17 de enero de 2018   00:00

Dos mamás piden inscribir a Satya y Arundel

Helen Bicknell (cabello corto) y Nicola Rothon miran a Arundel, segundo hijo, concebido con inseminación artificial. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

Helen Bicknell (cabello corto) y Nicola Rothon miran a Arundel, segundo hijo, concebido con inseminación artificial. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO

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Mariela Rosero
Coord. (I)

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Arundel -quien el 21 de diciembre cumplió 2 años- disfruta elevándose en el aire, sostenido entre los pies de una muchacha, recostada en un puente colgante de caña. En el juego infantil, que incluye resbaladera, sonríe, dice que eso es “funny” (divertido). “Flying, flying”, repite emocionado mientras parece volar.

Ya en el piso, Nicola Rothon le pide un beso y el niño, de cabello tan o más dorado como el trigo seco, se acerca y se lo da. “¡Good boy!”, responde ‘Nicky’ y le pide algo más: “un beso para mami Helen”. Y él complace a sus dos mamás.

Le observan y mientras lo hacen el tiempo parece avanzar lento en una parroquia rural de Pichincha, de clima muy cálido, cielo despejado y un paisaje embellecido con el Cayambe de fondo. No pierden ninguno de sus movimientos. Es la mirada de dos madres. Aunque solo Helen Bicknell es su mamá biológica, él está unido a las dos por un lazo más fuerte que el sanguíneo.

Helen Bicknell y Nicola Rothon madres de dos niños nacidos por tratamientos de  inseminación artificial esperan el la decisión de la justicia para poder inscribir a los niños con sus apellidos. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO


Arundel -que quiere decir valle donde vive el águila- y su hermana Satya -verdad- son hijos de la pareja de inglesas. Esperan que la Corte Constitucional de Ecuador les permita inscribirlos, con sus apellidos Bicknell y Rothon.


Su caso, cuya resolución está en la agenda de audiencias de este miércoles, 17 de enero del 2018, sentaría un precedente en el país, ya que es una pareja homoparental. Así lo dice José Luis Guerra, su abogado de la Defensoría del Pueblo. Han esperado mucho, el 27 de diciembre del 2011 acudieron al Registro Civil.

Tras negarles el pedido, se les aconsejó que Nicky registre a la niña como madre soltera, al ser su mamá biológica.

Pero no aceptan la opción de que Satya solo lleve el apellido de Nicky. Nació de la unión de hecho, que ella y Helen mantienen desde el 2010. Se conocieron en 1996, en Kenia. Otra alternativa que les dieron es que Helen adopte a Satya, lo que tampoco ven bien.

Las mujeres le piden al Estado reconocer que Satya es hija de ambas. En marzo del 2012, con auspicio de la Defensoría del Pueblo, interpusieron una acción de protección, que fue inadmitida dos meses más tarde por la Corte Provincial de Justicia. Luego, en apelación, se rechazó otra vez. Y el 10 de septiembre del 2012 se presentó la acción extraordinaria en contra de esa sentencia, en la Corte Constitucional. En junio del 2017 hubo la audiencia y hoy se espera el fallo final.

Al pedido para Satya se suma uno para Arundel, hijo biológico de Helen. Los dos fueron concebidos por inseminación artificial, con ayuda de amigos, y los alumbraron Nicole y Helen, respectivamente. Son hijos del hogar, que conformó la pareja en una zona rural.

“Conozco a varias personas de Ecuador que han crecido con su madre y su tía o con su madre y su abuela”, anota Helen, quien en marzo alcanzará a Nicky en edad: 40 años. Cita el caso de la partera que le ayudó a traer al mundo a su hija.

 “Mami help me”, dice la niña, también rubia, desde su casita de juegos, acomodada bajo matas de romero. Ambas voltean. No hay paredes, solo un vestido de princesa colgando como cortina, una cobija, dos osos de peluche y una muñeca (no nuevos). Habla en inglés con ellas; en español, con argentinos; y aprende francés con otros habitantes de la Comuna de Rhiannon, como llaman al terreno de 15 hectáreas.

En la Caracola, un espacio multiuso (para sesiones de sanación, yoga, baile y proyección de películas), que construyeron con el apoyo de voluntarios, Helen cuenta cómo es el día a día de sus hijos, criados por dos madres. No es tan extraño -afirma- crecer al cuidado de dos mujeres. Con un gesto serio recalca que no todo niño tiene padre y madre, que esa no es la realidad que ha visto en Inglaterra ni acá.

Nicky, de rastas largas, oye a su compañera. Y complementa su idea recordando que el mundo está cambiando en relación a la diversidad sexual. Y que Ecuador tiene dos alternativas: abrir la mente o ir como Uganda, Kenia y África, donde es delito ser homosexual y retroceder en cuanto a respeto a derechos humanos.

No importa -dice apasionada Helen- si tienes dos madres o dos padres o a una abuela. Lo que vale es que hagan que crezcas con amor, confianza, autoestima. “La mayoría de adultos que trae conflictos de la infancia creció sin eso”, reflexiona y pregunta: ¿por qué no hablamos de los padres borrachos o de las familias en donde se viola a los hijos?

En la comuna se usan paneles solares, se cosechan hortalizas (son vegetarianos) y lo que hace falta lo compran en la feria agroecológica La Esperanza. Allí ellas venden pan casero, que preparan en su horno de leña, también hacen pizzas.

Trabajan en áreas diferentes, unos en un banco de reciclaje, con basura no orgánica. Es parte de la permacultura, parte de los principios de Rhiannon, como una de las diosas de la mitología griega. Significa la fertilidad y fuerza de la mujer para superar las dificultades.

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