25 de noviembre de 2015 00:00

Mauricio Macri es una incógnita para el bloque de la Unasur

Mauricio Macri no se ha pronunciado sobre la Unasur. Recurrirá a la cláusula democrática de Mercosur contra Venezuela. Foto: Juan Mabromata / AFP

Mauricio Macri no se ha pronunciado sobre la Unasur. Recurrirá a la cláusula democrática de Mercosur contra Venezuela. Foto: Juan Mabromata / AFP

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Santiago Estrella

Entre diciembre de este año y hasta por lo menos el 2019, habrá un día en que el presidente electo de Argentina, Mauricio Macri, deba venir a Ecuador a alguna cumbre de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur). Cuando lo haga, ingresará a un edificio llamado Néstor Kirchner y pasará junto a una estatua en su honor. La imagen puede ser decidora, porque el flamante mandatario se presentó como antagonista de los 12 años del régimen kirchnerista y de la izquierda en la región.

El arribo de Macri a la Casa Rosada ha sido visto como el ascenso de una nueva derecha en la región. Y se presume un eventual efecto dominó en otros comicios en la región, como las parlamentarias de Venezuela el 6 de diciembre.

El presidente electo de Argentina dio una alerta en el debate presidencial del 15 de noviembre. Le exigió a Daniel Scioli, su rival, que tenga una posición sobre Venezuela. En la rueda de prensa del lunes (23 de noviembre), un día después de haber ganado las elecciones, Macri sostuvo que recurrirá a la Cláusula Democrática del Mercosur, del cual es parte la administración Caracas, para que reciba una sanción. Se fundamenta en las supuestas violaciones a los derechos humanos, la persecución y prisión de líderes de oposición. Lilian Tintori, esposa del opositor a Maduro, Leopoldo López, estuvo en los festejos en el búnker de Macri.

Pero Macri no se ha pronunciado sobre la Unasur. Esta no tiene una cláusula democrática. Sin embargo, el filósofo argentino Ricardo Forster, miembro de ‘Carta Abierta’ (una agrupación de intelectuales favorable al kirchnerismo), teme el viraje de 180 grados y un apunte más al neoliberalismo del grupo de la Alianza del Pacífico, que integran Colombia, Perú, Chile (también está México, pero no es Unasur).

Sin embargo, los temores de un debilitamiento no tendrían sentido. “Entre los países no hay amistades, sino intereses y estos van más allá de las ideologías”, dice el analista internacional argentino Jorge Elías. Y lo explica con un ejemplo: a la cumbre de países árabes con la Unasur, en Riad el 10 de noviembre, solo fueron dos presidentes: Rafael Correa y Nicolás Maduro, porque ambos son los únicos países sudamericanos parte de la OPEP y sus economías están complicadas por el precio del crudo.

La llegada de un presidente de derecha preocupa a aquellos de izquierda que encuentran en este bloque un factor de soberanía regional. Algo parecido ocurrió cuando Sebatián Piñera ganaba la Presidencia de Chile. Sin embargo, él sorprendió a más de uno cuando estuvo entre los que más enérgicamente condenó el golpe de Estado de Honduras, el 28 de junio del 2009.

“Era una época diferente donde las grandes decisiones se tomaban en bloque con países con mucha presencia, como Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela”, dice Forster, pero aclara que mientras eso ocurría, Piñera construía también la Alianza del Pacífico. Además, Forster cree que hay un error de interpretación: los gobiernos socialistas de Chile nunca tuvieron muchas diferencias en términos macroeconómicos con el neoliberalismo que impera en ese país.

Ahora las crisis política y económica de varios países de la región pueden afectar al bloque que se fundó en el 2004 y que se constituyó en el 2008. Brasil, líder indiscutible de la región, ahora está abocado a defender a su presidenta, Dilma Rousseff, quien no tiene el mismo peso que Lula, su predecesor. Venezuela y Ecuador aún esperan que factores externos -el precio del petróleo- permitan su recuperación. Y el peso de Argentina está bastante debilitado, “sobre todo frente Colombia, que gana cada vez más espacio en el bloque”, dice el excanciller ecuatoriano Francisco Carrión.

Partícipe en principio de la idea de que es necesario que América del Sur tenga una representación regional, Carrión ve con mayor escepticismo su consolidación. No por la presencia de Macri. Al fin de cuentas, dice, si bien las declaraciones que hizo sobre Venezuela son llamativas, cuando ocupe la Casa Rosada deberá ver cuáles son los acuerdos que tienen ambos países. “Otra cosa es la gestión cuando se tiene que hacer cargo de gobernar. Además, Macri se presenta como un populista de derecha”, dice.

El politólogo argentino José Natanson escribe en Le Monde Diplomatique, sobre la complejidad de los gobiernos denominados progresistas de la región. Hay una nueva derecha, que es “democrática, posneoliberal e incluso está dispuesta a exhibir una novedosa cara social”. Y con él coincide Forster. “Ya no son la derecha cavernícola y golpista. Ahora, con matrices populares acceden por vía democrática al poder pero siguen siendo profundamente neoliberales”.

Para Elías, hay “un uso y un abuso de las etiquetas”. Y un reduccionismo: “como si aquello que se llama derecha fuera en contra el orden democrático; y aquello que se autocalifica de izquierda fuera a favor de la democracia, los derechos humanos y las libertades. Y eso no puede ser cierto”.

Lo que sí es ser cierto es que las políticas de un bloque no dependen de una doctrina en particular, sino de una necesidad regional. Y eso es más importante que la estatua de Kirchner.

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