16 de marzo de 2016 00:00

Manabí tiene cuatro sectores más vulnerables a los oleajes

En El Matal unas 70 familias viven en zonas de riesgo por la cercanía al mar. Está en marcha un plan de reubicación. Foto: EL COMERCIO

En El Matal unas 70 familias viven en zonas de riesgo por la cercanía al mar. Está en marcha un plan de reubicación. Foto: EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa
mespinosa@elcomercio.com (I)

En cuatro sectores de Manabí, los fuertes oleajes han ocasionado daños en las viviendas. Las más afectadas son las de madera, caña y de construcción mixta (cemento, zinc y madera).

En la parroquia rural de Portoviejo, Crucita, cerca de 10 casas han sufrido daños por el agua. En una de ellas vive la familia Saltos, quien se ha perjudicado en dos ocasiones por los oleajes. El último ocurrió la semana anterior.

Las fuertes olas arrasaron con un muro de protección y socavaron parte de su vivienda de construcción mixta. “Apenas sentimos el sonido de las olas salimos de la casa. Llevamos los artefactos para que no se dañen”, dijo Digna Saltos.

Un evento similar lo vivió en el 2014, cuando perdió su casa y debió construirla nuevamente, pero más alejada del mar. “Ahora nos volvió a pasar y si esta vez nos quedamos sin casa no tenemos a donde ir”.

Saltos cuenta además que las cabañas de faenado de pescado (extracción de las vísceras) también se dañaron con el último oleaje, por que estaban cerca de la orilla del mar.

En esos sitios, donde los pescadores desembarcan el pescado, trabajan alrededor de 5 000 personas. La mayoría son mujeres que representanel 25% de la población de Crucita.

Según Dídimo Delgado, vicepresidente de la comunidad Los Arenales de Crucita, en febrero de este año se cayeron ocho cabañas por los embates del mar. Y en este mes, también se destruyeron otras 10.

En esta parroquia los sectores más afectados son Los Arenales, Los Ranchos y Las Gilces. En este último sitio, La Prefectura de Manabí construye un muro de protección, que tiene un costo de USD 300 000.

La obra consta de la colocación de 7 400 metros cúbicos de piedra de escollera, en un espacio de línea costera de 350 metros de longitud.

Según el técnico de la Prefectura de Manabí, David Zambrano, también se recuperan 1 200 metros de muro de escollera que se perdieron en febrero por los aguajes.

Otro cantón que se afectó por los últimos oleajes fue Jama. En el sector turístico de El Matal, por ejemplo, se averiaron algunas viviendas de madera. Allí se han registrado olas de hasta 2 metros de altura, desde enero pasado.

A lo largo del malecón de El Matal, de cerca de 3 kilómetros, hay unas 70 viviendas consideradas en zona de riesgo por su cercanía con el mar.

Según Orfa Cabezas, funcionaria de la Secretaría de Gestión de Riesgos, el problema en ese sector se presenta porque muchas de estas construcciones se levantaron sin permisos, en un espacio que ya es parte de la playa. Por eso el mar las golpea con frecuencia.

Francisca Hernández reconoce que están en una zona no apta para vivir, pero asegura que por la pesca y el turismo ese es un sitio ideal. “Cuando el mar se pone bravo enseguida agarro mis cosas de valor y me voy al centro de Jama”.

Desde enero, Hernández tuvo que dejar su casa en tres ocasiones. Cada vez que retornaba a su vivienda de madera debía reconstruirla. “Uno se acostumbra a vivir así. Tal vez porque hasta ahora no nos ha pasado nada”.

La semana pasada, 20 familias, según las recomendaciones del COE cantonal, debieron evacuar de El Matal. Ante esta situación, el Municipio asegura que gestiona un plan de reubicación para unas 80 familias de este mismo sector.

El Cabildo cuenta con un terreno para este fin y espera que el levantamiento de las casas se cumpla con la ayuda del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda. Sin embargo, aún no hay fechas definidas para su construcción.

En el 2011, la Secretaría de Gestión de Riesgos emitió la resolución 005 que prohíbe la construcción de casas sobre la berma (pendiente) de la playa. Pero en Crucita, El Matal, Cojimíes (Pedernales) y en las periferias de Manta no se cumple del todo esta disposición.

En este último cantón, por ejemplo, unas 20 personas evacuaron de la comuna Las Piñas, en la zona rural de Manta. Allí, el agua del mar ingresó a cuatro viviendas de caña guadúa y madera.

Según la moradora Carolina Reyes, es la primera vez que el mar llega hasta su vivienda. “Tenemos casa de madera porque son fáciles y económicas de construir. El material lo conseguimos en la zona”.

Zambrano asegura que con los cambios climáticos que se dan a nivel mundial, las casas de madera ya no son recomendables para la zona costera a menos que sean construidas técnicamente. “La humedad socava las bases y la madera se corroe fácilmente, más en sectores cercanos al mar”.

En el sector de Piedra Larga, en Manta, el agua no ingresó a las viviendas debido a que un muro de protección detuvo el impacto. Pero hasta el malecón llegaron pedazos de piedras que se desprendieron del muro de protección.

Según Cabezas, se prevé que en abril culmine la etapa de aguajes y oleajes fuertes en el perfil costanero del país. Esperan también que los próximos eventos sean moderados.

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