29 de marzo del 2016 00:00

Dejar a un niño con un perro puede ser riesgoso

Fotografía de los exteriores del domicilio en donde murió el bebé de dos meses. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Fotografía de los exteriores del domicilio en donde murió eu bebé de dos meses. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Sara Ortiz
y Gabriela Castellanos. (I)

Entre sus brazos cargaba el cuerpo ensangrentado del niño. La madre, una adolescente de 15 años, llegó consternada a la Unidad de Policía Comunitaria del Barrio Colinas del Norte, en Quito. Eran las 02:00 del 26 de marzo y hasta ese momento los agentes de guardia no habían recibido ninguna llamada de emergencia.

Todo era calma hasta que apareció en la puerta del retén la adolescente y su bebé de dos meses, quien falleció ese día supuestamente tras el ataque de la mascota de la abuela, un perro de raza bóxer.

Dos días después, la familia aún prefiere no hablar sobre lo sucedido. Según el testimonio que dio la adolescente a la Policía, el bebé estaba acostado en una cama y se encontraba al cuidado de su prima, de siete años, cuanto todo pasó.

El perro habría ingresado al dormitorio y por alguna razón, que todavía se investiga, mordió al pequeño en la pierna izquierda, a la altura de la ingle. No dio más detalles.

Después de la presunta agresión, la adolescente caminó medio kilómetro hasta la UPC, pero cuando llegó el bebé ya había fallecido. Así consta en el parte policial en donde se detalla que el cadáver del menor fue trasladado al Hospital Pablo Arturo Suárez, en Cotocollao, en donde los médicos solo confirmaron la muerte.

En esa misma madrugada, personal de la Dirección de Delitos Contra la Vida acudió a la casa de la joven. Los agentes recogieron testimonios y también se llevaron al animal. Ahora se encuentra en el Centro de Adiestramiento Canino, mientras la Fiscalía ordena alguna diligencia con el animal.

El protocolo de autopsia realizado detalla que su muerte fue por una hemorragia aguda interna por los golpes que sufrió en la cabeza y el tórax, por lo que se supone que fue zarandeado por la mascota.

No deje solos a los niños con las mascotas

Un perro potencialmente peligroso tiene características físicas como su fuerza, resistencia al dolor o agresividad en ataque y defensa. La clasificación de estos canes no es la misma en todos los países ni incluye a las mismas razas. Sin embargo, hay algunos ejemplares que frecuentemente aparecen en estos listados.

El pitbull terrier americano, staffordshire bull terrier, rottweiler, dogo argentino, fila brasileño, akita inu, doberman, dogo de Burdeos, mastín napolitano, perro de presa canario, bull terrier y bóxer son algunos de los denominados perros potencialmente peligrosos.

Todos los perros necesitan ejercicio y disciplina para ser equilibrados. “Cualquier perro puede ser potencialmente peligroso si es maltratado o mal tenido”, asegura Christian Tenesaca, de Winsdog, una empresa de adiestramiento y rehabilitación canina. Un schnauzer, por ejemplo, puede atacar aunque no cause el mismo daño que un rottweiler.

En el caso de canes de gran tamaño y con una fuerza superior, hay además otra necesidad que no siempre se toma en cuenta. “Se necesitan dueños responsables”, asegura. Deben ser personas que conozcan la raza, sus necesidades y que tengan las condiciones de espacio y tiempo para mantenerlos.

Para el especialista en comportamiento canino, no hay razón para que este tipo de perros no se lleven bien con los niños. Todo dependerá de cómo ha sido educado y de si su dueño lo cría para ser tranquilo y sociable. Por esta razón, recomienda en primer lugar conocer la naturaleza del animal y ser padres responsables de los menores y no dejar solos a los niños con las mascotas, cualquiera que sea su tamaño.

“Cuando hay un bebé, que es pequeño y no representa una autoridad para el perro, él va a actuar bajo sus instintos”, agrega. El bebé, entonces, se convierte en una presa y por esto suceden los ataques. Para evitarlo, se recomienda socializar a la mascota antes de la llegada de un niño.

Se pueden utilizar muñecos que simulen los movimientos de un pequeño, ruidos y olores para que el animal se familiarice con el nuevo integrante. Así se podrán conocer las reacciones del can ante un niño.

Adiestradores, veterinarios y otros profesionales del comportamiento canino pueden ayudar en la orientación de los padres para evitar accidentes.

Otra recomendación es conocer el origen de los animales. Hay perros que han sido parte de peleas y necesitan rehabilitación por parte de un especialista antes de entrar en contacto con la gente.

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