7 de abril de 2016 07:44

Fabiola, una experta mexicana en desarmar potenciales feminicidas

El Observatorio Nacional de Feminicidios suma 600 asesinatos de mujeres en los últimos cuatro años en el Estado de México, la mayoría perpetrados en Ecatepec, de 1,6 millones de habitantes. Foto: Archivo AFP

El Observatorio Nacional de Feminicidios suma 600 asesinatos de mujeres en los últimos cuatro años en el Estado de México, la mayoría perpetrados en Ecatepec, de 1,6 millones de habitantes. Foto: Archivo AFP

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Agencia AFP

Fabiola Arteaga, una mexicana morena, esbelta y de no más de 1,65 m, tuerce el dedo que su musculoso agresor tiene en el gatillo de una pistola, se la arrebata, y le dispara justo en el corazón.

Aunque es una simulación, en su clase de defensa personal, desarmar a sus compañeros robustos que pesan mucho más que esta estudiante de enfermería de 24 años requiere mucha energía.

Está exhausta pero no se rinde, repite una y otra vez la práctica; necesita reflejos ágiles por si algún hombre quiere sumarla a la creciente lista de feminicidios de Ecatepec que ha obligado hasta niñas pequeñas a tener actividades que no harían si otra fuera su realidad.

La academia Xtreme Martial Arts es una de las varias que ahora ofrecen algún curso de autodefensa para mujeres en Ecatepec, colindante con la Ciudad de México, que se disputa con Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos, el primer lugar por número de asesinatos de mujeres.

El Observatorio Nacional de Feminicidios suma 600 asesinatos de mujeres en los últimos cuatro años en el Estado de México, la mayoría perpetrados en Ecatepec, de 1,6 millones de habitantes.

El deseo de “seguir viva” 

Cada semana son encontrados cadáveres de mujeres en cerros, en el río, con huellas de abusos, incineradas, otras aparecen con el rostro desfigurado.

“Son crímenes con una evidente carga de odio” contra la víctima por el simple hecho de su “rol sexual”, lo que permite calificarlos de feminicidios, considera la titular del Observatorio, María de la Luz Estrada.

Ante esa realidad algunas mujeres toman su seguridad por su cuenta, como Arteaga, que lleva cinco años entrenando tang soo do, un arte marcial coreano, en la academia ubicada en uno de los barrios pobres de Ecatepec que apenas tienen alumbrado público.

“¡Retroceder no sirve!”, grita el maestro Mario Ramírez a una adolescente de 15 años que recibe puñetazos y patadas de un joven de 23 años. “En Ecatepec no hay ley”, valora.

“¡Ellos nos saben que nosotros sabemos defendernos!”, vuelve a gritar Ramírez que les enseña a torcer el brazo de un hombre que intente detenerlas por detrás, a fracturarle la nariz con un golpe o a zafarse de un candado al cuello.

Fabiola Arteaga tiene claro que en su comunidad se sufre “violencia extrema. A las mujeres las violan y las matan”.

Aprende en la academia a “estar viviendo siempre prevenida, observando todo”, cuenta mientras sus ojos miran a uno y otro lado, como si se transportara a las calles por las que camina, en las que también fue asesinada una sobrina suya de 15 años.

Son casi idénticas las desgarradoras razones de las chicas para aprender a librarse también de ataques con cuchillo.

“Yo veía en mi escuela que se robaban niñas, entonces dije 'de alguna u otra forma me tengo que defender'”, expone Fabiola Zamora, la adolescente de 15 años cinta verde.

Pero cuanto más pequeñas, más estremecedoras suenan sus palabras. Kenya, con tan solo 9 años, sabe que corre el riesgo de ser “secuestrada, descuartizada”.

“Para que no me secuestren”, responde cuando se le pregunta por qué asiste desde hace un año a la academia, donde los entrenamientos distan mucho de ser la clase de ballet que podría estar tomando si su realidad fuera otra.

La pequeña observa desde una esquina la clase de adultos para desarmar agresores. Está absorta. Para ella es una nueva técnica que le puede servir para “seguir viva”, dice sin desviar la mirada del entrenamiento con pistolas que simulan el ruido de los disparos.

El 47% de las mujeres mayores de 15 años de México -de 120 millones de habitantes- ha sufrido algún tipo de violencia, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Policía “insuficiente” 

La Fiscalía de Feminicidios del Estado de México, ha abierto desde 2011 hasta la fecha 254 carpetas que investiga como probables feminicidios, y de esos casos solo 72 tienen sentencias condenatorias, expone su titular, Dilcia García.

El problema en Ecatepec es “demasiado” grande y son “insuficientes” los 5 000 policías que patrullan sus obscuras y solitarias calles.

El gobierno federal decretó la alerta de género en julio de 2015 para Ecatepec y otros 10 municipios del Estado de México con la intención de detener los feminicidios, pero eso no ha sucedido.

García dice que los recursos federales económicos por la alerta de género, que deberían ser para abrir centros de justicia exclusivos para mujeres, no han llegado al Estado de México.

Los crímenes contra mujeres siguen ocurriendo por una política de prevención fallida, prosigue García, y por eso considera que “está bien” que las chicas, de hasta 6 años, tengan preparación en defensa personal en la academia, aunque incluya para las mayores entrenamientos para desarmar y disparar. Muestra “madurez ciudadana”, considera.

En Ciudad Juárez las mujeres también han tomado medidas; una activista ofrece su camioneta como taxi gratuito en calles peligrosas, y algunas obreras se acompañan en el camino a las maquiladoras.

Manuel Amador, coordinador de la Red Feminicidios Estado de México, considera que “en Ecatepec, el machismo se convierte en criminalidad” ante la mirada de un gobierno al que “parecen no importarle las víctimas”.

Los feminicidios son “un problema gravísimo. Si Ciudad Juárez horrorizó al mundo, Ecatepec debe horrorizarnos a todos”, apunta a su vez Azucena Cisneros, presidenta de la organización Mestizas.

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