8 de January de 2010 00:00

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Abelardo Pachano

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Lo que era de esperar pasó. No había alternativa para este desenlace. El Gobierno había creado las condiciones ideales para generar un conflicto y lo consiguió. Ahora nadie está de acuerdo. Lo cierto es que con lo hecho el Gobierno contradice además de su propuesta económica del salario digno, el nuevo modelo de desarrollo tantas veces promocionado de sustentar el crecimiento en las pequeñas empresas, los microempresarios y los artesanos.

Y es que la unificación del salario mínimo para todas las actividades, que aparece como un gran logro social, desnaturaliza la realidad económica de las distintas actividades al considerar que todas tienen la misma productividad, el mismo acceso a los mercados, los mismos niveles de eficiencia, el mismo capital, la misma rentabilidad, cuando la verdad elemental es otra muy distinta.

Cómo se puede asumir que es lo mismo una microempresa que una de tamaño mayor. Por decir algo, las productividades son muy distintas  y por eso los niveles salariales no eran los mismos. Pero ahora con la unificación, el aumento salarial para esas actividades de tamaño reducido es del 30por ciento que se convierte en un factor desestabilizante.  Por aquí empieza a visualizarse el daño que esto traerá en el empleo, que también tendrá su repercusión en las trabajadoras domésticas cuyo salario subió en el 20 por ciento.

¿En dónde queda el efecto redistributivo? Sin lugar a dudas en más desempleo y seguramente más subempleo porque la decisión perjudica la viabilidad de muchas actividades pequeñas que no pueden sostener la carga creada por esta forma de concebir el “equilibrio entre el trabajo y el capital” por parte del ejecutivo.

Esto es así porque contradice el principio básico de la OIT de establecer aumentos salariales sobre la base de “mantener un alto nivel de empleo” sabiendo que nadie puede de una manera responsable sostener que la productividad ha aumentado el 4por ciento en el último año, porcentaje que si no me equivoco ningún país del mundo lo consigue en un lapso tan corto. O decir que con la decisión se va a conseguir un 2 por ciento de mayor equidad cuando las empresas pequeñitas, los artesanos y muchos agricultores tendrán que despedir trabajadores para poder redimensionar el tamaño de sus unidades productivas.

A esto se suma la advertencia de que en este 2010 el Gobierno va a tomar más decisiones salariales, insistiendo en anticipar cosas que por su trascendencia ponen en una postura contractiva a la demanda de mano de obra.

El daño está hecho y la cosecha será agria. Usar a los salarios como arma política siempre ha destruido bienestar. La democracia nacional no ha madurado. Sigue jugando con él y por ello los indicadores de desempleo y subempleo no dan señales de mejoría.

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