29 de noviembre de 2015 00:00

Metro: 36 meses con la cotidianidad alterada

El alcalde de Quito, Mauricio Rodas, firmó el contrato para la construcción de la segunda etapa del Metro. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

El alcalde de Quito, Mauricio Rodas, firmó el contrato para la construcción de la segunda etapa del Metro. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

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Redacción Quito

Con la firma de la segunda del Metro, el próximo paso es el inicio de los trabajos en los 23 kilómetros que tendrá este sistema. La experiencia de otros proyectos ejecutados en ciudades latinoamericanas deja una lección por aprender: la cotidianidad de la ciudad y de los ciudadanos cambiará.

La obra, de acuerdo con los anuncios oficiales, está prevista para 36 meses; se suman otros seis meses como período de prueba del funcionamiento.

En este tiempo, por etapas, los quiteños deben aprender a realizar sus actividades con la cotidianidad alterada. No queda de otra. La excavación del túnel y la construcción de las paradas demandarán de cierres de vías y de espacios en la superficie en la zona de influencia, así como cambios en los sentidos de circulación, en los accesos y salidas.

Los equipos, según la programación, laborarán 24 horas al día, todas las semanas.

Los efectos en los diversos sectores de la ciudad dependerán del punto del trazado en el que se encuentre. Aunque no es una información oficializada, se habla de tiempos de incidencia de cuatro, seis o 12 meses, según cómo avancen las obras. Este último caso, por ejemplo, pudiera ser el tramo correspondiente a la plaza de San Francisco, por todas las contemplaciones técnicas y patrimoniales que representa este sector y otros del Centro Histórico de Quito.

De lo que se conoce, durante el tiempo de los trabajos, buena parte de la plaza estará cerrada. La circulación por los tramos pertinentes de las calles Benalcázar, Sucre y Bolívar, principalmente, cambiarán. Otros sitios sensibles serán aquellos donde hay paradas. Los trabajos se ejecutarán desde dos frentes, en el sur y norte.

Esa ruptura del día a día obliga al diseño y ejecución de programas de acercamiento con las comunidades asentadas en los sectores de incidencia. Quienes operan, administran o construyen líneas de metro en Latinoamérica hacen hincapié en este capítulo. En la última reunión de la Asociación Latinoamericana de Metros y Subterráneos (Alamys), en Lima, a inicios de mes, varios asistentes hablaron del tema.

El chileno Roland Zamora, secretario general de la Asociación y funcionario del Metro de Santiago de Chile, recordó la necesidad de informar. La ciudadanía debe saber por cuánto tiempo tendrán incomodidades y de qué tipo serán. Mencionó que ahora se construye de otra manera, sin tener que “abrir calles completas. Hoy se perfora ciertos puntos y se desarrolla la construcción del túnel por kilómetros y arriba la gente poco se da cuenta.

En igual sentido se pronunció Mauricio Anderson, gerente de la Empresa Metro de Quito, al reconocer que es un tema sensible ya que son trabajos temporales que afectarán a los vecinos y a la gente que transita por esos lugares. Reconoce que se generarán problemas que tendrán sus soluciones, a través de acercamiento y comunicación con los ciudadanos.

Aún falta conocer el cronograma de la obra. Por ahora, el primer paso para los quiteños es asumir que, en pocas semanas, su cotidianidad cambiará.

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