4 de enero de 2016 11:12

Manta, en el mapa de los destinos preferidos por los venezolanos

El ambiente en el aeropuerto de Manta, tras el aterrizaje de uno de los vuelos que llegó desde Caracas en diciembre. Foto: El Comercio

El ambiente en el aeropuerto de Manta, tras el aterrizaje de uno de los vuelos que llegó desde Caracas en diciembre. Foto: El Comercio

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Redacción El Comercio (I)

Un ajetreo repentino de personas llamó la atención en la terminal civil del aeropuerto internacional Eloy Alfaro, de Manta, durante Navidad y Año Nuevo.

Amigos y familiares de venezolanos y migrantes ecuatorianos en Venezuela coparon los exteriores de la terminal.

El 22 de diciembre, por ejemplo, desde las 22:30, esperaron ansiosos uno de los vuelos que ahora se realizan para quienes llegan desde ese país.

El manabita Manuel Anchundia, junto a su madre, aguardó por una tía que migró a Venezuela hace 10 años. Entonces, ese país era atractivo, porque vivía un ‘boom’ petrolero y las rentas que generaban se traducían en empleos rentables. Ahora, con la crisis que enfrenta, Ecuador se ha convertido en el sueño de muchos venezolanos.

La familia de Anchundia vive en Los Bajos, en Montecristi. Antes, la tía arribaba por tierra por la falta de oferta aérea. En bus demoraba cuatro días desde Caracas.

Ahora, en cambio, vino en un vuelo chárter de la compañía venezolana Laser. La aeronave aterrizó con 150 pasajeros, de los que 95% era venezolano.

Laser vuela a Manta desde Caracas cuatro veces por semana, desde hace seis meses. Por eso ahora se ha hecho parte de la cotidianidad de la ciudad convivir con venezolanos.

Llegan cada semana unas 1 000 personas de ese país, según María Loor, de la oficina de Apoyo Migratorio de Manabí. No solo en Laser, sino de otras dos compañías aéreas: Avior y Acerca. Entre las tres realizan ocho vuelos por semana a Manta, afirma Loor.

Ya hay firmas que incluso se encargan de toda la logística de los visitantes. Sus trabajadores se confunden entre la multitud que espera a los pasajeros en la terminal. Se los conoce como ‘enganchadores’.

Ellos hacen contactos previos por Internet a través de portales web como www.quebarato.com.ec

Ahí les ofrecen varios servicios, durante su estadía en Manta. “Paisano venezolano, el precio que se maneja en Manta es de USD 15 por persona, pero si vienes más de 7 noches se te bajaría el costo a 12 por persona, habitaciones con baño privado, TV LED, aire acondicionado, wifi y ofrecemos servicio de traslado del aeropuerto al hostal; para el proceso de la tarjeta se cobra el 15% con pago inmediato, facturas legales y puntos legales de ecuatorianos….(no me dejen sus números) escríbanme directo a Whasaap”. Eso es lo que se lee en la página.

Se les recomienda llegar con pocas maletas; hablar lo necesario con el personal que los recibe y subir pronto a las furgonetas o taxis que se alquilan previamente.

A este grupo de visitantes, el alcalde de Manta, Jorge Zambrano Cedeño, los califica como turistas golondrina. “Aprovechan del diferencial cambiario que tiene su moneda frente al dólar y llegan acá a realizar el cambio de divisas para sacar su beneficio”.

El fenómeno ya se ha registrado en ciudades como Quito y Guayaquil, pero apenas desde el segundo semestre del 2015 se comenzó a notar el movimiento en Manta. Así, los venezolanos, además de hacer rentable su viaje, aprovechan para conocer Manabí.

Por lo general se hospedan en hostales ubicadas sobre la avenida Flavio Reyes, al sureste de la urbe. Son casas (más de 10) que en su mayoría fueron adecuadas para recibirlos, asegura Celia Higuera, presidenta de la Cámara de Turismo de Manta (CTM).
“Se trata de locales ilegales, porque no pagan impuestos”.

La mayoría de quienes están al frente de las hostales es venezolana. “No tienen visa de trabajo. Están en Manta entre tres y seis meses, ofrecen hospedaje desde USD 5 y dejan a los negocios instituidos con las reservaciones varadas”.

Una de estas hostales, a la que tuvo acceso este Diario, está cerca del edificio Platinum, donde funciona la parte administrativa de la Refinería del Pacífico (RDP), en la avenida Flavio Reyes.

Sus 11 habitaciones, según la administradora, están siempre ocupadas. “Nuestros paisanos vienen de turismo”, dice la mujer, quien reside en Manta desde hace 11 meses junto a su esposo, dos hijos y un sobrino. Ella alquila el hostal y se encarga la logística con los visitantes venezolanos.

Desde el 21 de diciembre se hospedaba en ese lugar María Serrano, quien también es venezolana. Viajó vía terrestre la noche del 22 de diciembre a Quito para visitar a un familiar.

Serrano cuenta que a cada venezolano que viaja a Ecuador el Gobierno le asigna un cupo de USD 1 500 para sus gastos personales, mientras dura su estadía. Es la cantidad de dólares que puede tener en el bolsillo, porque desde el 2003 rige un sistema de control que prohíbe la compra y venta libre de dólares en ese país.

Entonces, lo que hacen es llegar al país y simular adquisiciones de servicios y bienes con su tarjeta de crédito. Las transacciones son reales, pero las compras son ficticias.

Por cada transacción pagan una comisión que fluctúa entre 18 y 20%, y reciben dólares en efectivo. Luego de pocos días regresan a Venezuela y cambian los dólares en el mercado informal. De acuerdo con la información que ha levantado Higuera, para hacer ese proceso conocido como ‘raspado’ de tarjetas basta un computador personal, un módem para Internet un datafast.

Antes, denuncia, lo hacían los residentes de la localidad; ahora son los propios venezolanos que han llegado a Manta.
Byron Z., un taxista de Manta que tiene como clientes a venezolanos, dice que cada persona llega con entre 5 y 30 tarjetas de crédito para ‘raspar’.

Hace cuatro semanas, recuerda, una señora estaba en Manta con 20 tarjetas y no podía ‘raspar’; no tenía los contactos. Había pasado tres días y, desesperada, pidió ayuda y llegó alguien de Quito para auxiliarla y logró ‘raspar’ USD 30 000. Según una investigación que adelanta un agente de Aduanas, hay quienes llegan con USD 1 500 y cuando retornan lo hacen con hasta USD 10 000.

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