29 de November de 2009 00:00

Meyer juega con el héroe romántico

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Redacción Siete Días

También es una buena mormona. En su iglesia deben estar orgullosos de la feligresa que puso  la virginidad de moda, combinando las dos fórmulas a la hora de producir literatura adolescente: explorar el despertar sexual y el conflicto de los dos enamorados que vienen de contextos familiares e históricos distintos.

Porque Edward Cullen y Bella Swan son Romeo y Julieta. Solo que en este caso no son sus familias las que riñen: lo que riñe es la naturaleza brutal  de los vampiros con la fragilidad de los humanos.

Con esa premisa, Meyer empieza ‘Luna Nueva’, el segundo libro de la saga de cuatro que comenzó con ‘Crepúsculo’. Si en aquel libro, al final Bella y Edward se quedaban juntos, tratando de conciliar sus vidas y naturalezas distintas, en ‘Luna Nueva’ Edward se convierte en un verdadero héroe romántico: abandona a su amada, muriendo de amor él mismo, a pesar de ella, en un intento por protegerla de los de su especie.

“Aturdida y desorientada, miré la brillante sangre roja que salía de mi brazo y después a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos...”, relata la protagonista -la voz que cuenta las cuatro historias de ‘Crepúsculo’- en la escena que define el fin de su romance.

Es en este libro que el personaje del vampiro de 117 años adquiere profundidad: es capaz de renunciar al amor en nombre del bienestar de su amada.

También va contento al sacrificio -cual Romeo- cuando cree que ella está muerta. Para evocar a la historia de Shakespeare, el intento de sacrificio de Cullen se ambienta en una ciudad italiana -casi  una Verona. 

El amor imposible no falla. Las adolescentes suspiran leyendo esa historia no consumada, los sacrificios en nombre del amor... Bella sufre, llora, se deja de alimentar (el peso de la protagonista, cotejado con su altura, raya en la anorexia), y empieza a embarcarse en situaciones arriesgadas, como para demostrar que su vida sin el vampiro ya no  vale nada. La resaca amorosa por la cual atraviesa Swan es solo posible en los años adolescentes.  Claro que no sale indemne de sus locuras: todo acto imprudente es castigado con una visita al hospital o con una decisión radical de su padre, Charly.

Pero en esta historia también se amplía algo que se insinuó en ‘Crepúsculo’. El mejor amigo de Bella, el quileute Jake Black, se atreve a confesarle su amor y también un grave secreto: en Forks los vampiros no son los únicos vecinos sobrenaturales.  En la tribu de los quileutes, los muchachos se convierten en lobos. La vieja historia del amigo enamorado y paciente también se lee aquí.

El compromiso para toda una vida y la espera paciente para consumar el amor físico solo después del matrimonio se instalan también en el relato.
‘Luna nueva’ es la vuelta al sentimiento adolescente. Este fin de semana, los cines se llenaron con el estreno de su versión cinematográfica. Pero todavía hay Bella y Edward para rato. Por lo menos para dos libros más.

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