11 de junio de 2017 00:00

Marco Naranjo: Las primeras decisiones definirán el giro económico

Entrevista a Marco Naranjo, catedrático de la Politécnica Nacional. Foto. Vicente Costales /EL COMERCIO

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Mónica Orozco

Entrevista a Marco Naranjo, catedrático de la Politécnica Nacional.

El Gobierno ha anunciado que apunta a un modelo menos estatista. ¿Hasta dónde se puede dar ese giro considerando que buena parte de las autoridades económicas son de la administración anterior?

Los anuncios de que se buscará una mayor participación del sector privado son positivos, especialmente porque existe escasez de recursos en el sector público. Cubrir la caja fiscal se ha vuelto un ejercicio angustioso, en especial porque una tercera o cuarta parte del presupuesto se destina exclusivamente al pago del servicio de deuda.

Pero, ¿hasta dónde podría cambiar el modelo?

Eso se va a plasmar en la medida en que el Gobierno genere expectativas positivas.

¿Como cuáles?

Es muy importante generar indicios claros sobre el sistema monetario. Las primeras aseveraciones del Ministro de Finanzas (Carlos de la Torre) de fortalecer la dolarización son muy positivas. Una señal clara es que el dinero electrónico pase a la banca privada, sería una muestra de que el Estado no ha pretendido ni pretenderá crear dinero inorgánico, y que tiene el compromiso de sostener el sistema.

¿Qué otras medidas evidenciarían un giro?

Una disminución de la carga tributaria. Por eso es positiva la eliminación de las salvaguardias. Desde la academia hemos demostrado en varios estudios que las salvaguardias solo tuvieron un efecto fiscal, pero generaron un menor crecimiento económico, desempleo y limitaron la inversión. Se debe reducir o eliminar el impuesto a la salida de divisas (ISD) y otras barreras al comercio.La lectura que hacen los ecuatorianos y los extranjeros que quieren invertir es que tienen que pagar 5% más y eso contrae sus perspectivas de retorno de capital.

¿Cómo se puede compensar el efecto fiscal por la eliminación de tributos?

Si bien se reducen ingresos -solo el ISD son USD 1 000 millones al año- se dinamizará la economía y se compensa por el aumento de la recaudación de otros tributos como el IVA.

El gasto público llegó a representar 44% del PIB. ¿Cuál debiera ser el peso del Estado dentro de un modelo menos estatista?

Se suele pensar que los Estados deben ser limitados, pero la discusión no debe ser cuán grande o pequeño es el Estado con relación al PIB, sino qué hace el Estado. Es decir, si el Estado promueve el desarrollo o si representa una carga para la economía. Si es una carga, evidentemente hay que reducirlo. El peso del Estado en Europa es importante, de entre un 40 y 50% dependiendo el país, pero no es una carga porque promueve oportunidades de inversión.

En el modelo que dejó la administración anterior, ¿el Estado era una carga?

En algunos aspectos la administración anterior dejó un proceso de promoción para la inversión, en especial, vías e hidroeléctricas, que hoy se pueden aprovechar. Pero en otros fue una verdadera carga.

¿En qué aspectos?

Por ejemplo, en la falta de focalización de subsidios a los combustibles. Hoy contamos con herramientas informáticas sencillas que permitirían eliminar esa carga y reasignar recursos hacia sectores que provoquen la promoción de la economía.

¿En qué otros aspectos el Estado es una carga?

En todas aquellas obras costosas y sin trascendencia económica como los aeropuertos de Santa Rosa y del Tena; algunas universidades como Yachay o la Regional Amazónica Ikiam o la de las Artes; la Refinería del Pacífico...

Ahora, con un gasto público rígido, ¿cómo se reduce el peso del Estado?

Yachay podría ser reasignada. Es un proyecto costoso y que bien puede ser desarrollado por las universidades que ya tenemos. Tal vez no hace falta la Refinería del Pacífico. Es necesario empezar a concesionar las vías y que el sector privado cobre peaje. Y, así, deslindar al Fisco de una carga onerosa, pesada y difícil de sostener en el tiempo.

¿Qué tan difícil es cambiar de modelo?

Es muy pronto decir que ya cambiamos de modelo. Muchos ministros están ahora enterándose bien de la realidad macroeconómica del país. Hay que esperar a conocer el nuevo presupuesto y el nuevo plan nacional de desarrollo.

¿Qué es lo más complicado para lograr el cambio?

Cambiar la mentalidad fiscalista de algunos ministros, que ven al Estado como el motor de la economía. El problema del Gobierno anterior -yo lo viví- es que al hablar con algunos ministros de cosas distintas, aunque fueran desde la academia, era como hablar en contra del proyecto político. Un cambio será posible en la medida que el Gobierno y los ministros estén comprometidos con el desarrollo del país y no con el poder. Esperamos se escuche a la academia.

¿Cuándo se podría evidenciar un cambio?

A mediano o largo plazo, pero dependerá de las acciones que se vayan tomando. Yo creo que los primeros pasos podrían y deberían darse a lo largo de este año; por ejemplo, empezar a reducir el ISD. Pero todo va a depender del peso que tenga el pasado en el Gobierno actual.

Hoja de Vida

Formación. PhD en Economía por la Universidad de Alcalá de Madrid. Cuenta con una maestría por la Universidad de Torcuato Di Tella y economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE).

Experiencia. Docente en la Politécnica Nacional y en la Facultad de Economía de la PUCE. Se ha desempeñado como director de Estudios del Banco Central, consultor para Naciones Unidas, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre otros.

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