3 de junio de 2014 23:34

Más atención al refugiado

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Dimitri Barreto P. Editor

Tienen menos de 11 años y ya portan en su memoria escenas de amenazas, guerra, muerte. Son víctimas del desmembramiento territorial y familiar; son refugiados.
En los últimos 14 años, cerca de 6 000 niños de Colombia han cruzado la frontera para solicitar refugio en Sucumbíos, al lado sur del amazónico Putumayo. Así lo reveló una cobertura de EL COMERCIO.
Ecuador es reconocido por su visión humanitaria en los foros internacionales, con especial énfasis por acoger a cerca de 60 000 refugiados, la mayoría de ellos del vecino país, que han huido de la violencia desde la ejecución del Plan Colombia, en el 2001.
Pero, casa adentro, hay una deuda de tres lustros. El trato cotidiano que en el país se ofrece a los refugiados no debiera hinchar el ego de nadie. Es simplemente inaceptable.
No solo porque a 3 de cada 4 cuatro niños solicitantes no se les ha concedido el refugio en Sucumbíos. Hay una deuda mayor: a los refugiados, en general, se los ha dejado a su suerte, estigmatizados.
Desde hace 14 años, cuando se levantaban campamentos de refugio cerca de Nueva Loja, por la inminente oleada de víctimas del recrudecimiento del enfrentamiento entre guerrilleros y paramilitares en el Putumayo, nadie se preocupa por formar ciudadanía.
El Estado cumple con la formalidad política pero no ha concienciado al país sobre quiénes son aquellos seres humanos; personas forzadas a huir de un conflicto armado, a reiniciar su vida de la nada, a conseguir trabajo para alimentar a su familia, a acudir a escuelas para educar a sus hijos, a buscar salud, a encontrar lugar entre episodios de hostigamiento que no son aislados.
Los organismos que trabajan con los refugiados tratan de brindarles cobijo. Sin acceso a trabajo estable, miles de extranjeros viven otra tragedia en Ecuador: condenados a elegir entre su vida y la xenofobia.
El 20 de junio será el Día Mundial de los Refugiados. Una fecha para empezar a trasladar el humanismo de nuestra diplomacia a la cotidianidad de la gente de carne y hueso.

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