿Con la publicación terminó esa tiranía?

Al fin  me decidí  a publicar  cuando me enfermé terriblemente en 2008. Creí que me iba a morir. Yo nunca me he sentido lista para publicar. Pero como pensé que era mi hora le di los textos a mi sobrino Jerónimo para empezar el trabajo de la edición.

¿Fue un presentimiento?

Sí, un poco también. A lo largo de los años hice amistad con el poeta Jorgenrique Adoum, de cuya hija  Rosángela yo fui compañera en el colegio. Él siempre me preguntaba que  cuándo iba a publicar y yo le decía que ya mismo y que ya mismo. Pero un día me cogió el presentimiento de que Jorgenrique se iba a morir y quise publicar para dárselos.

¿La muerte también es un poco autora de sus poemas?

Siempre he tenido una relación cercana con ella. A la muerte muchas veces la he visto  sentada aquí al borde  de mi cama. Lo digo en serio. La veo literalmente.

¿Y cómo es?

Creo que su imagen  es también un arquetipo cultural, entonces la veo como nos la dibujan.

¿Con capucha y guadaña?

No, sin guadaña.  Conmigo siempre ha sido muy amorosa y en momentos fundamentales de este cuerpo extrañamente conmocionado que ha sido  el mío ha estado muy cerca de mí.

¿Le tiene miedo?

Miedo, miedo no. Digamos que mi   cuerpo ha sentido miedo pero no mi conciencia.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)