24 de January de 2010 00:00

¿Cómo manejar la agresión infantil?

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Su hijo ¿ha intentado herir de alguna manera a otro niño? ¿Un niño agresivo ha molestado a su hijo? Si la respuesta es afirmativa entonces puede pasar a formar parte de de un extenso grupo. La mayoría de padres lucha por encontrar la mejor manera de ayudar a los hijos cuando hieren a otros niños o cuando son heridos por otros pequeños. La primera vez que nuestros pequeños son maltratados es un verdadero shock pero, cuando son ellos los que muerden a otro niño el shock es incluso mayor. A continuación algunas sugerencias muy útiles para comprender y manejar la agresividad infantil desarrolladas por Patty Wipfler, educadora y fundadora del Instituto de liderazgo de los padres en California y autora de varios libros relacionados con la crianza de los niños. “Hay que saber que los niños no quieren atacar a otros, prefieren divertirse, sentirse seguros y amados, jugar cuando se sienten conectados. Pero cuando pierden su sentido de conexión, se vuelven tensos, asustados y se aislan. En esta ‘emergencia emocional’ pudieran atacar a otros niños. Su intensión no es mal pues los actos de agresión no están bajo su control”, señala la especialista.

Si el niño se siente seguro, demostrará cómo se siente

Cuando los chicos se sienten lo suficientemente seguros como para demostrar sus sentimientos no tienen deseo de herir a nadie. Sienten que existe un lazo de unión con sus padres o quienes les cuidan y hacia ellos corren cuando necesitan ayuda. Lloran y de esta manera desatan el nudo del temor y/o pena. El adulto que los escucha y permite que se desahoguen les brinda el inmenso obsequio del cariño y la comprensión que les permite intuir que aquello que está haciendo su vida difícil puede ser subsanado.

Si el niño  no se siente seguro, ciertas señales agresivas serán su llamado de auxilio

El niño que se siente inseguro, triste, asustado o abandonado no parece que lo estuviera cuando está listo a morder, empujar o pegar. Pero sus temores son en realidad el corazón del problema. El miedo le roba al niño su habilidad de sentir que los demás le importan. Su natural confianza se ve atacada por sentimientos de incomprensión, de falta de cariño. Los niños suelen sentirse aislados sin importar cuan amorosos y cercanos sean sus padres. Algunos chicos son agresivos y temerosos solo ocasionalmente, otros tienen  sentimientos de temor y desesperación que provienen de circunstancias que van más allá del control. Los niños pudieran adquirir temores debido a un parto difícil, tratamientos médicos, tensiones familiares,  infelicidad de quienes les rodean o por  ausencia de los seres amados. Cualquier momento de temor en el pasado del niño puede crear una tendencia hacia la agresión. Los padres  pueden ayudar al niño agresivo. La agresión infantil no se puede borrar  con razonamiento, recreos o estableciendo  consecuencias lógicas a su comportamiento. El nudo de sentimientos intensos en su interior no puede ser subsanado con premios o castigos. Los niños pierden el control cuando se sienten desconectados.

Para ayudar a poner fin a ese comportamiento agresivo es primordial acercarse al niño, ofrecerle una cálida conexión y escucharlo pues esto sana la herida. Si el niño ríe o llora o tiembla, perspira o pelea el adulto  debe proveer una conexión segura para que pueda dar rienda suelta a su temor. La lucha que enfrenta a través del llanto, el esfuerzo físico y hasta una agitada respiración son señales de alarma y  los adultos deben saber  cómo manejarlo.

Conozca a su hijo y a usted mismo

Pida a alguien que le escuche mientras habla acerca de la agresividad de su hijo. Un comportamiento difícil desata sentimientos de temor, rabia, culpa, congela la ternura y nos hace reacción en formas que pueden atemorizar a los adultos y mucho más a un niño. Hablar con alguien que sepa escucharnos sobre lo que sentimos nos prepara mejor para ayudar a nuestros hijos.

La preparación mental para la instancia de agresividad que puede venir es clave para aprender a mantener el control y hacer lo debido. Esta preparación incluye  mantenerse cerca del niño para  abrazarle  cuando se presenta la agresión, calmarlo y prevenir que termine halando el pelo de otro niño o clavando sus dientes en el brazo de su pequeño hermanito. Teniendo en cuenta de que el niño no tiene control sobre su comportamiento hay que estar cerca para evitar que hiera a alguien. Luego de parar la agresión hay que hablarles con voz cálida ofreciendo también contacto físico (tomar su mano). El niño necesita una señal de seguridad para demostrar sus sentimientos, decirle algo como “Sé que no te sientes bien y estoy aquí para ayudarte”.

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